Salud y Bienestar

Vivimos de acuerdo a una cultura en la que resulta cada vez más importante adaptarnos y responder al estereotipo de individuo que cumple con las expectativas del entorno, aunque esto implique renunciar en todo o en parte a nuestra esencia. ¿Qué nos empuja a atender a todos los juicios y a todas las críticas sin importar de quiénes vienen? ¿Qué nos motiva a compararnos todo el tiempo con los demás de un modo peyorativo o soberbio?  ¿Qué es esa necesidad de ser aceptado/a siempre por todas las personas y en todos los ámbitos?

La mayoría de los profesionales adictos reconocen en casi todos los eventos un buen motivo para complementarlo con drogas (de hecho, les resulta imposible concebirlo de otra manera): el festejo por una buena negociación, el cierre de exitoso de un caso, el contacto con nuevos clientes, todo merece festejos -alcohol sin límites-; y digo sin límites porque cuando la cantidad ingerida de alcohol alerta un posible estado de ebriedad, recurren a la cocaína para neutralizar (bajar el efecto/disimular), pues “ella” hará lo suyo y todo podrá volver a comenzar derribando todos los límites coherentes de cualquier celebración.

¿Por qué con los demás somos capaces de medirnos, de mantenernos en un “justo equilibrio” y con nosotros somos tan ilógicamente incoherentes? Tratarnos bien, significa ser tolerantes, comprensivos y complacientes en justa medida con nosotros mismos; sin embargo, a veces parece ser un desafío, sobre todo cuando la óptica con la que medimos nuestros aciertos y nuestros errores está abismalmente alejada de la mirada con la que medimos a los demás. Tratarnos bien, ser amables y comprensivos con nosotros mismos es una actitud que podemos cultivar.

Deja de vivir en piloto automático. Aprende a estar presente y fluir. Estamos en todo. Atendemos una llamada, mientras chequeamos el correo, navegamos por las...

Cuando el alcohol hace tu vida ingobernable. Con un consumo social y moderado los principales efectos son la sensación de relajación, de liberación y aumento de confianza en uno mismo, locuacidad, disminución de la atención y euforia. Conforme se va aumentando la cantidad, todos estos síntomas se acentúan negativamente, deviniendo en comportamientos errantes como incongruencia en el habla, falta de coordinación en los movimientos, pérdida del equilibrio, de reflejos, e incluso del conocimiento, etc. Todo deja de ser divertido cuando se transforma en exceso.

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