Crecimiento Personal

Pasamos mucho tiempo de nuestra vida creando máscaras y mucho más intentando quitarlas para descubrir cómo somos realmente bajo ellas y reencontrarnos con nuestro interior, con todo lo que tiene de maravilloso y también de imperfecto.

Reuniones, proyectos, decisiones, presupuestos, almuerzos, visitas, llamadas entrantes, salientes, llamadas que quedan en eterna espera, correos, mensajes, horarios y más horarios. Así transcurre, con más o menos vertiginosidad, la vida directiva...

Vivimos de acuerdo a una cultura en la que resulta cada vez más importante adaptarnos y responder al estereotipo de individuo que cumple con las expectativas del entorno, aunque esto implique renunciar en todo o en parte a nuestra esencia. ¿Qué nos empuja a atender a todos los juicios y a todas las críticas sin importar de quiénes vienen? ¿Qué nos motiva a compararnos todo el tiempo con los demás de un modo peyorativo o soberbio?  ¿Qué es esa necesidad de ser aceptado/a siempre por todas las personas y en todos los ámbitos?

¿Ya lo has probado todo? ¿Has intentando recortar gastos un poco por aquí y un poco por allí? ¿Has reducido al mínimo las salidas y los pequeños gustos? ¿Acabas previendo ahorrar lo que al final de mes, una vez más y como siempre, se ha ido y no tienes claro ni en qué ni en para qué? Nadie te pide que te conviertas en un experto en economía, ni en un matemático, ni en un contable; simplemente se trata de aprender e incorporar algunos pequeños tips que, convertidos en hábito, pueden hacer más inteligente tu relación con el dinero.

Entrena mentes ganadoras. ¿Crees que la diferencia entre ganar o perder sólo está sujeta a quién/es cuenten con las mejores aptitudes físicas y habilidades técnicas?...

La mayoría de los profesionales adictos reconocen en casi todos los eventos un buen motivo para complementarlo con drogas (de hecho, les resulta imposible concebirlo de otra manera): el festejo por una buena negociación, el cierre de exitoso de un caso, el contacto con nuevos clientes, todo merece festejos -alcohol sin límites-; y digo sin límites porque cuando la cantidad ingerida de alcohol alerta un posible estado de ebriedad, recurren a la cocaína para neutralizar (bajar el efecto/disimular), pues “ella” hará lo suyo y todo podrá volver a comenzar derribando todos los límites coherentes de cualquier celebración.

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