Crecimiento Personal

La formación profesional de un coach supone como premisa un profundo proceso de crecimiento personal. Luego, cada uno podrá volcar lo aprendido en el mismo ejercicio del coaching o en cualquier campo profesional en el que se desarrolle (educación, salud, psicoterapia, consultoría, etc).

Para alcanzar una vida plena y satisfactoria, además de volver virtuosas nuestras experiencias para cubrir las necesidades del ego, necesitamos ocuparnos de cubrir también las necesidades del Ser: crecimiento y contribución.

Esta formación permite a las personas el aprendizaje de las bases del Shiatsu Namikoshi y Tuina; los fundamentos de la MTC, distintos aspectos de la anatomía del aparato locomotor y el conocimiento de las competencias necesarias para saber diseñar el plan y los objetivos terapéuticos según la evolución del paciente. En el último año, se aborda el tratamiento de enfermedades complejas y se llevan adelante prácticas con pacientes reales.

Mantener una relación de pareja, más allá del amor que nos une a la persona elegida, supone encontrar un equilibrio afectivo y emocional que favorezca un crecimiento mutuo. Sin embargo, aunque pretendamos ser felices con la persona elegida, este equilibrio, propio a cada pareja, a menudo genera sufrimiento. A veces nos sentimos atrapados en lo que creemos que debemos hacer para mantener la relación, hasta perder de vista lo que somos realmente.

Culturalmente parecemos impregnados por el decreto de Descartes "Pienso luego existo". Aunque de vez en cuando, sólo de vez en cuando, escuchamos que algún osado nos sugiere “seguir a nuestro corazón”. Esta separación binaria y desnaturalizada a la que sometemos nuestras decisiones no suena ni muy justa ni muy equilibrada, básicamente porque no somos ni una mente, ni un cuerpo, ni un manojo de emociones; somos todo eso junto.

Las emociones visten cada aspecto de nuestras vidas y de nuestra cotidianidad. Sobre todo en nuestro rol de padres, muchas veces nos vemos en situaciones con los niños en las que resulta fácil perder la calma. Por ello, saber cómo reconocerlas y gestionarlas, además de ayudarnos a evitar sentimientos de frustración o culpabilidad, nos permite desarrollar vínculos más saludables con nuestros hijos.

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