Crecimiento Personal

Cada familia tiene una historia, unos hechos que sucedieron y que hicieron que se creara un sistema de creencias, de leyes, de obligaciones implícitas. Todo ello se reproduce en forma de contratos familiares. De esta forma, intuimos que no ser leales a ellos supondrá no ser queridos y, posiblemente, ser expulsados del clan. Ahora bien, ¿qué sentido tiene esa lealtad si nos mantiene atados a un guión ajeno y nos impide ser felices?

Richard Bandler, uno de los cofundadores de la Programación Neurolingüística (PNL), afirma: “Tus creencias no están hechas de realidades; es tu realidad la que está hecha de tus creencias”. Dicho en otras palabras, cada uno de nosotros ve las cosas de manera diferente, aunque nadie puede asegurar que observa la realidad de forma objetiva. Todos -sin excepción-, aplicamos interpretaciones subjetivas de lo que ocurre. Es decir, nuestra experiencia del mundo está creada por la información que vamos almacenando consciente o inconscientemente, por nuestras experiencias, por la educación recibida y por la cultura.

La atención dirigida, el autocontrol y la autoregulación nos permiten revisar nuestros juicios e interpretaciones, gestionar nuestras reacciones y conductas, mantenernos flexibles frente a la incertidumbre laboral o, incluso, frente al duelo por la pérdida de una relación o el miedo a estar solos. “El movimiento es de dentro hacia fuera; es hacer para Ser; es un pulso vital sencillo; es el fluir del Ser en relación con la vida. Tu postura es el reflejo de tu movimiento por la vida”.

La Escuela de Psicología Transpersonal-Integral (EPTI) han diseñado una serie de talleres de Danza Primal, a través de los cuales nos invitan a una vivencia pura, original y sin filtro desde el minuto uno. Una vivencia corporal, emocional y energética que nos muestra nuestra identidad, nos libera del ruido y de nuestra agitación interior y nos permite sentirnos en unidad con el universo. "La danza primal es celebración, júbilo, encuentro, magia y calidez humana, porque es un retorno a casa, a la Fuente, al origen de todo lo que existe. Sólo así podemos sanarnos, renovarnos y renacer...".

No voy a hablar de estadísticas. Todas ellas están a disposición y no es donde quiero poner el acento en este artículo. Tampoco voy a hablar de techo de cristal; una metáfora que se ha repetido hasta el cansancio y que aunque tiene su valor simbólico, nos detiene a reflexionar siempre en el mismo bucle. Queremos ir un paso más allá. Sabiendo nuestra historia, aunque poniendo especial acento en cómo empoderarnos; en cómo hacernos responsables en lo individual más que en lo colectivo, y en el sello personal más que en la expectativa del género.

Estos juegos a los que nos referimos están en las antípodas del sentido lúdico del término. Por el contrario, estos juegos suponen una dinámica inconsciente en las relaciones personales que se repite sistemáticamente y en la que todos pierden. Eric Berne, fundador del Análisis Transaccional explicó los juegos psicológicos como una forma de comunicación disfuncional utilizada para cubrir necesidades de atención, reconocimiento y afecto hacia la propia persona, aunque siempre de forma negativa. Efectivamente, las personas no se dan cuenta de su mecanismo cuando se relacionan ni de cuánto colaboran para la repetición cíclica de estas situaciones.

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