Gestión del Cambio

¿Cuántas veces he tratado de alcanzar un sueño, lograr un objetivo o hacer algo, y no lo he conseguido? Es posible que con una cierta distancia temporal y emocional, descubra que muchos de mis “fracasos” se debieron a mi personal manera de actuar. Pero en aquellos precisos momentos, no me di cuenta de que me estaba auto saboteando. Pocas personas saben que lo padecen. ¿Qué me autosabotea? ¿Qué hacer? Cómo hacer?

“Vivir una vida con significado, es hacer lo que nos apasiona, es sentir que eso a lo que nos dedicamos aporta un valor único a nuestra sociedad y al mundo”. Y es en este sentido que esta metodología que lleva el nombre de su creador, John Demartini, nos permite tomar consciencia de aquellas percepciones desequilibradas que tenemos sobre la realidad y, a partir de allí, ser capaces de restablecer el equilibrio.

¿Es lo mismo levantarnos que despertarnos? Claro que no. El primero podríamos reducirlo a un mero acto físico; despertarnos pareciera ser bastante más que eso. En nuestra vida todos tenemos ocupaciones y preocupaciones. La pregunta es: ¿cómo nos posicionamos; cuál es nuestro rol frente a ellas? El hecho es que preocuparse no sirve para nada. Por ello, como nos sugiere Curro, lo más lógico es ampliar nuestro círculo de influencia para ocuparnos, que es lo que realmente cambia el enfoque y el resultado.

La formación profesional de un coach supone como premisa un profundo proceso de crecimiento personal. Luego, cada uno podrá volcar lo aprendido en el mismo ejercicio del coaching o en cualquier campo profesional en el que se desarrolle (educación, salud, psicoterapia, consultoría, etc).

Para alcanzar una vida plena y satisfactoria, además de volver virtuosas nuestras experiencias para cubrir las necesidades del ego, necesitamos ocuparnos de cubrir también las necesidades del Ser: crecimiento y contribución.

Las emociones visten cada aspecto de nuestras vidas y de nuestra cotidianidad. Sobre todo en nuestro rol de padres, muchas veces nos vemos en situaciones con los niños en las que resulta fácil perder la calma. Por ello, saber cómo reconocerlas y gestionarlas, además de ayudarnos a evitar sentimientos de frustración o culpabilidad, nos permite desarrollar vínculos más saludables con nuestros hijos.

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