Constelaciones Familiares

A veces estamos dispuestos a hacer de todo por nuestros hijos menos dejarles ser ellos mismos. Lo mejor que puedes hacer por tus hijos, no es enseñarles tus riquezas, sino hacerles ver las suyas propias”. De esta forma, debemos darles el espacio y las herramientas para que ellos mismos diseñen su propio camino. ¿Cómo? Enseñándoles a creer en sí mismos, a conectar con su potencial, a ser responsables, a ponerse metas y objetivos y a superar adversidades.

Cuanto más llenamos el inconsciente de todas esas memorias para autoprotegernos inicialmente, más bombas de efecto retardado acumulamos y más sufrimiento nos genera a lo largo del tiempo.

¿Cuántas veces te has propuesto desafíos que has dejado por la mitad o has abandonado antes de empezar? Aquella dieta, buscar un trabajo mejor, hacer un viaje, tener hijos, retomar la carrera, dejar de fumar, reencontrarte con los viejos amigos, etc. Incluso tal vez lo hagas todo, pero sientas que nada te llena realmente. Es cierto que los proyectos no son todos iguales y que unos requieren mayor dedicación, empeño y voluntad que otros, pero todos esos abandonos cuentan con el denominador común de la insatisfacción. ¿Por qué si sabemos lo que queremos, si tenemos sueños y sed de cambio no somos capaces de concretarlo?

Si repasamos un poco, estos modos de expresión de la personalidad o estados del Yo se resumen en Padre, Adulto y Niño. Esto significa que durante un periodo de tiempo, podemos sentir, creer y actuar según éstos 3 modos: es decir, primero como alguien muy influyente en nuestra infancia: Padre; segundo como alguien en coherencia con su contexto: Adulto; y tercero como alguien impulsivo y espontáneo: Niño. Desde estas perspectivas, establecemos todas y cada una de nuestras relaciones.

Todos seguimos en nuestra vida un guión secreto, un libreto y cada uno de nosotros lo construye a partir de mandatos (mensajes restrictivos o peligrosos, no verbales) o permisos (mensajes positivos, verbales y no verbales), recibidos inconscientemente antes de aprender a hablar. Ahora bien, esto no significa que todo está escrito y que no hay nada que podamos hacer para intervenir y modificarlo. El guión no es determinante.

Reconocernos para construir los resultados que deseamos..¿cómo? Una estupenda herramienta para este proceso es el análisis transaccional porque nos permite reconocer nuestros tres estados del yo: Padre, Adulto y Niño. Estos estados de la mente son conductas asociadas a pensamientos y estados de ánimo, que reproducen datos registrados en el pasado.