Constelaciones Familiares

¿Qué tienen que ver las relaciones con la salud? ¿Acaso hay relaciones que sanan y otras que enferman? ¿Cómo reconocer las relaciones que nos hacen daño? ¿Es posible y está en nuestras manos “sanar” relaciones tóxicas o enfermas? Todos nosotros hemos nacido frágiles e indefensos y hemos sobrevivido gracias a las relaciones con quienes nos han cuidado, nos han protegido, nos han alimentado y nos han ayudado a crecer en un entorno de seguridad. Sin relaciones, nos moriríamos. Ahora bien, mientras en algunas de ellas aprendemos, progresamos, disfrutamos y somos felices, en otras nos falta el aire y sentimos que nos enferman. ¿Podemos evitarlas?

Cuando las relaciones de pareja entran en dificultades, se convierten en un poderoso imán que acapara y absorbe gran parte de las energías de ambos. El dolor por lo que les ocurre los obnubila y les imposibilita ver e ir más allá. Pero las relaciones difíciles son sólo el síntoma y no la causa.

Es cierto que no hay manuales, ni instructivos universales para ser los mejores padres y/o madres; simplemente, porque cada niño, cada padre y cada madre son únicos y, por ende, también lo es la relación que surja entre ellos. Está claro que la mayoría de los padres deseamos lo mejor para nuestros pequeños, pero a veces es tanta la responsabilidad y la voluntad de querer hacerlo bien, que nos olvidamos de gozar del gran regalo que significa vivir esta experiencia.

Cuanto más llenamos el inconsciente de todas esas memorias para autoprotegernos inicialmente, más bombas de efecto retardado acumulamos y más sufrimiento nos genera a lo largo del tiempo.

¿Cuántas veces te has propuesto desafíos que has dejado por la mitad o has abandonado antes de empezar? Aquella dieta, buscar un trabajo mejor, hacer un viaje, tener hijos, retomar la carrera, dejar de fumar, reencontrarte con los viejos amigos, etc. Incluso tal vez lo hagas todo, pero sientas que nada te llena realmente. Es cierto que los proyectos no son todos iguales y que unos requieren mayor dedicación, empeño y voluntad que otros, pero todos esos abandonos cuentan con el denominador común de la insatisfacción. ¿Por qué si sabemos lo que queremos, si tenemos sueños y sed de cambio no somos capaces de concretarlo?

Si repasamos un poco, estos modos de expresión de la personalidad o estados del Yo se resumen en Padre, Adulto y Niño. Esto significa que durante un periodo de tiempo, podemos sentir, creer y actuar según éstos 3 modos: es decir, primero como alguien muy influyente en nuestra infancia: Padre; segundo como alguien en coherencia con su contexto: Adulto; y tercero como alguien impulsivo y espontáneo: Niño. Desde estas perspectivas, establecemos todas y cada una de nuestras relaciones.

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