Adicciones

La marihuana, también conocida por sus siglas, THC; y también las voces populares como hachís, hash, maría, peta, porro, canuto, hierba, chocolate y otros. A pesar de ser ilegal, en el mundo su consumo se incrementó en el último año hasta llegar a 162 millones de personas, casi el cuarto por ciento de la población total y tres veces más que el conjunto de todas las otras sustancias con riesgo de causar adicción. Y me pregunto entonces ¿qué la hace tan popular entre los jóvenes y los no tan jóvenes? ¿Por qué muchos minimizan sus efectos y la consumen restándole importancia a las consecuencias?

La mayoría de los profesionales adictos reconocen en casi todos los eventos un buen motivo para complementarlo con drogas (de hecho, les resulta imposible concebirlo de otra manera): el festejo por una buena negociación, el cierre de exitoso de un caso, el contacto con nuevos clientes, todo merece festejos -alcohol sin límites-; y digo sin límites porque cuando la cantidad ingerida de alcohol alerta un posible estado de ebriedad, recurren a la cocaína para neutralizar (bajar el efecto/disimular), pues “ella” hará lo suyo y todo podrá volver a comenzar derribando todos los límites coherentes de cualquier celebración.

Cuando el alcohol hace tu vida ingobernable. Con un consumo social y moderado los principales efectos son la sensación de relajación, de liberación y aumento de confianza en uno mismo, locuacidad, disminución de la atención y euforia. Conforme se va aumentando la cantidad, todos estos síntomas se acentúan negativamente, deviniendo en comportamientos errantes como incongruencia en el habla, falta de coordinación en los movimientos, pérdida del equilibrio, de reflejos, e incluso del conocimiento, etc. Todo deja de ser divertido cuando se transforma en exceso.

El consumo de drogas es una de las problemáticas sociales que, lamentablemente, crece cada vez más y se riega en todos los ámbitos en la vida de las personas. El mundo de la empresa no es una excepción; directivos, líderes y empleados están sometidos a exigencias constantes en materia de rendimiento y productividad. Estar a la altura o superar los estándares tiene, para algunos, un coste muy alto.