Crecimiento Personal

El dolor, sobre todo el dolor crónico, continua siendo uno de los mayores desafíos para la medicina moderna. Todos padecemos dolor físico y/o emocional en uno u otro momento de nuestra vida, y aunque solemos “demonizarlo”, es la única manera que tiene nuestro cuerpo de avisarnos sobre un problema serio y de protegerse de daños mayores.

Mantener una relación de pareja, más allá del amor que nos une a la persona elegida, supone encontrar un equilibrio afectivo y emocional que favorezca un crecimiento mutuo. Sin embargo, aunque pretendamos ser felices con la persona elegida, este equilibrio, propio a cada pareja, a menudo genera sufrimiento. A veces nos sentimos atrapados en lo que creemos que debemos hacer para mantener la relación, hasta perder de vista lo que somos realmente.

Culturalmente parecemos impregnados por el decreto de Descartes "Pienso luego existo". Aunque de vez en cuando, sólo de vez en cuando, escuchamos que algún osado nos sugiere “seguir a nuestro corazón”. Esta separación binaria y desnaturalizada a la que sometemos nuestras decisiones no suena ni muy justa ni muy equilibrada, básicamente porque no somos ni una mente, ni un cuerpo, ni un manojo de emociones; somos todo eso junto.

Las emociones visten cada aspecto de nuestras vidas y de nuestra cotidianidad. Sobre todo en nuestro rol de padres, muchas veces nos vemos en situaciones con los niños en las que resulta fácil perder la calma. Por ello, saber cómo reconocerlas y gestionarlas, además de ayudarnos a evitar sentimientos de frustración o culpabilidad, nos permite desarrollar vínculos más saludables con nuestros hijos.

La ludopatía o juego patológico es considerado un problema psicológico, una adicción conductual que afecta todos los aspectos de la vida. La persona percibe que tiene todo bajo control, pero le resulta imposible aplazar el impulso o deseo por el juego. El ludópata siempre interpreta señales para jugar; números, fechas, sueños, todo puede el medio para conseguir ese ansiado triunfo.

Encontrar nuestro propósito interior y vivir de acuerdo a él es la base para cumplir con nuestro propósito exterior -y no al revés-. Efectivamente, cada uno de nosotros tenemos nuestro propio mapa mental acerca de cómo debemos vivir la vida, producto de nuestros pensamientos, percepción y patrones de creencias que hemos asumido como propias.

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