Rendimiento Empresarial

Al día de hoy, gracias al concepto de neuroplasticidad, sabemos que el cerebro humano es extraordinariamente plástico, que puede adaptar su actividad y cambiar su estructura de forma significativa a lo largo de toda la vida. La experiencia, el aprendizaje modifica nuestro cerebro continuamente, fortaleciendo las conexiones neuronales que ya existen y/o creando otras nuevas. Siguiendo esta lógica, cuanto mayor impacto pueda tener una experiencia en el cerebro, más estable, más sostenible y más rápido será el aprendizaje.

¿Hemos minimizado la importancia del buen clima interno dentro de la empresa? ¿Nos hemos acostumbrado a naturalizar los ambientes adversos en el trabajo? ¿Nos hemos habituado a reaccionar cuando todo se vuelve un caos, aunque el coste de gestionar ese caos demande el doble de tiempo, esfuerzo y dinero? No todas las acciones para mejorar el clima interno y el bienestar son iguales, ni tienen el mismo alcance e impacto. Peter Drucker, referente del management por excelencia, afirmaba: “El 60% de los problemas empresariales son consecuencia de una mala comunicación”.

¿Es lo mismo levantarnos que despertarnos? Claro que no. El primero podríamos reducirlo a un mero acto físico; despertarnos pareciera ser bastante más que eso. En nuestra vida todos tenemos ocupaciones y preocupaciones. La pregunta es: ¿cómo nos posicionamos; cuál es nuestro rol frente a ellas? El hecho es que preocuparse no sirve para nada. Por ello, como nos sugiere Curro, lo más lógico es ampliar nuestro círculo de influencia para ocuparnos, que es lo que realmente cambia el enfoque y el resultado.

Estamos evolucionando colectivamente hacia niveles más complejos de desarrollo, aunque muy probablemente no al ritmo que la complejidad de nuestro mundo requiere. Necesitamos transformar la educación, las empresas, las finanzas, la política, la sanidad, la sociedad, así como otros ámbitos, y parece que actualmente sólo el 9% de los líderes tienen la capacidad de liderar efectivamente todas estas transformaciones.

Son nativos digitales, abiertos, curiosos, dinámicos, flexibles, inquietos, multitarea y “rebeldes”. En tal sentido, promueven horarios y ambientes de trabajo amenos y cómodos; se vinculan más y mejor con las personas y generan más motivación en los otros; valoran el hecho de sentirse felices en el trabajo, y se sienten comprometidos cuando son parte de proyectos y empresas con conciencia social y ecológica.

La formación profesional de un coach supone como premisa un profundo proceso de crecimiento personal. Luego, cada uno podrá volcar lo aprendido en el mismo ejercicio del coaching o en cualquier campo profesional en el que se desarrolle (educación, salud, psicoterapia, consultoría, etc).

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