Rendimiento Empresarial

Es posible que muchas veces, como pequeños comerciantes o autónomos, lleguemos a pensar que no podemos aspirar a crecer más, que ya hemos llegado al techo de clientes o que un negocio como el nuestro se ha expandido ya todo lo que podía expandirse. También es posible que consideremos que un paso más -si es un paso en falso- podría tirar por la borda el esfuerzo de mucho tiempo y entonces, ¿para qué arriesgar? No obstante, Robert Kiyosaki, el gurú mundial de los negocios, señala en este sentido:“Cuando llegas a los límites de lo que conoces, es momento de cometer algunos errores”.

¿Cuántos trabajadores se sienten insatisfechos hoy en sus puestos de trabajo? ¿Cuánta gente trabaja sin motivación real, sin sentirse vinculado con su trabajo ni con su compañía? ¿Cuánto cuesta la desmotivación de los empleados a la empresa? A propósito de ello, un estudio realizado en 6 países Iberoamericanos revela que el 78% de los trabajadores españoles dice estar descontento con su trabajo. También indica que España es el país donde más grande es la desmotivación. Esos datos son evidentemente negativos, ¿pero cuánto cuestan?

Todas las organizaciones deberían procurar el bienestar de las personas como un factor imprescindible de valor y reciprocidad porque la aportación humana significa más beneficios para la empresa que los resultados financieros. Si se margina esta aportación, se deshumaniza la empresa y se evidencia negativamente en todos los indicadores claves de gestión: clima interno, motivación, compromiso, rendimiento, productividad y, tal vez el más difícil de revertir, la imagen empresarial. Entonces nos preguntamos, ¿dónde está el valor empresarial de una organización?

Hay líderes comerciales y equipos de ventas que le siguen vendiendo a la gente apelando exclusiva e insistentemente a su lógica y razón. ¿Suena familiar? Son los que se transforman en nuestra sombra apenas entramos en una tienda; que nos llaman al teléfono con un speach monocorde; que nos atiborran de información que no hemos solicitado (y no nos importa), o que se van por las ramas y aburren. Ahora bien, ¿cómo puede ser que esto siga ocurriendo hoy, cuando gracias a la neurociencia sabemos que entre el 85/90% de las decisiones que tomamos son inconscientes?

Reuniones que se postergan, que se extienden, que cambian de horario, que no resuelven, que no suman, que no interesan, que están fijadas con cierta frecuencia, aunque no tengan un objetivo concreto y una lista interminable. Las reuniones son habituales, pero pocas de ellas son verdaderamente efectivas, útiles y funcionales al objetivo que persiguen. Ahora bien, ¿por qué nos cuesta tanto aprovechar el tiempo e ir al grano?

Al día de hoy, gracias al concepto de neuroplasticidad, sabemos que el cerebro humano es extraordinariamente plástico, que puede adaptar su actividad y cambiar su estructura de forma significativa a lo largo de toda la vida. La experiencia, el aprendizaje modifica nuestro cerebro continuamente, fortaleciendo las conexiones neuronales que ya existen y/o creando otras nuevas. Siguiendo esta lógica, cuanto mayor impacto pueda tener una experiencia en el cerebro, más estable, más sostenible y más rápido será el aprendizaje.

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