Desarrollo Profesional

La realidad nos muestra hoy que muchas empresas se enfrentan al entorno demasiado tarde, cuando la crisis está muy avanzada. En ocasiones, las respuestas suponen cambios radicales que evidencian una falta de anticipación casi inaceptable; en otras, se intenta manejar la empresa mirando el retrovisor y, por lo tanto, manteniendo posturas sumamente conservadoras que destruyen la iniciativa y la innovación.

¿Cómo podemos exigir conciencia ecosistémica a los líderes mundiales si no la tenemos en lo individual, en lo grupal, en lo social y en lo cotidiano? Necesitamos trabajar en la transformación hacia estados más integrales, trascendentes y sostenibles, que despierten y expandan una conciencia ecosistémica. De nada sirve que nos impongan un cuidado de la naturaleza y del planeta si pensamos que desde nuestro pequeño lugar “da igual” lo que hagamos.

“Permanecer en la presencia de su Ser es la cualidad más poderosa y transformadora que puede encarnar un líder, pues en esto se basa su capacidad de despertar en otros la memoria de su verdadera naturaleza y potencialidades. No obstante, nadie puede inspirar o despertar auténticamente en otros lo que no ha despertado antes en sí mismo”. Daniel Taroppio.

Al lo largo de la historia de la humanidad, grandes líderes y pensadores han utilizado el poder del lenguaje para influir en nuestras emociones, pensamientos y acciones. Sin embargo, muchos de nosotros no terminamos de tomar conciencia sobre el poder del lenguaje y el impacto que tienen nuestras palabras en la relación con nosotros mismos y con los demás. Ciertamente, el lenguaje tiene la capacidad de dar y quitar poder.

Muchas de nosotras hablamos de hacer grandes cosas, de marcar la diferencia, de animarnos a más en nuestra vida personal y profesional. Admiramos a las grandes mujeres que nos han allanado el camino en ambas cuestiones y entendemos que todos esos logros no han sido producto de la casualidad, sino de buenas decisiones, de incansable dedicación y de mucha inspiración.

Al cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo, cambiamos nuestra biología. De alguna manera, el entorno es lo que nos define. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. De allí la afirmación que dice que no vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Y sí, somos víctimas de nuestras creencias, hasta que tomemos la decisión de cambiarlas.

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