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Self Coaching.

El liderazgo personal en la modernidad líquida.

Es frecuente encontrar personas que están dudando sobre su futuro profesional. Incluso tú quizás estás tomando una decisión sobre el trabajo, cuando lees esto. La realización profesional tiene que ver con el autoliderazgo o Self Coaching. Vamos a ver por qué.

Autoliderarse consiste en adecuar las propias acciones a aquello que nuestras emociones nos dicen; para ello necesitamos reconocer lo que sentimos, entonces podemos apartarnos de lo que nos perjudica y avanzar hacia nuestros deseos auténticos (ni los impuestos por los antepasados, ni los creados por el consumismo). Una persona que ejerce el liderazgo sobre sí misma avanza hacia lo que piensa que le aportará felicidad y hacia donde piensa que aportará al desarrollo y bienestar de la humanidad. Por lo tanto, se dirige también hacia la profesión, un lugar donde puede sentir que aporta y es útil al mundo.

Las dudas.

A menudo los jóvenes no saben qué estudiar, o dudan sobre si seguir estudios en la universidad o hacer formación profesional. A veces llegan a mi consulta estudiantes de 2º curso universitario: hicieron un gran esfuerzo en sus estudios secundarios para conseguir entrar en la carrera que querían; empezaron con ilusión sus estudios universitarios, hicieron otro gran esfuerzo para adaptarse al ritmo académico exigido; luego llegan a segundo curso… y piensan que se han equivocado de carrera. Es natural tener dudas.

Pero las dudas sobre a qué dedicarse aparecen casi a cualquier edad. Algunas personas cuando vienen a mi consulta me dicen que no saben “qué quieren ser de mayores” y lo dicen con pesar, porque tienen 30, 40 o 50 años, conscientes de que ya son mayores. Comprendo muy bien sus dudas, vivimos en la sociedad que Zygmunt Bauman, el sociólogo fallecido el año pasado, denominó de la modernidad líquida”, donde no nos definimos por lo que hacemos, sino por lo que compramos.

La modernidad líquida de Zygmunt Bauman.

En un mundo donde podemos cambiar de vida: cambiar de población, cambiar de pareja, de casa y de profesión varias veces, la libertad no nos aporta felicidad. Como él decía: “Si tienes libertad sin seguridad, eres una especie de plancton, flotando por ahí, no un ser humano”.

Bauman, nacido en 1925, describía la Europa Oriental donde él creció como una sociedad donde la gente era bastante feliz. La sociedad actual, más libre y más rica, más “líquida”, no nos ha hecho más felices. Según él, “es normal que queramos ser felices, pero hemos olvidado todas las formas de ser felices”. Efectivamente, las cosas que aportan felicidad a nuestra vida no se pueden comprar.

Para saber qué nos hace felices necesitamos conocer nuestros sentimientos y deseos reales, escondidos entre las fuerzas internas que se enfrentan en el magma de nuestro inconsciente.

En la sociedad “sólida”.

En la época de nuestros abuelos el mundo estaba bien definido, era sólido. Quizás había poca libertad, pero era bastante más seguro que el de hoy. En la sociedad estaba claro qué papel le tocaba a cada uno: para una mujer era esperable casarse con un hombre de su nivel social y tener hijos; pocas alternativas quedaban, aparte de ser monja; para el hijo del panadero lo normal era ser panadero; el hijo del médico estudiaba medicina; el hijo de un obrero aspiraba a trabajar en la misma fábrica que su padre; etc.

La gran mayoría no necesitaba elegir profesión, para ganarse la vida y ser razonablemente feliz. Si uno seguía las fuerzas internas del “bien”, su impulso le llevaba a comportarse como la sociedad esperaba de él: estudiar hasta donde fuera estrictamente necesario, portarse bien en el trabajo para conservar el puesto durante muchos años, casarse, tener hijos, etc. Su recompensa era un cierto reconocimiento social, una vida con sentido y felicidad.

En una sociedad rígida, el autoliderazgo consistía en no dejarse arrastrar por las fuerzas del “mal”, emociones desbocadas que podían llevar hacia el fracaso: abandonar al marido por un amante fogoso, caer en adicciones, no aguantar en los trabajos, gastarse el dinero en placeres excesivos, etc. La lucha interna entre el bien y el mal queda ilustrada por el pequeño demonio y el angelito que hemos visto en algunos cómics antiguos.

El modelo de gestión emocional en la modernidad líquida.

En la época de la modernidad líquida, ¡tenemos tantas opciones abiertas! Tener opciones puede ser muy duro, cuando la sociedad empuja a las personas a competir entre ellas para salir airosas de la constante comparación. El cómodo modelo de gestión emocional de dos opciones claras, el bien y el mal, ha quedado obsoleto.

Muchas personas quieren hacer “lo correcto”, pero ¿qué es lo correcto cuando todo se ha convertido en relativo? Vivimos en un entorno que nos exige competencias emocionales mucho más desarrolladas de las que necesitaron nuestros antepasados. El modelo del análisis transaccional nos ofrece una visión muy útil: a parte del “angelito” que representa la buena conciencia, y del “demonio” que nos pide satisfacer nuestros impulsos y deseos primarios, hay una tercera fuerza mediadora: la fuerza Adulta que nos permite decidir desde el presente, para conducir nuestra vida desde donde llegamos por nacimiento hasta el lugar donde podemos ser más útiles para el progreso social.

El programa de Self coaching de Coaching & Comunicació es una formación que incluye ejercicios prácticos, colectivos e individuales, para conocer las fuerzas que luchan en el inconsciente y desarrollar la fuerza del Adulto. En resumen, te llevas herramientas y recursos para usarlos luego en tu vida.

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