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Comunica!

Entrenamiento de habilidades comunicativas.
De la emoción a la palabra.

“Las personas llegan a mi para cumplir con el objetivo de comunicarse con convicción, persuasión, seguridad y serenidad. Lo que no saben o, cuanto menos no son conscientes de ello, es que ellos mismos infinidad de veces y en diversas situaciones y ámbitos han sabido comunicarse cumpliendo con cada una de esas premisas, e incluso, generando un gran interés por lo que han dicho o expuesto”. Así nos lo señala César Rojas, actor y entrenador de habilidades comunicativas.

No obstante, tenemos que saber que para que el receptor de nuestro mensaje perciba las sensaciones que queremos transmitirle no se trata tanto la utilización de una u otra palabra o de uno u otro gesto, sino la raíz desde la cual vamos a comunicárselo. Recordemos que un altísimo porcentaje de nuestra comunicación está sostenida en el lenguaje no verbal; es decir, en cómo lo comunicamos más que en qué decimos.

De esta manera, uno de los objetivos de utilizar la actuación como metodología de entrenamiento de las habilidades comunicativas no es que las personas creen, se inventen o interpreten un personaje para “esconderse” detrás de él a la hora de hablar en público; por el contrario, se utilizan estas técnicas para entender cuáles son los procesos emocionales que transcurren durante la interpretación. Entre otras cosas, porque la actuación es una comunicación -siempre- consciente; los actores saben qué y de qué manera tienen que comunicar para que un personaje sea capaz de contagiar el espíritu con el que fue concebido.

Por lo tanto, se trata de aprender cuáles son los “botones” y las “palancas” que pulsamos o ponemos en funcionamiento de manera inconsciente en nuestra vida y que nos han permitido comunicarnos eficientemente en infinidad de ocasiones y ámbitos. Lo cierto aquí es que cada persona tendrá sus propios “botones”, y que cada uno descubra los suyos, es uno de los principales objetivos de este entrenamiento. Básicamente porque a partir de conocerlos es posible aplicarlos conscientemente a determinadas circunstancias, arribando entonces a la versión más cómoda y auténtica de nosotros desde la cual, inexorablemente, nos comunicamos y fluimos mucho mejor.

De la emoción a la palabra -y no al revés-.

Ciertamente, siempre estamos sintiendo algo, y aunque es cierto que no podemos elegir qué sentir, lo que sí podemos hacer es gestionar de qué manera nos comunicamos teniendo en cuenta la emoción en la que nos encontramos. A propósito de esto, mucho se habla del miedo y es un buen ejemplo para entender a qué nos referimos. El miedo es un término muy amplio y puede generarnos desde una pequeña incomodidad hasta pánico total. No obstante, si somos capaces de manejarnos dentro de unos márgenes que están dentro de nuestro control, entonces podremos gestionar que lo que transmitimos a los demás no sea nerviosismo, sino tranquilidad. ¿Qué significa esto? Veamos un poco más.

Tal y como nos dice nuestro especialista, el objetivo -nunca- es dejar de tener miedo, sino aprender a gestionarlo. Y la ecuación es simple; al igual que el miedo a volar se pierde volando, el miedo a hablar en público se pierde hablando en público. Tomemos como ejemplo el caso de  alguien que tiene miedo a volar y, para superarlo, acude a un curso para comprender -entre otras cosas- cómo es posible que un aparato tan pesado se sostenga en el aire o para qué sirven las alas. Este nivel de racionalización y comprensión permite a ese alguien, con ese miedo legítimo a volar, tener mayor control de la situación cuando vuelva a subirse a un avión. Más aun. Cuando la persona es capaz de completar esta experiencia con éxito, entonces ese miedo comienza a menguar de forma natural.

En relación a lo dicho, la interpretación como metodología de trabajo nos facilita trabajar desde esa vulnerabilidad emocional para entender la importancia que tienen las emociones en todas las acciones que realizamos; incluso cuando nos comunicamos. Cuanto más conocimiento tenemos de nosotros mismos y de nuestros procesos emocionales, mayor capacidad tenemos para gestionarnos. Y en este sentido, César señala: “el teatro es una pieza clave para alternar situaciones reales e hipotéticas con monólogos que nos permiten conocer mejor cómo se comunica el ‘personaje’ real y de ficción de cada uno. Además, la ficción nos enseña a cómo transmitir emoción, seguridad y convicción en lo que decimos; a captar la atención de nuestro interlocutor; a controlar los nervios, y a ser más eficaces para conseguir nuestros objetivos”.

Por ello, este entrenamiento basado en técnicas actorales apunta a que cada uno pueda trabajar y mejorar sus habilidades de comunicación en todos los ámbitos de su vida: personal, profesional y social y, al mismo tiempo, sea capaz de capitalizar el aprendizaje y llevarse puestas técnicas y herramientas para auto-gestionarse frente a circunstancias que le generen estrés. 

¿Cuál es el punto de partida? Una entrevista con el especialista que tiene como finalidad detectar características personales, emocionales y comunicativas del consultante. Desde este diagnóstico se definen ejercicios que apuntan a trabajar sobre las necesidades particulares de cada persona. Este primer encuentro es sin coste. Sirve para acercar la metodología al cliente y para que él mismo defina si se adapta a sus necesidades.

¿Cómo continúa? Con un entrenamiento regular de 1 o 2 días a la semana.

Algunos de los objetivos de este entrenamiento son:

  • Mejorar las competencias comunicativas de las personas en todos los ámbitos y situaciones.
  • Entender que lo que hace potente el mensaje no es tanto qué decimos sino, sobre todo, cómo lo decimos.
  • Aprender a ir de la emoción a la palabra.
  • Aumentar la confianza y la seguridad personal.
  • Desarrollar la capacidad de emocionarse y emocionar.
  • Comprender la relación que hay entre actuar y ser uno mismo.

No obstante lo dicho, César también responde a necesidades puntuales de entrenamiento destinada a personas que quieran preparar con éxito una presentación particular que requiera de un guión y estructura previa. Hablaremos de ello en un próximo artículo.

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