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Anatomía Vivencial.

Un viaje hacia la sabiduría profunda del organismo.

Muchos de nosotros nos manifestamos expresamente responsables a la hora de velar por nuestra salud y bienestar. En tal sentido, nos ocupamos de mantener una alimentación natural y balanceada, de hacer ejercicio, de procurar un buen descanso y de llevar adelante “permitidos” que no se supongan grandes excesos. No obstante, a la hora de un dolor recurrimos a un atenuante del síntoma y, a la hora de la enfermedad, solemos culpabilizamos mientras nos ponemos en manos de la ciencia para que “repare” nuestra parte dañada. Por supuesto que esto está bien, pero nos deja expuestos un poco como espectadores de lo que sucede.

¿Por qué anestesiamos el dolor en vez de prestarle atención a qué nos quiere decir o sobre qué nos está avisando? Y en el caso de la enfermedad, ¿no hay nada que podamos hacer para acompañar ese proceso de sanación?

Pensemos que, en ambos casos, lo que está pasando y lo que sea que se haya dañado está en nuestro cuerpo y es parte de nosotros. No digo esto con la finalidad de buscar culpables o verdugos; no digo que lo que se ha dañado sea pura y absoluta responsabilidad nuestra, sino que está relacionada con mensajes de nuestro inconsciente que no podemos comprender. Dicho de otra forma, si algo se daña en el pulmón, ¿sabemos qué significa? ¿Conocemos cuál es su sabiduría innata, la personalidad y el sentido profundo de la existencia de este órgano?

Sucede que no lo sabemos o, por lo menos la mayoría de nosotros, no lo sabe. El organismo tiene en su sabiduría esencial interna todas las características personales, emocionales y de funcionamiento que necesitamos para vivir saludablemente. Efectivamente, cada uno de nosotros representa la perfecta unión cuerpo-mente-espíritu que se expresa en nuestros órganos vitales y que funciona como una red extremadamente solidaria, económica y placentera que siempre busca defender, mantener y recuperar el equilibrio. Por ejemplo, cada órgano sabe qué es lo que tiene que hacer para funcionar bien y qué es lo que necesita para estar en equilibrio. No obstante, cuando aparece la enfermedad o el desequilibro, significa que la naturaleza de ese órgano no está siendo comprendida, respetada y atendida.

Por todo ello, aprender sobre nuestra anatomía y fisiología significa mucho más que una aproximación teórica a ellas.

Supone descubrir las posibilidades, los límites y las cualidades emocionales que existen en nuestro propio organismo. Supone entender que tanto el síntoma como la enfermedad no son enemigos contra los que luchar, sino aliados que vienen a decirnos algo para permitirnos, como decíamos con antelación, hacer consciente lo inconsciente y crecer como personas. A propósito de esto, Adriana Schnake, una de las representantes más reconocidas de la gestalt en el mundo de habla hispana, señala que el problema no es no saber, sino el tener una idea completamente errada, o una negación importante de aspectos esenciales del órgano que se queja”. Veamos un ejemplo para entender un poco más.

Cada parte de nuestro organismo tiene cualidades diferentes. El pulmón es un órgano absolutamente pasivo y dependiente. Efectivamente, respira el aire que le enviemos -tóxico o no- y gracias a ello se expande. Ahora bien, si una parte de nuestro cuerpo tiene estas cualidades en su esencia, como en este caso, para que haya una buena pulsación vital es necesario que aceptemos estas características en nuestra mente. No resulta curioso entonces, ver como muchas personas que tienen problemas de pulmón no pueden reconocer y/o aceptar la pasividad y la dependencia en ningún nivel o ninguna medida cuando ambas son características que necesitamos y, según la situación, nos son útiles. Si no aceptamos esto en nosotros, entonces algo se va a distorsionar en nuestro organismo, en la vida en y/o en nuestras relaciones. En cambio, si podemos admitirlas como parte de nuestra existencia, entonces nuestra respiración podrá ser según su naturaleza y no según nuestras creencias.

¿Verdad que se ve más claro? Y me permito más, ¿no es maravillosa tanta sabiduría a disposición? Este órgano se ha hecho presente a través de un síntoma o enfermedad, para invitarnos a explorar nuestra personalidad y nuestra conducta. Es como una forma de enviarnos un mensaje y facilitarnos la expansión de nuestra conciencia

Toda esta breve aproximación que hemos hecho al concepto de síntoma, enfermedad, equilibrio y salud, representan una pequeña parte del Taller de Anatomía Vivencial diseñado por nuestra especialista María Inés Gómez, cuyo trabajo ha estado orientado al bienestar y a la salud desde hace más de tres décadas.

Su idea primera ha sido crear un espacio en el que cada uno de nosotros pueda vivenciar su anatomía, percibirla, y visualizar los órganos y vísceras. La capacidad de sentir y escuchar nuestros órganos nos da la posibilidad de reconocer actitudes y emociones que están en nuestro organismo, y nos pertenecen, pero no siempre están en nuestra conciencia en forma de recursos y habilidades disponibles para nuestra vida cotidiana.

Entre otras cosas, este taller nos permitirá:
  • Modificar hábitos y creencias que no contribuyen a nuestra salud física.
  • Entender que nuestros órganos tienen su propia personalidad.
  • Aprender que la enfermedad significa que un proceso orgánico natural, algún ritmo ha sido interrumpido y necesitamos restablecer.
  • Asumir y resolver lo que está ocurriendo en nuestro organismo para ayudar al proceso de curación y/o aceptación de la enfermedad.
  • Comprender que nuestro organismo cuerpo-mente-espíritu es una gran red que siempre busca el equilibrio y tiene muchos mecanismos para recuperarlo, mantenerlo y defenderlo.
  • Recuperar el ritmo vital y la responsabilidad activa de nuestro bienestar.
  • Aprender a prevenir la enfermedad identificando, reconociendo y comprendiendo los factores que la desestabilizan.

Sé responsable activo de tu salud y bienestar.

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