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Talento Afectivo.

7 claves de Talento Afectivo para mejorar las relaciones.

Los creadores del Talento Afectivo han desarrollado siete facultades que nos permiten mantener relaciones/vínculos saludables ya sea en el ámbito sentimental, social y/o profesional. Si bien en principio puede resultar curioso que estas facultades sean aplicables a todas las áreas, pues en general se abordan separadamente, una vez contemos brevemente de qué se trata, desaparecerá el escepticismo casi mágicamente.

1. Construir valor a compartir.

Cuando iniciamos una relación con alguien tenemos que tener el sentido de aportar algo útil y enriquecedor a ese vínculo. Muchas veces hay relaciones que mueren rápidamente porque nadie se ha preocupado por aportar algo útil o por crear un intercambio gratificante -hablábamos de esto en un artículo anterior– o por descubrir al otro respecto a qué necesidades o inquietudes tiene. Necesitamos desarrollar nuestra capacidad de ofrecer, de dar, de escuchar al otro y de darle valor.

Por ejemplo, imaginemos que somos invitados a una cena con muchas personas que no conocemos. Inmediatamente, con el ánimo de “encajar” soltamos un discurso sobre un tema en particular que nos apasiona. De golpe, notamos que los demás se aburren, abandonan la charla y se van. Pensemos entonces, ¿nuestra verborragia sobre una pasión personal estaba construyendo valor para el otro? Sencilla y claramente no. Justamente la inteligencia social parte de la capacidad de descubrir cuál es el estilo del otro, cuáles son sus inquietudes y necesidades y relacionarnos desde ese marco de comprensión o hilo conductor para que sea posible construir un valor a compartir para ambos.

2. Atender las señales de conexión.

Muchas veces no atendemos las señales de conexión que nos manda el otro. Es cierto que esas señales a veces son claras, a veces no tanto, a veces dependen del que las emite, otras del que las recibe, y otras tantas del entorno o de la situación. No obstante, en cualquier caso, aún cuando estas son claras, solemos no reparar en ellas. Partiendo de esta realidad, es simple comprender que esa desatención provoque frustración en el otro y/o una progresiva ruptura de la relación.

Esto es tristemente común en las relaciones sentimentales y es, curiosamente, en este tipo de vínculos que el 80% de esas señales no se envían en forma directa, sino que se demuestran a través de actitudes, gestos, comportamientos que denotan inquietud, preocupación, agobio, etc. En otras palabras, para que las relaciones no tengan fecha de caducidad, necesitamos atender estas señales y para ello es vital activar nuestra intuición y sintonía con el otro, ya sea para descubrir oportunidades de mejora en la relación, o para detectar amenazas a tiempo.

3. Ser realista.

A todos nos gusta disfrutar el presente de una relación. Sin embargo, vivir en el presente es complicado. Tenemos muchas tareas y muchas cosas que atender y resolver que nos llegan constantemente de un futuro mediato. No obstante, la clave del Talento Afectivo en este caso, nos señala que hay una forma de vivir bien la relación con una persona y se trata de ser realista en vez de idealista. Vivir en la realidad es presente; la realidad no es pasado ni futuro. Cuando logramos vivir en la realidad, entonces nos evitamos crear expectativas de futuro que pueden ser idealizadas.

Veamos un ejemplo. Hay muchas personas que cuando comienzan una relación o un trabajo nuevo proyectan sueños y deseos un poco (bastante) idealistas y utilicen expresiones del tipo: “Esta es la persona/trabajo que he esperado toda mi vida y por fin podré ser feliz”. Claro que está bien que el deseo nos mueva a proyectar el futuro para vivir mejor. No obstante, tiene que existir una armonización, un equilibrio entre lo real y lo ideal; caso contrario, caemos en el autoengaño de vivir una relación plagada de falsas expectativas. Ser realistas es sinónimo de ser prácticos y de estar en el presente.

4. Reparar sin desanimar.

Los problemas son parte de todas las relaciones. Un niño que desobedece, un empleado que no cumple su responsabilidad, una pareja que nos ha mentido, etc. Independientemente del caso particular, lo cierto es que hay una situación que tenemos que atender y reparar. No obstante, tenemos que procurar hacerlo de forma rápida, saludable y sin desanimar. ¿Qué significa esto? Veamos. Muchas veces, por injusto que sea, con el ánimo de resolver rápidamente un problema cargamos de toda la culpa al otro o, al revés, cargamos todas las culpas en nosotros. El Talento Afectivo nos señala que si bien la idea es reparar rápido, aunque se trate de una situación durísima, el objetivo es que todas las partes de la relación se queden satisfechas y con ganas de seguir adelante. Para que esto sea posible, es necesario poner el acento en nuestra forma de comunicarnos; en utilizar un lenguaje asertivo, respetuoso y reparador.

5. Respetar y cumplir.

Todos, sobre todo hoy, sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de respeto. No obstante, el Talento Afectivo va un poco más allá de este entendimiento tradicional y señala que respetar -ante todo- es tolerar las imperfecciones del otro. Todos nosotros conocemos personas perfeccionistas que, si bien respetan al otro como persona, objetan constantemente su forma de vivir. Cuando no respetamos las imperfecciones del otro, sobre todo cuando nos referimos a vínculos más íntimos, entonces aumentamos nuestras respuestas impulsivas y reaccionamos ante una impuntualidad o un olvido como si fuera un verdadero caos. Respetar y tolerar las imperfecciones de los demás es la vía más eficaz para disminuir esas respuestas indeseadas.

Parte de este respeto implica también cumplir con el compromiso -tácito o explícito- que supone cualquier relación. Por ejemplo, si bien no podemos comprometernos a amar a alguien para toda la vida porque eso, como decíamos previamente sería idealismo en vez de realismo, sí podemos comprometernos a ser fieles mientras exista el amor. La ruptura de este compromiso significa el fin de la relación.

6. Incorporar la influencia del otro.

En cualquier tipo de relación sentimental, social o laboral puede darse que uno tenga más influencia que el otro -en poder o saber-. Si bien es algo natural, a veces por cuestiones de ego o de orgullo nos resistimos aceptar esa influencia y a capitalizar esa oportunidad de aprender del otro. Por ejemplo, un niño acepta naturalmente la influencia de un educador porque tiene más conocimientos que él. Una pareja en la que uno es padre y el otro no, pone al primero en una situación de conocimiento sobre la crianza que el segundo no tiene. Lo óptimo es no competir o rechazar esa experiencia, sino tomarla como una influencia y aprender de ella.

Por supuesto que en todos los casos nos referimos a una influencia positiva y no a una influencia manipuladora. Si naturalizamos el hecho de que en cualquier relación uno puede saber más que otro, entonces podremos capitalizar un aprendizaje en el que la unión, y no la competencia, hace la fuerza.

7. Explorar más puntos de unión.

La relaciones de amistad son un buen ejemplo para recrear de qué se trata este punto porque muchas amistades que hemos tenido a lo largo de la vida, aunque han sido circunstanciales y seguramente maravillosas, se han estancado. Es posible que esto haya ocurrido porque no hemos sabido explorar más puntos de unión o, lo que es lo mismo, no hemos sabido hacerlas evolucionar y trascender la temporalidad. Es decir, aunque una relación -de cualquier índole- vaya bien, necesitamos explorar más formas para hacerla crecer y/o evolucionar. En el caso de la amistad, por ejemplo, alguna opción podría ser tener más amigos en común, practicar un deporte juntos, etc.

Hasta aquí, hemos hecho un abordaje breve de cada una de las siete claves o facultades de nuestro Talento Afectivo, que representan una guía positiva para mejorar todo tipo de relaciones y en todos los ámbitos. Para acercarnos el tema con más detalle y profundidad, el Instituto de Talento Afectivo ha creado un método teórico-práctico que nos permite vivir un apasionante camino de autoconocimiento personal a nivel afectivo que sumará pasión, realidad y afectividad a la relación con nosotros, con los demás y en cada uno de los entornos de nuestra vida.

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