QUIERO MÁS INFORMACIÓN

Docentes para el Cambio.

Reeducarme para Educar.

Muchos son los problemas ante los que se encuentra un docente en la escuela, en el instituto y en las aulas. La carga de trabajo y la falta de tiempo para formarse son uno de ellos. A pesar de todo, los docentes siguen hacia delante, muchas veces careciendo de instrumentos, herramientas, técnicas o conocimientos.

Efectivamente, a lo largo de muchos años, la formación docente no ha contemplado la educación emocional con profundidad y continuidad y, de esta forma, aunque los educadores ponen lo mejor de sí para resolver situaciones, pareciera no ser suficiente. A propósito de esto, Piedad Castellanos y Alicia Torres, directoras de Esencial Escuela de Educación Emocional, nos señalan que, en sus visitas por muchos centros, se han visto invadidas por una inmensa ternura al comprobar cómo los docentes intentan paliar esas carencias desde la buena voluntad y el amor a su profesión, aunque, al final, sólo consiguen encontrarse sumergidos en el estrés.

Lo cierto es que todo aquello ocurre porque, en muchos casos, apenas han comenzado con un proceso de alfabetización emocional. Es decir, no han sido preparados para trabajar en la gestión de grupos, ni en el desarrollo de habilidades sociales, ni en el desarrollo personal, que es para lo que prepara y capacita la educación emocional docente.

De hecho, son los propios educadores los que necesitan y demandan esa educación emocional, no sólo por lo que supone para ellos mismos y para su vida; también, y sobre todo, para reconectar con la ilusión que supone su vocación.

La necesitan para hacer mejor lo que ya hacen bien y porque ellos son los “influencers” en el aula y tienen en sus manos la posibilidad de gestionar la singularidad desde la diversidad y de fomentar de la igualdad, el respeto y la incorporación e integración de valores. Tener la posibilidad de identificar en ellos mismos estos aspectos emocionales les abre las puertas para poder trabajarlas después en el aula desde la experiencia y la reflexión personal.

Lo mencionábamos al comienzo y lo retomamos aquí, ya que otra de las grandes inquietudes de los docentes está relacionada con el trabajo con chicos que presentan conductas disruptivas y asociales, acoso escolarbullying-, diferencias de género, y casos de desmotivación crónica.   

Por ejemplo, si tomamos como punto de partida el fenómeno del acoso, es importante considerar que el tratamiento disciplinario del problema no puede representar la única solución; de hecho, hacerlo así sólo sería abordarlo desde lo que podríamos denominar “medidas de emergencia”. Emergencia porque el problema ya ha tenido lugar, porque llevará manifestándose desde hace un tiempo, porque todas las partes han sido dañadas y porque, entonces, es urgente intervenir. 

Contemplar este complejo tema, sólo se puede hacer si se aplica el trabajo emocional en las tres partes involucradas: el acosado, el acosador y el resto del grupo que, en muchos casos, se mantiene pasivo sin intervenir. Frente a esto, es necesario restaurar la sensibilidad en el aula para actuar con empatía hacia la víctima y reforzar la autoestima y la asertividad de todas las partes. Ahora bien, más interesante que la intervención es la prevención; cuando un aula es liderada por un educador instruido en habilidades sociales y de grupo, difícilmente pasará inadvertida una acción de acoso, ya que sus alumnos presentarán una alta sensibilidad al trato vejatorio e intervendrán de inmediato.

De esta forma, el docente que ha trabajado en sí mismo, está mejor preparado para crear en el aula un clima cordial y de sana convivencia dentro del que le es posible resolver los conflictos desde un enfoque más pacífico.

Básicamente porque trabajan su autoestima, están más motivados y porque aprenden a expresarse desde el respeto, mejorando naturalmente la calidad de sus relaciones.

En respuesta a lo que hemos venido comentando, entre otras cosas, Piedad y Alicia, han diseñado esta formación Reeducarme para Educar, con la intención de acompañar y sumar y hacerlo desde un profundo respeto por la comunidad educativa y el reconocimiento y la admiración por el trabajo que llevan a cabo diariamente.

El programa formativo es una invitación a vivir el aprendizaje a través de diferentes metodologías lúdicas y de alto impacto que integran cuerpo, mente y emoción, basadas en conocimientos científicos sobre el cerebro, emociones y aprendizaje, aportados por la Neuropsicología; integradoras al nutrirse de diversas corrientes filosóficas y psicológicas e interdisciplinares, e incorporando elementos provenientes de otras áreas y disciplinas tan dispares como el arte, el movimiento, el teatro o el juego.

Algunas de las cuestiones que aprenden los educadores en esta formación son:
  • Mejorar la salud personal y profesional.
  • Acompañar la evolución social con la evolución profesional.
  • Tomar conciencia de la individualidad y la de los demás componentes.
  • Mejorar la convivencia en el aula: reducir los conflictos y gestionarlos mejor.
  • Fomentar el respeto, la igualdad y la interacción constructiva aprendiendo a diseñar espacios armónicos para ello.
  • Facilitar el autoconocimiento.
  • Contribuir a mejorar las capacidades personales (resiliencia, autoestima, motivación, etc.) y las habilidades sociales (cooperación, comunicación, cohesión, etc.)
  • Aprender a reconocer, nombrar y gestionar las emociones.

Y, sobre todo, Ser, sentir, inspirar y crear un ecosistema emocional saludable que se contagie, se multiplique y se expanda desde dentro y hacia fuera del aula.

QUIERO MÁS INFORMACIÓN