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Talento Afectivo.

¿Cómo es la calidad de nuestras relaciones?

Cada persona es un mundo y, por ende, cada relación -profesional, sentimental y/o social- también lo es. Por ello, una de las cosas fundamentales en las relaciones es saber cómo nos conectamos con los otros y, además, cómo es la calidad de esa conexión. El Talento Afectivo nos habla de los distintos tipos de conexión y, para ello, distingue 5 niveles:

  1. La conexión con uno mismo.
  2. La sintonía funcional y afectiva.
  3. La simpatía
  4. La empatía.
  5. La confluencia.
No obstante, aunque hemos hecho esta enumeración, nos referiremos en este artículo a las dos primeros niveles. Es decir, a la conexión con uno mismo y a la sintonía con el/los otro/s.

1. La conexión con uno mismo tiene como finalidad despertar nuestra vida interior, recuperar nuestro sentir y nuestra sensibilidad. Es volver a nuestras raíces que es donde se encuentran las bases de nuestros talentos olvidados. Olvidados -justamente- porque no escuchamos nuestra voz interior, pero en cambio sí escuchamos (y nos llenamos) de los ruidos de la vida todo el tiempo.

En esta primera etapa de conexión podemos diferenciar dos recursos clave. Uno es prestar atención a nuestro silencio y respetarlo. Se trata de olvidarnos de esos ruidos de la vida y de buscar que nuestro estímulo venga desde dentro de nosotros y no desde fuera. El segundo recurso importante es escuchar nuestra propia voz, porque es ella la expresión de nuestra emoción. Si prestamos atención a ella, podemos explorarnos y conocernos mejor; podemos tomar conciencia de nuestro potencial.

Por ejemplo, muchas personas trabajan en el camino inverso. Es decir, intentan desarrollar su asertividad, empatía, voluntad, liderazgo y un largo etcétera, sin haber hecho un profundo trabajo interior. Sin embargo, todos estos aspectos pertenecen al interior y necesitan ser trabajados en el mismo orden que mencionábamos con antelación: desde dentro hacia fuera.

2. La sintonía funcional y la sintonía afectiva.

Ambas son importantes y ninguna es más importante que la otra.

Hablemos primero de la sintonía funcional.

Esta sirve para entender la realidad del otro. Por ejemplo, es la que practican habitualmente los profesionales de la terapia, de la educación, de la venta, etc. La sintonía funcional, sin embargo, también distingue dos pasos: percibir lo que siente el cliente y entender su realidad con respeto y sin juzgar. ¿Puede darse una y no la otra? Absolutamente. Repasemos la diferencia. En el primer caso, es decir, el hecho de percibir lo que siente el cliente se da captando -sobre todo- su expresión y su lenguaje no verbal; uno puede percibir qué le pasa al otro, incluso aunque el otro no haga explícito ese sentir.

No obstante, entender su realidad supone un paso más. Significa entender su mapa mental, aunque nuestro especialista en Talento Afectivo, Frank Loris, prefiere explicar este concepto con un ejemplo más simple. Imaginemos dos personas en una mesa de restaurante frente a un menú idéntico. Ambos centran su atención en las croquetas pero, mientras uno de ellos se las imagina pequeñas y redondas, el otro se las imagina finas y alargadas. Es decir, cada uno interpreta la realidad de una forma. Por ello, entender la realidad supone comprender cómo procesa el otro la información de algo para llegar a una conclusión. Cuando esto ocurre, entonces habremos sintonizado.

Sin embargo, ¿por qué a tantas personas les cuesta sintonizar? Cuesta porque hay un gran deseo de las personas de afirmarse a sí mismos, en vez de escuchar al otro. Imaginemos un vendedor inmobiliario en pleno proceso de venta de una casa. Frente a él, el potencial comprador se muestra emocionado y atento a la luz del lugar, a la energía, a la orientación y a la calidez. Un vendedor que sintoniza con él y sabe captar su emocionalidad no le hablará sobre la optimización de los metros cuadrados o de los gastos -esta sería la actitud de alguien que necesita afirmarse frente al otro; alguien que sólo escucha para responder-. En cambio, alguien que ha sintonizado con él, es decir, que ha percibido su sentir y a entendido su realidad, le sugerirá colores, ideas de ambientación, etc.

No obstante, con el trabajo interior al que hacíamos referencia en el primer nivel, este deseo (y necesidad) de afirmación desaparece.

Hablemos ahora de la sintonía afectiva.

La sintonía afectiva que sirve para intercambiar con el otro; va un paso más allá de la sintonía funcional. Efectivamente, cada uno de nosotros puede percibir lo que siente el otro y entender su realidad, pero no necesariamente tenemos el deseo de intercambiar nada con esa persona ni sacar nada fértil de la relación. La sintonía afectiva tiene un gran componente de deseo y de intercambio; supone 4 claves:

  • Aceptar. Aceptamos al otro como es.
  • Desear. Deseamos descubrirlo para saber más cómo es.
  • Aprovechar. Aprovechamos sus conocimientos para que sean complementarios a los nuestros.
  • Intercambiar. Intercambio de algo gratificante con esa persona y en cualquier plano.

Intercambio gratificante significa que es bidireccional, siempre. Es decir, tiene que ser gratificante -producirnos valor o placer- a las dos partes; caso contrario, solo es intercambio. Nuestro especialista pone especial acento en esto; veamos por qué.

Es habitual encontrarnos con personas que “construyen” vínculos movidos únicamente por el bienestar o el placer. Son los que, por el simple hecho de sentirse bien un rato, un día, un tiempo, deducen –equívocamente- que van en la misma dirección y que tienen un proyecto común.

No obstante, para construir vínculos sólidos y sostenibles es necesario una relación basada en un intercambio que nutre y gratifica a un nivel más profundo en el plano intelectual, emocional, sexual, etc. Si no hay intercambio no hay refuerzo del vínculo.

¿Ejemplos? Una relación profesional en la que dos socios que aúnan sus conocimientos y los complementan para darle forma a un proyecto; o una relación de pareja que mejora su bienestar al abrirse a la intimidad mutuamente, pero sin dedicar tiempo a conocerse realmente.

Por todo lo que hemos venido diciendo, pareciera que todos necesitamos desarrollar nuestro Talento Afectivo y, en este sentido, el Instituto de Talento Afectivo aporta un giro sustancial a la forma de interpretar y gestionar las relaciones interpersonales. Por ello, aportan un método único, exclusivo y novedoso que combina equilibradamente teoría y experiencia para que nos sea posible vivir un apasionante camino de autodescubrimiento personal a nivel afectivo que sumará pasión, realidad y afectividad a la relación con nosotros, con los demás y en cada uno de los entornos de nuestra vida.

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