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Método Demartini.

La eterna dicotomía entre soltar, o intentarlo una vez más.

Todas las relaciones de pareja pasan por momentos de crisis, todas. Algunas más, otras menos, algunas más intensas y otras más llevaderas. Sin embargo, cuando la crisis nos acerca a “tocar fondo” y se convierte en una agonía constante, nos está invitando (o intimando), a revisar si existe una última oportunidad para reconectarnos con el otro.

No te reproches nunca haberlo intentado todo; incluso, cuando parecía todo perdido.

Muchas relaciones vuelven de lo que parecía un camino sin retorno o un laberinto de angustias. Otras tantas “tiran la toalla” porque se ven superadas por una circunstancia que entienden patológica e irreversible. Estos últimos son los que llegan a ese punto crucial en el que parece no haber nada que analizar, nada que pensar y nada por replantear; lo que se traduce en el durísimo “hasta aquí hemos llegado” que tanta veces es tan sano y tantas otras apresurado. Y lo peor es que siempre tiene que haber un culpable.

Estamos aquí, sin embargo, para hablar de aquella pareja que lo intenta porque entiende que el amor profundo puede con casi todo. Estamos para hablar de los que, cuando se miran en el espejo se entienden parte de la crisis y no meras víctimas de ella; estamos aquí para comprender a los que, una vez más, están dispuestos a darlo todo por amor, aunque este sea, indefectiblemente, el último suspiro.

Podrá funcionar o no, pero si NO hay un intento, NO hay un resultado.

Ahora bien, procuremos que el intento, conscientes de que puede ser el último, sea verdadero, distinto a otros, porque tal y como decía Einstein “si hacemos siempre lo mismo, no obtendremos resultados diferentes”.

Recapitular. Entender mi 50% de responsabilidad.

Aunque muchas veces la gente que nos quiere intenta exculparnos de nuestras responsabilidades en el asunto endulzándonos los oídos, sabemos de sobra que haber llegado a tal punto, es cosa de dos. Claramente podemos armar un relato arbitrario que nos sitúe en posición de víctimas con respecto al otro; también podemos inventar hipótesis para que los demás se ciñan a nuestra defensa, como si tener a todos de nuestro lado nos hiciera sentir mejor, más fuertes…

La pregunta es ¿acaso si contaras la verdad sin vueltas, todos ellos no estarían en posición de darte un buen consejo, una buena opinión y un cálido abrazo? Ellos seguirían estando de tu parte aún sabiéndote equivocada/o.

Entonces, ¿para qué mentir, para qué disfrazar, para qué crear falsas hipótesis? Necesitamos bañarnos de realidad aunque sea, en este último intento.

Y en esa postura de sincerarte, veamos algunos interrogantes:
  • ¿Cuántas veces has priorizado tus prioridades, por encima de las prioridades de la pareja?
  • ¿En qué cantidad de oportunidades, empujado por las prisas, has resuelto situaciones aplicando el criterio “sobre la marcha”, sin mediar negociación?
  • ¿Cuántas cosas se han resuelto en tu pareja hablando lo mínimo, hablando nada, posponiendo indefinidamente la charla, o dando por sentado que el otro “sabe perfectamente lo que piensas”?
  • ¿Y los gritos? ¿Por qué crees que llegaron? ¿Te conforma saber que no has comenzado tú?
  • ¿Y el respeto? ¿Y la capacidad para escuchar? ¿Y los niños? ¿Cuántas veces olvidaste que presenciaban las discusiones, y tus nervios no te permitieron actuar con claridad?

Hay algo que me permito citar una y otra vez, solo porque creo que es el eje de la cuestión. Lo que resiste, persiste. Así es, inexorablemente. Sólo abriendo los ojos y haciéndonos cargo de lo que está mal podemos intentar una solución, tirando para el mismo lado y poniendo todo para recuperar la estabilidad, el sueño compartido y el amor que -visto lo visto-existe, e intenta sobrevivir.

Nadie dijo que fuera fácil…

Nadie, ni siquiera aquellos que lo consiguieron. Atravesar una etapa crítica en las relaciones no es algo que nadie desee en su haber. Sin embargo, esa necesidad imperiosa de dar batalla (aún casi vencidos), es un sentimiento de una nobleza infinita.

Pero claro, el amor no es un libro abierto, ni existe un manual de instrucciones que marca un camino a seguir. Cada caso es diferente. Y cada persona, como protagonista y responsable de su propia felicidad tiene que aprender a tomar decisiones de una forma autónoma y consciente; entre ellas, decidir hasta cuándo y hasta dónde alguien puede “lucharla”.

Cuando un conflicto sentimental se transforma en una carga y en un sufrimiento desmedido, debe primar por encima de todo el bienestar personal. Merece la pena mirar e ir más de la historia para encontrar soluciones que valgan la pena.

Es una metodología que fusiona diversas técnicas, principios y leyes que rigen el mundo de las emociones en las relaciones de pareja.

Permite la libertad y que cada persona sea capaz encontrarse a sí misma y reconectarse con el otro y con la relación de pareja. Entre otras cosas se aprende a:

  • Incrementar tu poder y tu autoestima.
  • Identificar aquellas cosas de ti que no te gustan para poder afrontarlas y rediseñarlas.
  • Lograr espacios de diálogo en la pareja. Restablecer el respeto y la escucha activa.
  • Entender lo que el otro tiene para decir.
  • Transformar los conflictos en oportunidades y poder navegar en el caos de la vida diaria.
  • Conseguir equilibrio y armonía en la vida en pareja, incluso en situaciones adversas.
  • Comunicar y respetar los tiempos, los espacios en la convivencia y fuera de ella.
  • Reconectar con el otro y con la relación de manera más clara, más adulta y más saludable.

Siempre que valga la pena, hay una oportunidad para salvar el amor.

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