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Introducción al
Método Feldenkrais
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No dejes que un dolor opaque tu calidad de vida.

Estamos acostumbrados a minimizar el dolor de espalda y otras tantas molestias. Un poco porque las prisas, la inmediatez y las “pócimas mágicas” están a la orden del día. En lo personal agradezco que existan estas soluciones, porque una molestia un día o un rato puede ser realmente entorpecedora y bloqueadora de cualquier actividad física y/o intelectual que hagamos. Como siempre decimos, el cuerpo influye sobre la mente y viceversa.

Ahora bien, el problema es cuando ese dolor o molestia temporal se vuelven crónicos y seguimos recurriendo a las mismas soluciones exprés.

¿Por qué anestesiamos el cuerpo si está queriéndonos decir algo? ¿No sería más fácil darle entidad y escuchar al dolor?

Curiosamente, la mayoría de nosotros arriba a conclusiones y autodiagnósticos sobre el origen de su dolor de espalda (o sobre cualquier otra molestia).

A propósito de esto, Ruthy Alon, en su libro “Guía Práctica del Método Feldenkrais, la espontaneidad consciente”, habla acerca de nuestra honestidad funcional. Se refiere a nuestras versiones sobre por qué tenemos dolor de espalda y, entre otras cosas, dice: “Si la respuesta para no tener dolor de espalda fuera una espalda flexible, los bailarines, los atletas y los acróbatas jamás sentirían dolor. Si el objetivo fuera tener una espalda fuerte los hombres musculosos que hacen un trabajo físico duro serían inmunes a los problemas de espalda. Si caminar erguido fuera la raíz del problema, generaciones de seres humanos hubieran vivido en una constante agonía desde los albores de la evolución”.

Más allá de todas estas reflexiones y generalizaciones que estamos acostumbrados a hacer, necesitamos reconocer qué nos pasa y abrir el espacio para hacer lo mismo que hacemos siempre, pero de forma diferente. Por ejemplo, si trabajamos sentados todo el día frente a una pantalla de ordenador, y hoy por hoy no hay posibilidades de cambiar ese trabajo porque además nos gusta, tenemos que abrir un espacio para explorar cómo sentirnos mejor estando sentados. Pero no porque esté mal lo que estamos haciendo, sino porque hacemos demasiadas pocas cosas de las que podríamos hacer.

Ese es el objetivo principal del Taller de introducción al Método Feldenkrais®: recuperar la riqueza de los movimientos y explorar diferentes posibilidades de configuración para que el dolor de espalda -o cualquier otra molestia- disminuya gradualmente hasta desaparecer.

No obstante, el taller también nos permite atesorar aprendizaje para mejorar otras cuestiones que no estamos haciendo bien y para optimizar aquellas que ya estamos haciendo muy bien.

Es, en definitiva, un espacio ideal para explorarnos, encontrar alternativas y hacer cosas diferentes. Como decíamos previamente, las posibilidades de estar sentados en una silla son varias, pero si estamos sentados siempre en una misma posición es igual de dañino para el cuerpo que para el Sistema Nervioso Central (SNC). En este sentido, investigaciones de la neurociencia, han revelado que luego de un período muy breve de estar haciendo lo mismo, el SNC se apaga, deja de permanecer activo y pierde la capacidad de reacción y adaptación.

Técnicamente, este hecho se denomina habituación y también influye a nivel muscular y corporal. ¿Cómo? Veamos. Al “apagarse” el SNC, deja de hacer sus ajustes, deja de sostenerse; empieza como a abandonar la actividad y detrás de eso suele aparecer el dolor. Son mecanismos que tienen que ver con la monotonía de los estímulos y la monotonía de las acciones.

Por ejemplo, en trabajos de oficina o más o menos rutinarios, tendemos a automatizar nuestros movimientos y acciones, restando eficiencia y espontaneidad a lo que hacemos. La repetición se convierte en habituación y cuando esto ocurre, dejamos de prestarle atención -de ser conscientes- y ya no intentamos mejorarlo. Tal y como decíamos previamente, es la disminución de una respuesta ante la presencia repetida de un determinado estímulo.

En este sentido, Jaime Polanco, fisioterapeuta y profesor del Método, nos señala: “Tomar conciencia de cómo nos movemos nos facilita detectar dónde hay tensiones, molestias, dolores, resistencias y nos invita a explorar nuevas opciones para elegir la manera más adecuada de realizar una acción, teniendo como referencia nuestras propias sensaciones”. A su vez, como hemos mencionado en un párrafo anterior, cambiar, renovar u optimizar nuestros movimientos, también nos ayuda a restaurar e la salud de nuestro sistema nervioso y mantener nuestro cerebro lúcido, claro, atento y vital.

Repasemos algunos más de todos los beneficios que nos invita a vivir este taller:

A nivel físico:

  • Cambia la rigidez por la libertad de movimiento.
  • Mejora nuestra postura, equilibrio y movimientos cotidianos.
  • Previene las consecuencias del envejecimiento, de la vida sedentaria, de los malos hábitos posturales y de los movimientos repetitivos.

A nivel neurológico:

  • Promueve la plasticidad cerebral.
  • Cambia la dispersión por la atención.

A nivel cognitivo y creativo:

  • Favorece el pensamiento lateral.
  • Flexibiliza los pensamientos recurrentes.

Tu cuerpo sabe, aunque tu mente olvide. Conecta pensamiento, emoción y movimiento.

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Imagen frontal e-commerce: ©International Feldenkrais® Federation Archive, Robert Golden.