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Talento Afectivo.

¿Estamos perdiendo el factor humano en la era del talento? ¿Se ve amenazado el amor en todo esto?

Vivimos en un mundo cada vez más complejo, dinámico e hiper-conectado (con todo y con todos) en el que, paradójicamente, las relaciones se han vuelto más estériles y más efímeras. ¿Narcisismo? ¿Dispersión? ¿Inmediatez? ¿Ambición por Tener? Probablemente todas sean respuestas acertadas y falten más, aunque en este artículo no vamos a rechazar esas cuestiones presentes en la vida moderna; por el contrario, veremos cómo convivir con cada una de ellas sin que supongan un obstáculo a la hora de crear vínculos más fértiles y generosos.

Me gusta creer que el amor es la fuerza más poderosa que mueve al mundo, aunque después de lo que hemos mencionado, en una sociedad que prioriza el tener frente al Ser, es difícil sostenerlo. Tomaré entonces las palabras de Frank Loris, creador del Instituto del Talento Afectivo (ITA), que a propósito de esto señala: “A diferencia de lo que tenemos, nadie puede arrebatarnos lo que somos”. Y agrega: “El amor nunca llega a ser completo si no alcanza todo el Ser”.

De esta forma, no podríamos traducir la soltería como sinónimo de no saber amar o de soledad, ni el hecho de estar en pareja como saber amar o completitud. En lo que tenemos que reparar es en aquello que ya decían los griegos hace miles de años: las personas no solemos tener consciencia que existen dos amores: el amor que sentimos –como estado sentimental– que se manifiesta como “yo siento amor”, “estoy sufriendo por amor”, “estoy feliz por amor; y el amor que construimos: es el amor acción, el que nos lleva a hacer con, por y para el otro y la relación.

Tomando esta idea milenaria como parte de inspiración, nuestro especialista habla de la necesidad de sincronizar estos dos amores y, a partir de allí, crea el concepto y empieza a hablar de Talento Afectivo.

¿Qué es? Un poco lo adelantábamos mencionando esa necesidad de sincronización entre la facultad de sentir y la facultad de construir. No obstante, también hablamos de aportar un nuevo talento al mundo de las relaciones sociales y afectivas. Es decir, la inteligencia racional -que impulsa la lógica- y la inteligencia emocional -que impulsa la empatía-, han demostrado no ser suficientes para desarrollar nuestra capacidad de amar de manera saludable.

En tal sentido, la propuesta del ITA es crear un talento afectivo que no tiene una jerarquización frente a las demás inteligencias, sino que supone un engranaje entre el amor del sentir y el amor del construir. Por ejemplo, hay personas muy racionales que son muy constructivas y llenas de proyectos en su pareja, pero su radar emocional no funciona tan bien; así, suelen recibir reclamos de sus parejas frente a la falta de atención y/o demostración de afecto. Por otro lado, también están aquellas personas más pasionales que sienten el amor y lo disfrutan con placer y con deseo, pero no saben cómo construir para hacerlo durar; de esta forma, suelen transitar relaciones frágiles y vulnerables porque nunca construyeron sobre bases sólidas.

¿Cómo aprendemos a sintonizar el sentir y el construir? ¿Cómo sanamos nuestra manera de amar? ¿Cómo aprendemos a desarrollar nuestro Talento Afectivo?

En principio, el ITA aporta un giro sustancial a la forma de interpretar y gestionar las relaciones interpersonales. Por ello, aportan un método único, exclusivo y novedoso basado en la combinación de cuatro pulsos claves que se movilizan conjuntamente para convertirnos en personas enteras y evolutivas a nivel afectivo.

A estos pulsos se refería nuestro especialista cuando señalaba que el amor sólo es completo cuando alcanza todo el Ser. Estos pulsos son:

1. El Sentir. Nuestra parte más animal; más instintiva. La mente se puede dispersar, pero los sentidos y el cuerpo se centran más en los que realmente está pasando y nos dan una indicación valiosa que la mente no ve.

2. La Expresión. La forma que tenemos de expresarnos influye primero en nosotros y nos altera, pero no nos damos cuenta y dificulta nuestras relaciones. La expresión se ha convertido en un recurso inconsciente y es un error.

3. La Voluntad. Es lo que nos permite NO abandonar cuando hay una crisis; es lo que nos impulsa a luchar por proteger la convivencia. Junto a la consciencia, por ejemplo, nos permite asumir y aceptar la imperfección y aprender a generar valores desde allí.

4. La Consciencia. Nos permite abrir las puertas de los valores y del cambio; nos permite definir bien qué significa estar en pareja.

Claro que esta categorización sirve para distinguir esos cuatro pulsos, pero no suponen un orden de prioridades, sino una transversalidad.

Dicho de otra forma, consiste en aprender a manejarnos a nosotros mismos, en nuestras relaciones y entornos desde esas cuatro dimensiones.

Veámoslo en un pequeño ejemplo, ¿Cuánto nos cuesta decir “no”? ¿Cómo podríamos ser asertivos diciendo que no podemos y/o no queremos algo? Deberíamos experimentar la asertividad, transversalmente, es decir con esos 4 pulsos, para practicarla con Talento Afectivo.

Esto supone entender qué sentimos cuando decimos que no; supone descubrir cómo lo expresamos sin crear conflicto; supone comprender cómo será nuestra voluntad para mantener ese no, y supone ser conscientes de los límites dentro de los cuales queremos estar y mantenernos.

Todo lo que hemos mencionado tan brevemente es lo que Frank Loris, experto en comunicación y en generar valor en las personas y en las relaciones, ha denominado como la disciplina del Talento Afectivo. Término al que arribó tras varios años estudiando inquietudes y carencias en el mundo de las relaciones sociales y afectivas, para ayudarnos a desarrollar una sensibilidad que nos hace más cuidadosos y auténticos en la relación con nosotros mismos y con los demás.

Entre otras cosas el Talento Afectivo nos permite:
  • Estar más conectados con nuestro interior y por lo tanto más presentes.
  • Desarrollar cariño, apoyo y respeto en la relación intrapersonal e interpersonal.
  • Reparar rápidamente nuestras zonas más conflictivas.
  • Tener responsabilidad afectiva uniendo la facultad de sentir con la de construir en las relaciones.

Estás invitado a vivir y a desarrollar tu Talento Afectivo.

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