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Adicción al Juego.

“El dinero del juego siempre acaba en el juego”.

Palabras de un jugador patológico en recuperación.

La ludopatía o juego patológico es considerado un problema psicológico, una adicción conductual que afecta todos los aspectos de la vida. La persona percibe que tiene todo bajo control, pero le resulta imposible aplazar el impulso o deseo por el juego. Y la realidad no les pone fácil la conducta de evitación. Ya no son solo máquinas tragaperras, casinos y otros juegos presenciales. En los últimos años se han multiplicado las ofertas de juego virtuales, los canales y la disponibilidad, que facilitan la apuesta hormiga, la dependencia y el anonimato. Tal es así que se puede jugar 24 horas, en pijama, desde la cama o cómodamente sentado en el sofá.

Sin embargo, no todos los jugadores son o terminan convirtiéndose en jugadores patológicos. Veamos las diferencias entre unos y otros:

El jugador social, es el que juega ocasional o regularmente y lo hace por recreación, por entretenimiento. En general, el juego sucede en el marco de una interacción social, por ocio o placer, pero la persona tiene control sobre su conducta y puede abandonarla cuando lo desee. Además, el resultado de un juego no influye en su autoestima ni en su estado emocional; no arriesga demasiado y, en consecuencia, no gana y no pierde demasiado; su vida no gira en torno al juego.

El jugador problemático, lleva a cabo una conducta de juego regular, frecuente y con un gasto habitual de dinero que en alguna ocasión puede resultar excesivo y generarle algunos problemas, pero que no llega a la gravedad del jugador patológico. Tiene menos control sobre sus impulsos que el jugador social, pero su foco de atención no está puesto únicamente en el juego. No obstante, un aumento (gradual o abrupto) en la frecuencia de juego, suele exigirle cada vez más tiempo y más dinero y justamente por esto son personas en riesgo potencial de convertirse en jugadores patológicos. Está en el límite de la adicción.

El jugador patológico es una especie de “buscador de sensaciones”. Tiene una dependencia emocional, el juego interviene en su vida cotidiana y tiene una pérdida total del control de la conducta. Repasemos algunas características:

  • No puede parar. Sigue jugando para recuperar lo perdido o para multiplicar lo ganado. Algo así como la declaración del comienzo: “El dinero del juego siempre termina en el juego”.  Si ganó una vez, ¿por qué no seguir la racha? Si perdió una vez, ¿por qué no intentarlo una vez más? Si ganó y perdió aleatoriamente una y otra vez, ¿por qué no seguir probando suerte? Si sólo le queda lo equivalente para pagar la luz, ¿por qué no intentar duplicar o triplicar ese número?
  • Dinero prohibido. Para ellos la máxima es “El fin (jugar, apostar) justifica los medios (conseguir dinero)”. En otras palabras, suelen pedir dinero prestado o utilizar fondos destinados específicamente a otra cuestión; por ejemplo, dinero para las vacaciones, o montos reservados para pagar la cuota del cole de los chicos o la factura de la luz. En casos extremos, también son capaces de cometer ilícitos para hacerse de un botín y seguir jugando.
  • El juego es lo primero (y lo del medio y lo último). El jugador patológico prioriza jugar por sobre otras cuestiones personales, familiares, sociales y laborales.
  • Autoengaño. Los ludópatas creen que todo está bajo su control. Pueden pensar que son capaces de controlar su adicción y dejarla cuando lo decidan. Por supuesto, esto es una falacia. Como mucho es posible que consiga abstenerse por un tiempo, pero ante el menor estímulo, el impulso triunfará por sobre la voluntad y por sobre las promesas.
  • Señales del más allá (y del más acá). Todo vale. Una caída, una lluvia torrencial, sequía, calor, frío, un sueño, un aniversario, un insecto en la comida…todo vale. Todo puede resultar  un impulso, una excusa o una motivación para seguir jugando.
Por supuesto, las consecuencias lamentables de este comportamiento compulsivo no solo daña la vida del jugador; suceden enormes daños colaterales -a veces irreparables- en todos sus entornos de relación.

En lo personal, los jugadores compulsivos pueden pasar de la tristeza a la alegría; de la ansiedad a la depresión; de la irritabilidad a la euforia, etc. La vida familiar suele verse resentida por la desatención y desinterés, los cambios de humor y las ausencias prolongadas (incluso aunque esté presente). El jugador patológico se aísla de todos sus entornos de relación. La vida laboral y profesional entra en caos. Disminuye el rendimiento y aumenta la desmotivación, la irresponsabilidad y las faltas injustificadas. Muchos abandonan el trabajo o son despedidos. En algunos casos, también pueden tener problemas económicos extremos, como perder el coche, la casa u otros bienes materiales; y problemas legales, producto de ilícitos cometidos para conseguir dinero.

¿Cómo evitamos convertirnos en jugadores patológicos o cómo le decimos adiós a la ludopatía?

En ambos casos, con ayuda y supervisión idónea y profesional. La voluntad del paciente es necesaria, pero no suficiente; lo hemos visto antes, en el párrafo referido al autoengaño. Así también lo afirma Manel Colomer, director de sinconsumir.com y de psicologiaespecializada.es, quien acompaña a las personas en el proceso de recuperación, brindando el apoyo y la asistencia que requiera cada caso:

  • Tratamiento integral de terapia cognitiva para promover el cambio conductual y emocional.
  • Apoyo al paciente en tratamiento 24 horas, 365 días.
  • Terapias individuales para pacientes, familiares y parejas.
  • Terapias de grupo para pacientes, familiares y parejas.
  • Terapias de motivación para el cambio.
  • Sesiones de arteterapia.
  • Actividades terapéuticas.

Cambia tu destino con apoyo profesional.

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