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Mediación organizacional.

Recuperemos la voz y el valor humano en la empresa.

Tim Leberecht, consultor en innovación y definido como el humanista de Silicon Valley, dedicó una charla TED para concienciar sobre la necesidad de crear en las organizaciones un nuevo “humanismo radical”, que celebre la curiosidad y honestidad de las personas y no sólo la mera eficiencia.

¿Por qué esto es importante? Veamos. Se espera que la mitad de la fuerza de trabajo humana sea reemplazada por software y robots en los próximos 20 años. Frente a esta tendencia a la estandarización y a lo mecánico necesitamos -más que nunca- “negocios románticos”; empresas que enamoren.

Es decir, necesitamos diseñar organizaciones que prioricen la autenticidad en vez de la eficiencia y las preguntas en lugar de respuestas. Necesitamos recuperar los valores de las personas; necesitamos volver a escuchar sus voces.

Si lo pensamos por un momento, durante siglos, se han creado organizaciones cada vez más automatizadas y no sólo en materia tecnológica. También a nivel de procesos, puestos, roles y responsabilidades. Y acaso ocupándonos de estas actualizaciones nos hemos despistado un poco del valor humano, olvidando un poco que son ellos los que están en medio de toda esta estandarización. No obstante, lo que tenemos que entender es que por más automatismos que existan, las personas siguen comunicándose, interactuando, acercando posiciones, negociando, discutiendo y resolviendo negativa o positivamente cada evento. Esto no es ni en lo más remoto una crítica a las tecnologías. Por el contrario, todos y cada uno de los avances nos han facilitado el trabajo y la vida en general.

Para que se entienda de qué hablo haré una pequeñísima analogía con nuestra vida íntima y personal. Efectivamente, invertimos en smartphones y en sofisticadas plataformas digitales para estar conectados con todo y con todos y, paradójicamente, estamos cada vez más desconectados, más solos y más lejos. ¿Y el cara a cara? ¿Y el valor de la palabra? ¿La sonrisa cómplice? ¿El gesto? ¿El abrazo?

Quiero decir, tanta conectividad y tanta automatización nos han alejado de lo verdaderamente importante: el valor de las personas y de las relaciones.

Cada una con sus propios principios, valores, sentimientos, pensamientos, emociones, inquietudes etc., que se ponen de manifiesto en cada rol que desempeñan en la vida. Parece obvia la observación, pero eso es exactamente lo que muchas empresas han perdido de vista o han silenciado. ¿La conclusión? En línea con lo que venimos diciendo: tenemos que apuntar a recuperarlo.

A eso también se refiere Leberecht cuando habla de priorizar la autenticidad a la eficiencia y las preguntas a las respuestas. Habla de la necesidad de crear organizaciones en las que la gente sea el núcleo, el motor. Empresas que se transformen en humanistas; es decir, que busquen un propósito que vaya más allá de sus propias necesidades y que, por ejemplo, también apunte a mejorar la condición y la calidad de vida de las personas.

En línea con estos conceptos y sobre todo con los objetivos, basa su trabajo nuestra mediadora especialista, Carol Pinilla; incluso le da una vuelta más. Su intervención en las organizaciones, además de humanizar a las personas dándoles voz y espacio para que esa voz sea escuchada y reconocida; apunta a instalar la cultura del diálogo en la empresa. A que cada uno tenga herramientas y capacidad de acción, libertad para elegir, para gestionar sus conflictos, para negociar y para tomar decisiones.

La cultura mediadora en la organización, sobre todo, insiste en transmitirle a las personas que son verdaderamente importantes y estratégicos para la empresa, y que por ello, además de reconocer su conocimiento y experiencia, son importantes sus habilidades, sus intereses de crecimiento y desarrollo y sus expectativas en el puesto. En cierta forma, se trata de instalar una cultura conjunta de mejora continua en la que, si miramos cada persona como una fuerza con una dirección y un sentido, podemos mirar la empresa como la unión de todas esas fuerzas que rigen en ella.

De todo eso y de un poco más se trata la mirada mediadora en la empresa. Como dice nuestra especialista:

“Incorporar la mirada mediadora en la estructura de la organización, significa redefinir el sistema de valores de la misma. Significa construir una mirada transformadora que permita empoderar a las personas para que sean capaces de gestionar las diferencias y las similitudes en la empresa y en sus vidas”.

No obstante, para que el círculo virtuoso de esta metodología sea tal, el punto de partida de la misma requiere del compromiso, la atención y la responsabilidad de los líderes de gestión y de los directivos que han decidido instalar este cambio de paradigma cultural en la empresa. De la misma forma, el punto final ocurre cuando se analiza el impacto y los cambios que se producen dentro de la empresa, producto de la intervención, en relación a costes cuantificables (tiempo invertido, oportunidad y legal); y cualitativos (emocional, eficacia en la toma de decisiones, rotación, absentismo, etc.).

¿Qué podemos esperar de esta metodología?
  • Entrar en un proceso continuo de mejora. Todas las voces son escuchadas, respetadas y valoradas.
  • Mejorar el clima interno. Equipos de trabajo más integrados, motivados y proactivos.
  • Mejorar la calidad de la comunicación. Sanar el diálogo en las estructuras y en todas las direcciones y en todos los sentidos.
  • Establecer círculos de calidad basados en la humanización y en la autenticidad.
  • Mejorar la salud organizacional.

Contagia valor desde dentro hacia fuera. Conviértete en la organización que inspire a otras a transformarse.

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