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Coherencia Cardíaca.

El equilibrio perfecto no existe; lo que sí existe es la tendencia al equilibrio.

Como hemos visto en un artículo anterior, el corazón se comunica de forma muy estrecha con las zonas del cerebro encargadas de la regulación emocional y la fisiología del organismo. Esta conexión entre ambos supone que el cambio en la actividad en uno de ellos ejerce un profundo impacto en el funcionamiento del otro. Es decir, cuando el corazón se desajusta o entra en estados de calma, sintoniza de igual modo con el cerebro emocional.

Ahora bien, la relación entre ellos se establece a través del sistema nervioso que regula el funcionamiento de todos nuestros órganos. ¿Cómo? Veamos. El sistema nervioso está constituido por dos vías que transmiten estímulos a cada uno de los órganos del cuerpo, partiendo del cerebro emocional. Una de esas vías libera neurotransmisores que controlan las reacciones de lucha y huida y aceleran el ritmo cardíaco. La otra vía libera un neurotransmisor que acompaña los estados de relajación y disminuye el ritmo cardíaco. Así, podemos entender que una vía actúa como freno y otra como acelerador y que, para lidiar con los problemas de la vida cotidiana, necesitamos que ambos estén en equilibrio; que se compensen mutuamente.

De esta forma, es más sencillo comprender -por ejemplo- cómo las emociones que sentimos se reflejan de una forma directa en nuestro ritmo cardíaco.

Es decir,  ante el miedo, la ira o el estrés el corazón late de forma caótica e irregular y esta desorganización producida por este tipo de emociones acaba afectando al cerebro y al resto del cuerpo, perjudicando y dificultando el equilibrio.

Diferente es lo que sucede con las emociones agradables. Con ellas, el corazón adquiere un ritmo regular y armónico que favorece -entre otras cosas- la disminución del estrés y el equilibrio en la actividad del resto de los sistemas del organismo. A este estado de armonía en el ritmo cardíaco se lo conoce como coherencia cardíaca, en el que los sistemas nervioso, cardiovascular, endocrino e inmune del organismo trabajan de una forma eficaz y óptima. No es difícil deducir que este estado de coherencia, también contribuye a que nuestro cerebro sea más rápido y preciso y nos facilita responder más adaptativamente a las circunstancias.

No obstante, para favorecer esos estados de coherencia se me ocurre que cada uno de nosotros podría promover en su vida emociones agradables y evitar aquellas que no lo son. Pero, ciertamente, esto resulta una utopía; sobre todo si tenemos en cuenta en el complejo mundo que vivimos y a la velocidad que lo hacemos. De esta forma, lo primero y necesario es cambiar la perspectiva y empezar haciendo lo que sí está en nuestras manos y dejar de intentar controlar lo inexorable: las circunstancias de la vida. Siguiendo esta premisa, necesitamos empezar por controlar el interior y resolver nuestro caos fisiológico, porque sólo desde un estado de calma seremos capaces de surfear saludablemente cualquier situación vital, por más adversa que sea.

Ahora bien, ¿cómo podemos controlar nuestro caos interno?

Curioso o no, y aunque suene particularmente imposible esto de ser capaces de regular los latidos del corazón de forma consciente, podemos aprender a entrar voluntariamente en un estado de coherencia cardíaca a través del control de nuestro propio ritmo cardíaco.

En este sentido, la tecnología de biofeedback nos permite observar los cambios en el ritmo de nuestros latidos en el mismo momento que suceden, a través de una pantalla de ordenador. De esta forma, podremos tomar conciencia sobre el funcionamiento de nuestro corazón y, luego de un entrenamiento específico, seremos capaces de entrar en este estado de coherencia cardíaca de una forma rápida y sencilla.

21 días de entrenamiento en biofeedback coherencia cardíaca.

El biofeedaback es una técnica no invasiva que, como hemos mencionado anteriormente, nos permite conocer y controlar los procesos inconscientes del cuerpo con el fin de aumentar la relajación y lograr la coherencia cardíaca. Este entrenamiento está dividido en fases, aunque respeta las particularidades de cada persona y permite definir el más adecuado para cada uno. Efectivamente, no todos nos estresamos con lo mismo y mucho menos de la misma manera.

  1. Comprensión. Información y familiarización con el software.
  2. Observación. Mediciones personales e índices de referencia.
  3. Definición. Escala de estresores del individuo y grado de estrés.
  4. Diseño. Prototipo del entrenamiento para la persona en particular.
  5. Implementación. Elaboración el plan de acción particular.
  6. Creación de hábitos saludables. Seguimiento de cada sesión.
Los beneficios de esta técnica son múltiples; entre ellos:
  • Conseguir mayor autocontrol y capacidad de decisión.
  • Mejorar en el funcionamiento cognitivo, aumentar nuestros niveles de atención, memoria, claridad mental y creatividad.
  • Reducir la fatiga. Incrementar la energía.
  • Lograr estados de tranquilidad, paz y bienestar.
  • Conseguir un control más efectivo del estrés y de la ansiedad.
  • Potenciar el funcionamiento del sistema inmunológico.
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