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Tu marca eres tú.

Aprende a comunicarte de manera eficaz.

En el mundo de los negocios hay gente brillante, con ideas interesantes, creativas e innovadoras. ¿Pero saben expresarlas? Seguramente todos tienen claro lo que quieren decir, pero pocos saben cómo hacerlo. Esos pocos son los que triunfan, los que marcan la diferencia, y aquí está la importancia de aprender a comunicar eficazmente.

A propósito de ello, Peter Drucker, unos de los grandes referentes del management, señalaba: “El 60% de los problemas empresariales son la consecuencia de una mala comunicación”. Es posible que una gran empresa tenga estructura para revertir algunas de esas incidencias, pero en el caso de los trabajadores autónomos y emprendedores, una mala comunicación (o la falta de ella) puede suponer su extinción. De una forma más poética, aunque igual de elocuente, lo decía Gabriel García Márquez: “Lo que no se comunica no existe”.

Conocer en detalle lo que somos, lo que nos mueve, lo que hacemos y lo que nos apasiona es sumamente importante y es un excelente primer paso; pero es poco y puede dejarnos en el camino si no aprendemos a comunicarlo de forma eficaz. Tal vez en esta materia deberían prepararnos desde pequeños y así, evitaríamos convertirnos en adultos con un miedo -casi irracional- a hablar en público. También evitaríamos incorporar ciertos fantasmas y mitos que giran en torno a tal evento y que potencian ese miedo. Veamos algunos de ellos:

El buen orador:

Este es un primer fantasma que también sobrevuela al líder en relación a las competencias del liderazgo. En ambos casos, es falso. Cualquier persona puede tener algunas habilidades naturales para ejercer como orador o como líder. No obstante, todas las habilidades son susceptibles de aprendizaje.

Sólo los que son carismáticos saben cómo hacerlo:

Un poco lo que decíamos con antelación. Alguien con carisma puede tener “resuelta” una de todas las cuestiones, pero es una falacia afirmar que sólo con esa cualidad es suficiente. Sería algo tan impreciso como afirmar que alguien tímido jamás podría hablar en público.

Es malo mover las manos mientras hablamos:

Nada es “bueno” “malo” “mejor” o “peor”. Lo que necesitamos en todo momento es coherencia entre lo que decimos, cómo lo decimos y para qué lo hacemos. Si las manos acompañan esa congruencia, es decir, si no se trata de un gesto arbitrario, entonces podrían ser perfectamente funcionales al mensaje.

Hay que memorizar. Las herramientas entorpecen la fluidez del discurso:

Son dos mitos que podría haberlos puesto por separado, pero tienen que ver entre sí. He visto pocos oradores que no utilicen herramientas para reafirmar algunos conceptos de la exposición. Por ejemplo, si vendemos un seguro de vida, sería útil recordar -por ejemplo- la estadística de accidentes domésticos como dato resonante. Pero ¿sería útil recordar la cifra de cada ítem?

La sola gestión emocional es suficiente:

Pues la sola gestión emocional es un buen comienzo, pero por muy relajados y tranquilos que consigamos estar, si no tenemos la estructura del discurso definida y los tiempos de exposición controlados -entre otras cosas-, nuestra ponencia podría pasar a ser un ejemplo didáctico de “qué no hacer al hablar en público”.

El público es lo más importante:

Es importante, pero tan importante como otras variables. Por ejemplo, si la intención de nuestra exposición era presentar nuestro producto/servicio a directivos de distintas empresas y al final obtenemos un aplauso cerrado acompañado de un “te llamaremos si acaso”, ¿sentiríamos que nuestro objetivo fue cumplido? Claramente el público es importante; tanto como centrarnos en nosotros, en qué diremos y en el resultado final que queremos alcanzar.

Por supuesto, hay más cuestiones. Estas son algunas de las creencias más comunes y que más escucha nuestra especialista en oratoria, Marisa Picó, que para dar respuesta y abordar todos los aspectos involucrados en la comunicación, ha diseñado el Curso de Comunicador Eficaz.

Hay muchos autónomos y emprendedores que creen que la comunicación es para expertos y en tal sentido, se desentienden de ello y ponen esta materia en manos de terceros.

Tal vez, esto sea un error de principiantes, aunque puede ser capitalizable. Es decir, puede ser útil para reaccionar a tiempo, para tomar conciencia de que son ellos mismos los que mejor pueden defender su marca, los valores con los que fue concebida y que sólo se trata de aprender e incorporar técnicas y herramientas que les permitan comunicar mejor; de manera más eficaz.

Para un pequeño empresario o un autónomo, un cliente que se gana puede significar una relación cercana, sólida, confiable y sostenible a largo plazo. Puede suponer una recomendación a alguien más y una cadena inacabable de buenas y nuevas oportunidades de negocio. Siguiendo estas pautas como el objetivo principal del curso, nuestra experta define su intervención explicando que no forma oradores, sino que entrena actitudes.

Como habíamos visto en un artículo anterior, ella nos enseña a generar la actitud que queremos y necesitamos para ese momento. En otras palabras, nos prepara para sentir libertad, fluidez y seguridad al hablar en público y a enfocar cualquier tipo de presentación a resultados concretos y tangibles.

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