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Crea tu realidad.
Haz que suceda lo que quieres.

Qué mejor para introducirnos al tema que compartir el inolvidable final de El show de Truman. Los invito a disfrutarlo.

¿Épico, verdad? Ahora bien, ¿por qué lo hemos compartido? Sobre todo, para permitirnos reflexionar en relación a tres cuestiones:

1- ¿Cuántas veces nos hemos sentido Truman? Rodeado de rutinas, sin sorpresas, yendo de un lado a otro sin cuestionar nada, vacíos de contenido, etiquetando a todos y a todo. En otras palabras, en una zona de confort inquietante, en la que “confort” dista de su significado literal.

2- ¿Cuántas veces hemos sentido “señales” que nos animaban a arriesgarnos a algo más, a buscar un sentido en la vida? Tal vez, las mismas veces que las hemos ignorado por no animarnos a cuestionar nuestras creencias y nuestros miedos.

3- Truman se enfrentó a su miedo más profundo (el mar) porque era la única forma de escapar de esa falsa realidad y explorar otras posibilidades. ¿Cuántas veces nosotros, y utilizando el miedo del personaje para la analogía, nos hemos quedado en la orilla solo contemplando la quietud y las tempestades?

Y resulta curioso si consideramos que todos, en nuestros primeros años de vida, somos potencialmente capaces de crear sin límites, de equivocarnos y de soñar sin restricciones, sin juicio y sin miedo al qué dirán. Pero con el tiempo, “entramos en el sistema” y vamos incorporando mandatos, educación y permisos que nos colocan dentro del paradigma de lo socialmente correcto; de lo que deberíamos ser y hacer y de lo se espera de nosotros.

Es durante ese proceso que terminamos siendo “duplicados” y, curiosamente, con una vida similar a la de Truman Burbank. Decía Carl Jung: “El problema de los seres humanos es que nacen siendo originales y mueren siendo duplicados”. Si nos ponemos a pensar, todos somos un poco parecidos, actuamos dentro de los límites de lo aceptable y etiquetamos a las personas y a las situaciones. Como si fuera poco, vivimos en sociedades y en culturas que nos hacen creer, a través de estímulos constantes, que un coche nuevo, una casa más grande o un trabajo mejor nos hará más felices.

Así es que vivimos acumulando objetos, coleccionando logros vacíos de todo y sin darnos cuenta que ese camino de fuera hacia adentro es el camino inverso de la felicidad. Claro que no es culpa nuestra, ni de nadie, aunque sí es nuestra responsabilidad equilibrar nuestra percepción de la realidad; sacudirnos de los mandatos, liberarnos de creencias limitantes y darle un significado a nuestra vida.

Sobre todo, porque el sentido de la vida no pasa por lo que tenemos o lo que aparentamos. Porque la felicidad es, como bien hemos mencionado, es un estado del Ser y va desde dentro hacia fuera. Como nos señala nuestra especialista en el Método Demartini, Carmen Yates:

“Vivir una vida con significado, es hacer lo que nos apasiona, es sentir que eso a lo que nos dedicamos aporta un valor único a nuestra sociedad y al mundo”.

Y es en este sentido que esta metodología que lleva el nombre de su creador, John Demartini, nos permite tomar consciencia de aquellas percepciones desequilibradas que tenemos sobre la realidad y, a partir de allí, ser capaces de restablecer el equilibrio, ampliar y descubrir nuevas y mejores posibilidades. Sobre todo, nos ayuda a identificar las dos partes -positivas y negativas- que tenemos todas las personas y todas las situaciones que nos ocurren a lo largo de la vida; incluso aquellas a las que naturalmente tildamos de terribles o destructivas. A propósito de ello, su creador señala: “Cada aspecto negativo tiene uno positivo, y los aspectos positivos tienen su negativo. No pueden existir el uno sin el otro, igual que dos extremos de un imán. Ocurre que a menudo, en tiempos de grandes retos, es cuando más aprendemos y crecemos”.

Y me aventuro a asegurar que incluso la falsa realidad a la que fue sometido Truman dentro de la escenografía de televisión, también tenía un lado positivo para él. No me adentraré en el tema, pero invito al lector como un simple ejercicio a valorarlo, ampliando su percepción.

Ampliar la percepción, nos abre, nos despierta a una realidad distinta. Ese el objetivo del Método Demartini: una herramienta de mil usos con un sólo fin: mejorar nuestra vida.

Veamos algunas de sus particularidades.

  • Múltiples aplicaciones.
  • Despertar y poder ver desde otra perspectiva.
  • Dar significado a nuestra vida.
  • Resolver conflictos laborales y/o familiares.
  • Descubrir el propósito de nuestra vida.
  • Expandir la consciencia y vivir una transformación personal completa.
Tiene Bases científicas.

Está científicamente comprobado que entre un 80% y un 90% de nuestras acciones y reacciones son inconscientes y, en consecuencia, automáticas. El Método Demartini nos ayuda a desarrollar un estado de consciencia a través del cual es posible desbloquear todos esos patrones y creencias limitantes (inconscientes) para poder vivir en coherencia con nuestro sentido de vida.

No crea dependencia. Promueve la autonomía de las personas.

Efectivamente, a medida que el especialista trabaja con las personas, éstas van adquiriendo herramientas prácticas y simples que podrán aplicar en cualquier ámbito de sus vidas.

En el próximo artículo, nos centraremos en la utilidad del Método aplicado al ámbito de las relaciones de pareja. Buenas tardes, buenas noches y que duerman bien.

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