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Coaching Laboral
de alto impacto.

Cambiar de empresa:
¿qué nos falta para tomar la decisión?

Cambiar de empresa supone movernos de la zona de confort. Quiero decir, a pesar de que haya cosas que no nos gusten, que nuestro salario no sea el más justo, que nuestros jefes no sean los más idóneos, que nuestros compañeros no sean los ideales; incluso aunque hayamos sido nosotros quienes han buscado incansablemente esa oportunidad, no es nada fácil tomar la decisión.

En cierta forma, ya sabemos lo que hay y, mal o bien, nos hemos acostumbrado a convivir con todo ello. Es que la zona de confort no siempre tiene un significado literal; es decir, confort no siempre significa bienestar. De hecho, la mayoría de las veces, se traduce en la comodidad de mantenernos en un ambiente conocido, previsible y sin demasiados riesgos. Ahora bien, si nos abstraemos de la situación planteada al comienzo y considerando la posibilidad de evaluar un cambio de empresa, sería muy cuestionable no contemplar esa oportunidad en detalle. Mucho más sabiendo que hoy por hoy el trabajo para toda la vida no existe.

Cambiar de trabajo, evaluar un cambio de escenario e incluso de actividad económica, puede ser una oportunidad enorme de crecimiento profesional, tanto si la hemos buscado activa e incansablemente, como si alguien nos ha buscado para hacernos la propuesta. Ahora bien, independientemente de cómo ha llegado a nosotros, cuando esa oportunidad se materializa, es inevitable que aparezcan ciertos miedos y que en nuestro entorno se manifiesten defensores y detractores del cambio.

“¡Para qué arriesgarte a esta altura!”, “Déjate de aventuras, muchos querríamos tu trabajo” o el infaltable: “Pero, ¿no estabas bien? ¿Para qué cambiar?”

En cualquier caso, tal y como hemos venido diciendo en artículos anteriores, lo importante es valorar, evaluar, analizar y cuestionar todas las variables intervinientes en nuestra decisión. Es decir, preguntarnos: ¿Dónde estamos? ¿Qué necesitamos? ¿Cómo nos afecta el entorno? ¿En qué aspectos mejoraría o empeoraría nuestra vida tomando esa decisión? ¿Qué es lo que realmente me da miedo?, etc.

Nuestros especialistas en Coaching Laboral, Claudia Codina y Toni Cámara, ayudan a las personas a tomar decisiones difíciles en el ámbito profesional. Ellos entienden lo que supone moverse de la zona de confort, saben que los miedos y las incertidumbres se multiplican y que ante todo ello las personas suelen paralizarse; es decir, deciden quedarse donde están porque se centran más en sus debilidades que en sus fortalezas. En este sentido, es común escuchar que una persona se vea desbordada frente a, por ejemplo, una propuesta laboral ampliamente superadora a la actual; frente a otra que implique pasar de una empresa familiar a una firma de enorme reputación, o ante una propuesta que implique un cambio en relación a la actividad económica de la empresa. 

Importa, independientemente de las particularidades de la oferta, “poner luz” sobre todos los aspectos involucrados. Ponerles nombre, transitarlos y permitir que emerjan a un nivel de análisis consciente.

Al final, tal y como nos señalan nuestros especialistas, ese proceso permite a las personas empoderarse frente a sus desafíos profesionales e, incluso, a superar las expectativas que ellos tenían de sí mismos.

Ahora bien, el abordaje de este tipo de situaciones suele darse -sobre todo- a través de la conversación; específicamente a través de preguntas que le permitan a la persona reflexionar y hallar sus propias respuestas. Lo más importante, tal y como nos señalan nuestros expertos, es permitirle a las personas focalizarse en sus fortalezas para que puedan reforzar su autoestima personal y profesionalmente.

¿Cuáles son algunos de los aspectos que mayormente surgen en este tipo de casos? Si bien algunos los hemos citado a lo largo del artículo, hay muchos otros que dependerán de las particularidades de cada persona. Lo común en todas ellas es que no surgen a simple vista. Quiero decir, suelen surgir a lo largo de las sesiones, cuando se va corporizando el impacto del proyecto de cambio. Curiosamente, mientras ese impacto va “tomando forma”, también van disipándose aquellos miedos paralizantes y van desapareciendo las voces detractoras.

Con certezas más que incertidumbres, tenemos el poder de tomar decisiones con mayor claridad y convicción.

En un cambio profesional, lo que provoca miedo es abandonar la rutina. Sólo pensarlo muchas veces nos hace retroceder y no avanzar. Para dar el paso, hay que ser capaz de soltar lo viejo, abrazar lo nuevo, y no comparar; no porque lo viejo sea peor y lo nuevo sea mejor, simplemente, porque estamos enfocados, evaluando y decidiendo si lo es.

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