QUIERO MÁS INFORMACIÓN

¿Por qué los Millennials
son los mejores líderes situacionales?

Son nativos digitales, abiertos, curiosos, dinámicos, flexibles, inquietos, multitarea y “rebeldes”.

En tal sentido, promueven horarios y ambientes de trabajo amenos y cómodos; se vinculan más y mejor con las personas y generan más motivación en los otros; valoran el hecho de sentirse felices en el trabajo, y se sienten comprometidos cuando son parte de proyectos y empresas con conciencia social y ecológica. Se trata de los millennials (también llamados Generación “Y”); es decir, aquellas personas nacidas entre el año 1981 y el 2000.

En cierta forma, esta generación lo tiene bastante más fácil. Si nos ponemos a pensar, durante siglos, los trabajadores tuvieron que luchar por derechos que hoy son básicos, como las vacaciones, el aguinaldo y/o las jornadas de trabajo justas; mientras que los millenials -con todo eso normalizado-, reclaman, valoran y priorizan el bienestar en la empresa. De hecho, muchos de los millennials que ejercen actualmente liderazgos en distintas organizaciones, ponen el foco en las personas y entienden que el bienestar es clave para una gestión eficiente y exitosa.

A propósito de esto, Google ha logrado el éxito al implementar una original forma de gestión que ha compartido con otras empresas a través de re:Work. En ella la compañía explica cuáles son sus cuatro secretos para impulsar la creatividad y la innovación de los trabajadores día tras día.

Uno de los aspectos sobre los que pone relevancia es la gestión y el liderazgo. Es decir, la importancia de potenciar al equipo; el hecho de estar atento al éxito de los empleados y al bienestar personal; la capacidad de establecer una visión y una estrategia compartida para el equipo, y el hecho de poseer conocimientos técnicos que les permitan asesorar adecuadamente al equipo y a las personas y valorar sus ideas creativas. Otra de las cuestiones clave tiene que ver con la dinámica de equipo.

Es decir, la seguridad psicológica, la confianza, la estructura y claridad, el sentido y el impacto del trabajo. Sobre todo la seguridad psicológica, facilita el intercambio de conocimientos, de vitalidad y de aprendizaje.

Efectivamente, esta forma de liderar nos remite a la teoría del liderazgo situacional ideada por Ken Blanchard y Paul Hersey a la que hacíamos referencia en un artículo anterior. Teoría que, aunque admite ciertas competencias que todo líder debe tener, pone el acento en la idea de adaptar -naturalmente- el estilo del liderazgo (dirección, supervisión, asesoramiento, delegación), a las necesidades de desarrollo o el nivel de madurez de la organización y de los empleados.

Ahora bien, esto no significa que todos los millennials sean estupendos líderes situacionales. Describimos en este artículo cuestiones que la mayoría de quienes pertenecen a esta generación han naturalizado en su vida profesional y en su vida en general. En el ámbito laboral, como mencionábamos párrafos antes, los millennials buscan contribuir a la mejora de la sociedad, se inclinan por una cultura del trabajo colaborativo e inclusivo, demandan mayor flexibilidad en sus puestos y requieren un mayor equilibrio entre su vida laboral y personal. Y, para todo ello, contemplan situaciones que otros liderazgos todavía ven con cierto recelo. ¿Un ejemplo claro? El home office.

Por todo lo que hemos venido diciendo, la ‘Generación Y’ ha revolucionado y revoluciona el mercado laboral.

¿Qué significa esto? En principio, plantea romper con los viejos paradigmas del liderazgo basado en la autoridad y en la jerarquía, que aún hoy “sobreviven” en algunas compañías o en pequeñas empresas como el único modelo para llevar adelante sus negocios.

Claramente, necesitamos menos jefes y más líderes. Pregunto entonces, ¿es posible aprender a ser un líder situacional? No solo es posible; además es necesario. La mayoría de nosotros, a lo largo de la trayectoria profesional, hemos sido testigos de muchos cambios profundos. Las dinámicas del mercado, por ejemplo, nos han demostrado que hoy por hoy, el cliente o el proveedor para toda la vida ya no existe y, en la misma línea, que el trabajo para toda la vida con jornadas de 8 horas inamovibles detrás de un escritorio, tampoco.

También nos ha mostrado que, aunque el salario económico siempre ha sido y es muy importante, el salario emocional es un concepto que ha cobrado especial relevancia -sobre todo- en las generaciones más jóvenes que, como hemos visto, priorizan el bienestar laboral.

Por todo ello, necesitamos reciclarnos, reinventarnos e incorporar en nuestros perfiles competencias que multipliquen nuestras posibilidades de ser los mejores en el mundo profesional.

Necesitamos poner el foco en la gente, en sus necesidades de desarrollo y en sus habilidades. Y para todo ello, un buen principio es comprender que el liderazgo es un proceso de influencia y no de autoridad.

Es en ese sentido, que el liderazgo situacional representa un modelo dinámico en el que el líder se adapta a las circunstancias. De hecho, adquiere un comportamiento u otro en función de su entorno y toma decisiones teniendo en cuenta la situación concreta de su empresa o las necesidades y competencias de su equipo.

Por todo ello, un líder necesitará trabajar, sobre todo, en sus habilidades para:
  • Expresarse claramente y con convicción para que los demás asuman los argumentos como propios.
  • Establecer con claridad objetivos y fomentar la participación de todos los miembros del equipo.
  • Aportar sentido, compromiso y pertenencia.
  • Comunicar abiertamente y con claridad. Escuchar, dialogar, preguntar, sugerir. Crear espacios para que estos intercambios ocurran con frecuentemente y con naturalidad.
  • Planificar estratégicamente: Establecer prioridades según las metas.
  • Practicar la empatía y asertividad. Conectar con otras personas y fomentar la colaboración, la escucha, el diálogo y la cooperación entre todos.
  • Crear espacios de innovación. Disponer espacios para que puedan surgir aportaciones e ideas que mejoren la forma de hacer las cosas.
  • Ser un verdadero facilitador. Ayudar para que todos puedan realizar su trabajo de la mejor manera. 

Todas estas habilidades y competencias permiten que el líder pueda aprender, gradual y naturalmente, a adaptar su estilo de liderazgo en función de lo que requiere el equipo y la tarea.

QUIERO MÁS INFORMACIÓN