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¿Raza peligrosa? ¿Reactiva
¿Comportamiento agresivo?

Experto en liderazgo y entrenamiento canino.

Cada vez somos más los que decidimos tener un perro y hacerle parte de la familia. No obstante, a pesar de esta creciente demanda, existe un gran desconocimiento sobre las razas caninas. Quiero decir, nos preocupamos por el tamaño y por sus características estéticas, pero reparamos poco en el carácter, atenciones y cuidados especiales que requiere cada raza.

De hecho, la mayoría entiende que el carácter del perro está sujeto estrictamente en un tema genético y esto, cuanto menos, es inexacto. Al igual que los humanos, cuya genética influye en un 50/60% para el desarrollo de adicciones y/o enfermedades -entre otras cosas-, existe un altísimo componente de influencia que tiene que ver con factores ambientales, estilo de vida, trato, comportamientos, estrés y alimentación.

De ahí a que conozcamos Pitbulls que son sociables, equilibrados y adorablemente “torpes”; y conozcamos perros de esa misma raza guardianes, agresivos y peligrosos. Efectivamente, meses atrás, corría una lamentable noticia en la localidad de Beniarbeig, Alicante. Cinco perros de raza peligrosa (Pitbull y Bull Terrier) atacaban y acababan con la vida de un hombre. Luego de revisar las incidencias, los investigadores daban con el dueño de los perros. Descubríamos entonces que, lamentablemente, se trataba de otro caso de irresponsabilidad. Estaban “contenidos” en una jaula, sólo uno de ellos tenía chip, mientras el resto carecía de documentación y tampoco tenía seguro de responsabilidad civil.

¿Crees que estos mismos perros, criados en un ambiente familiar, con un equilibrio armónico entre disciplina y esparcimiento, hubieran reaccionado igual?

Pues, efectivamente, no. Pero atención aquí. Hemos mencionado “equilibrio armónico”, lo que significa que no hemos inclinado la báscula hacia “todo caricias y juegos”, ni hacia “todo disciplina y entrenamiento”. Y esta es la cuestión que, muchas personas que deciden tener una mascota en la familia, no tienen en cuenta. Peor aún, creen que un perro genéticamente preparado para proteger y cuidar, como puede ser un Pastor Alemán o un Doberman, se volverán adultos equilibrados y sociables si se crían con un exceso de cariño, con falta de ejercicio y sin ningún tipo de disciplina. ¿Se entiende que esta convicción no tiene nada que ver con la realidad?

Todos los perros necesitan ejercicio, disciplina y afecto. Todos, incluso los pequeñitos como los Caniches, los Puig y los Yorkshire. Está claro que el daño que puede provocar un Pitbull y un Caniche no son comparables, pero estos pequeños suelen -por falta de actividad, por exceso de humanización de sus dueños, etc.-, sufrir ansiedad y estrés por la separación, volverse posesivos y mostrar, en consecuencia, conductas agresivas e inapropiadas.

Existen características y necesidades particulares de cada raza.

Resulta que, como hemos visto, algunos perros necesitan mucha actividad o que requieren más disciplina por su tendencia a la dominancia, o por su facilidad para desarrollar estrés, etc. Pero no es lo único.

Veamos algunas de las causas más comunes que pueden despertar reactividad y/o agresividad en las mascotas:

  • Una cuestión genética.
  • Algún acontecimiento emocional en la familia en base al trato y la comunicación.
  • Desatención a la disciplina o al esparcimiento.
  • La insatisfacción de las necesidades emocionales e instintivas del animal: socialización y comunicación con otros perros.
  • Problemas conductuales asociados a la falta de conocimiento sobre la educación y la satisfacción de las necesidades -físicas y mentales- de su perro.
  • Trastornos y/o enfermedades.

Como podemos apreciar, la mayoría de estas cuestiones están asociadas al comportamiento humano. En especial a la falta de desarrollo en el liderazgo personal y en el liderazgo canino.

Ahora bien, para resumir, veamos también algunos tipos de agresividad canina más comunes:

  • Por competitividad.
  • Por posesión de recursos (cosas y personas favoritas).
  • Por territorialidad y defensa del espacio.
  • Por miedo.

Las dos primeras son el resultado de la interacción que existe entre varios perros, o entre el perro y su líder. Por lo general, cuando un perro se muestra agresivo en estas dos circunstancias es porque un liderazgo incorrecto le ha permitido alcanzar una posición, o ha sentido la necesidad de defender un recurso para asegurar su supervivencia.

La agresividad territorial es mas un comportamiento innato del individuo que la utiliza para defender su espacio de seguridad; por ejemplo, el lugar en el que vive.

La agresividad por miedo puede tener diversos detonantes. Puede ser reactiva, es decir, aparece cuando una persona intenta tocar, abrazar, coger, acariciar o jugar con el perro, acercarse a él o pasar a su lado, regañarle, etc., o bien con otros perros, si estos intentan molestarle subiéndosele encima o jugando de forma brusca con él. Este tipo de agresividad puede aparecer en perros de cualquier raza, sexo y edad y, sobre todo, en perros sensibles con poca estimulación en su desarrollo emocional, excesivamente protegidos y humanizados que han tenido un nivel muy bajo de experiencias sociales caninas.

Luego de todo lo que hemos venido diciendo, la buena noticia es que en un altísimo porcentaje, estas conductas agresivas en los perros se pueden rehabilitar; pero, teniendo en cuenta que el liderazgo canino -en la mayoría de los casos- es lo que ha “fallado”, también debemos modificar la influencia del ser humano sobre el animal. Y vale una reflexión en este sentido. Si rehabilitamos al perro, pero éste vuelve al mismo entorno donde todos los estímulos que desarrollaron su comportamiento agresivo siguen manteniéndose, será muy difícil su rehabilitación.

Hay que revisar y entrenar a ese liderazgo canino y transformarlo también en un liderazgo consciente.

Así, con total seguridad, nos lo afirma José Antonio Mézlau, nuestro especialista en liderazgo y adiestramiento canino que ha diseñado este curso de Experto en Liderazgo y Adiestramiento Canino.

¿Qué aprenderás? Entre otras cosas:
  • Comprender e interpretar a fondo el lenguaje de las señales caninas; interpretar mejor sus códigos de comunicación y sus intenciones.
  • Aprender a gestionar las emociones, empatía y asertividad propias y enseñar a los demás a hacer lo propio.
  • Coordinar grupos de socialización; gestionar y armonizar correctamente la energía de una manada de perros y de un grupo social de perros y de personas.
  • Solucionar una gran diversidad de problemas de comportamiento relacionados con el miedo, el estrés y la agresividad.
  • Mantener el foco, la atención y la calma.

Aquí dejamos un vídeo que reúne conclusiones y aportaciones de los participantes, luego de una clase práctica de rehabilitación de perros agresivos.

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