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¿Jugador o adicto al juego?

Unos 100.000 españoles se encontraban en 2016 en el umbral del juego problemático, un 0,3 % de la población de entre 18 y 75 años. En 2016 el 5,1 % se jugó dinero en locales de apuestas deportivas (3,8 % de 2015), el 6,4 % acudió a algún salón de juego (en 2015, el 4,9 %), el 9 % apostó en la quiniela (8,2 % en 2015) y el 6,8 % invirtió en un casino (6,3 % el año anterior). Además, el número de jugadores en línea se situó en 1,38 millones, 100.000 personas más que en 2015. Estos son datos que surgen del VIII Informe “Percepción social sobre el juego de azar en España 2017″, realizado por la Fundación Codere y la Universidad Carlos III de Madrid.

La ludopatía o juego patológico es considerado un problema psicológico, una adicción conductual que afecta todos los aspectos de la vida. La persona percibe que tiene todo bajo control, pero le resulta imposible aplazar el impulso o deseo por el juego. El ludópata siempre interpreta señales para jugar; números, fechas, sueños, todo puede el medio para conseguir ese ansiado triunfo que -si bien no es la meta fundamental- lo impulsa y lo engaña como si de un espejismo se tratase.

adiccion al juego - Consecuencias del juego patológico o ludopatía.

Básicamente, lo que ocurre es que se miente y manipula a los demás para seguir jugando. Algunos aluden a la adrenalina que los hace sentir vivos cuando su destino depende del golpe de suerte que define una ruleta, una carta, un número, las figuras de las tragaperras y de otras formas de apuestas. Si ganan ya no pueden detenerse. Pero, lamentablemente, el jugador termina perdiendo siempre más de lo que obtiene. Y no únicamente en el aspecto económico; volveremos a esto más adelante. Veamos por qué se desarrolla este comportamiento adictivo.

¿Qué ocurre en su cerebro cuando juega?

Durante el juego intervienen el sistema de recompensa, que libera dopamina, un neurotransmisor asociado a mecanismos de recompensa y a los comportamientos adictivos. Además, están involucradas áreas del cerebro relacionadas con la memoria a corto plazo, con la visión, con la atención, con las funciones motoras, con las emociones y con la motivación. Sin embargo, cuando se genera adicción, alguna de estas áreas cerebrales no funciona correctamente. Esto provoca que se requiera cada vez más de esa estimulación -fenómeno llamado “tolerancia”-, iniciándose un proceso adictivo cuyas consecuencias son devastadoras.

Ese proceso adictivo no comienza en las tragaperras, por ejemplo, y termina allí. Mucho menos arranca en un casino y acaba allí mismo. Como hemos visto, el ludópata necesita jugar, apostar y mantener esos niveles de excitación y para ello diversifica los escenarios de juego y aumenta el tiempo y el dinero invertido. Es decir, lo que empieza en una tragaperras, puede continuar en un casino físico, extenderse a una sala virtual y terminar en un sitio de apuestas online. Todo esto es posible “gracias” a la versatilidad de las nuevas tecnologías que están disponibles 24×7 y a un click de distancia.

Teniendo en cuenta este último dato, no resulta tan curioso el hecho de que se haya modificado la edad de los adictos. Si antes el perfil se asociaba más a personas de edad adulta/avanzada, hoy nos encontramos con muchos adictos adolescentes y jóvenes. Con esos datos, tampoco es ilógico contemplar el desarrollo de otros consumos problemáticos como el alcohol, la cocaína, el cannabis o los psicofármacos, por ejemplo, para mantenerse despiertos más tiempo y poder seguir apostando.

Hablábamos antes de que la ludopatía tiene un gran impacto en todos los aspectos de la vida del jugador y su entorno. Veamos algunos de esos ámbitos:
  • Personal: los jugadores compulsivos pueden pasar de la tristeza a la alegría; de la ansiedad a la depresión; de la irritabilidad a la euforia, etc.
  • Familiar: desatención y desinterés por la pareja e hijos u otros familiares; falta de comunicación; cambios de humor y ausencias prolongadas (incluso aunque esté presente).
  • Laboral/Académico: clara disminución del rendimiento; desmotivación e irresponsabilidad; faltas injustificadas, lo que puede propicia el abandono del trabajo, de los estudios, despidos, etc.
  • Social: desatención y desinterés; disminución de las actividades; pérdida de relaciones significativas y aislamiento.
  • Económico: deudas y problemas de dinero relacionados al juego. El jugador sigue jugando hasta perderlo todo y comienza a apostar dinero que tenía otro destino: para pagar el cole de los hijos, las vacaciones, impuestos, ahorros familiares, etc.
No obstante, a pesar de todo lo mencionado, el jugador compulsivo tiene la profunda convicción de que todo está bajo su control.

Es decir, esta creencia es la misma que puede llevarle a pensar que puede controlar su adicción y dejarla cuando él lo decida. Por supuesto, esto es una falacia. De hecho, es posible que pueda abstenerse por un tiempo, pero en algún momento a partir de alguna situación puntual, el impulso triunfará por sobre la voluntad y por sobre las promesas.

La fuerza de voluntad es una condición necesaria pero no suficiente; en todos los casos es necesaria la supervisión y ayuda idónea y profesional.

Así nos lo afirma Manel Colomer, director del centro Sinconsumir, quien acompaña a las personas en el proceso de recuperación, brindando el apoyo y la asistencia que requiera cada caso:

  • Tratamiento integral de terapia cognitiva para promover el cambio conductual y emocional.
  • Apoyo al paciente en tratamiento 24 horas, 365 días.
  • Terapias individuales para pacientes, familiares y parejas.
  • Terapias de grupo para pacientes, veteranos, familiares y parejas.
  • Terapias de motivación para el cambio.
  • Sesiones de arteterapia.
  • Actividades terapéuticas.
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