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El poder del lenguaje
en el coaching.

¿Tu lenguaje te expande o te limita?

Al lo largo de la historia de la humanidad, grandes líderes y pensadores han utilizado el poder del lenguaje para influir en nuestras emociones, pensamientos y acciones. Sin embargo, muchos de nosotros no terminamos de tomar conciencia sobre el poder del lenguaje y el impacto que tienen nuestras palabras en la relación con nosotros mismos y con los demás. Ciertamente, el lenguaje tiene la capacidad de dar y quitar poder.

Según el enfoque del Coaching Ontológico, el lenguaje es una herramienta poderosa para construir y diseñar nuestro mundo y nuestra vida; es el pilar mediante el cual nos construimos y transformamos como seres humanos. A propósito de ello, Rafael Echeverría en su libro Ontología del Lenguaje, menciona tres postulados:

  1. Interpretamos a los seres humanos como seres lingüísticos.
  2. Interpretamos al lenguaje como generativo.
  3. Interpretamos que los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él.

Veamos. Por siglos, hemos considerado al lenguaje como un instrumento meramente pasivo o descriptivo del mundo exterior y del mundo interior (expresando lo que pensamos o sentimos). No obstante, el coaching ontológico entiende que el lenguaje no sólo nos permite describir lo que ya existe; además, nos permite crear una realidad que todavía no existe.

Y ese poder generador del lenguaje, también nos hace responsables de la realidad respecto a posibilidades, compromisos y futuros diferentes que creamos cuando hablamos. De hecho, también somos de acuerdo a cómo hablamos. 

Tomar conciencia del poder generador de nuestro lenguaje nos permite utilizarlo para transformar aquellas situaciones insatisfactorias en plenitud y satisfacción de vida.

Vale una aclaración aquí, pues no se trata de decirnos lo que queremos oír; se trata de aprender a generar un lenguaje empoderado y responsable, dejando atrás el victimismo y la mirada pasiva que nos coloca “fuera” de la situación.

¿Cómo? Veamos un poco más. Aunque cada uno de nosotros está expuesto a condicionamientos biológicos y naturales, históricos y sociales, eso no hace que seamos de una forma de ser determinada y permanente. Todos nosotros nacemos con la posibilidad de diseñar nuestra propia forma de ser, a través de la capacidad generativa del lenguaje. Efectivamente, si cambiamos nuestro lenguaje, y agregamos y dejamos de lado ciertas frases y palabras, nos hacemos responsables de nuestro mundo y por lo tanto, podemos transformarlo.

¿Qué quiero decir? De alguna manera, muchos de nosotros utilizamos habitualmente palabras como “todos, ninguno, tal vez, intentar, debería, tendría”, etc. Desde este discurso, plagado de generalizaciones y potenciales, formamos relatos que nos posicionan como víctimas y no como responsables de la situación; hacen que situemos el poder en el afuera y, por ende, nos excluimos de la toma de decisiones y de la solución.

El lenguaje no es inocente. Fijémonos, por ejemplo, en la falta de fuerza, de compromiso (para nosotros mismos y para quienes nos escuchan), y responsabilidad que surge de frases como: “Voy a intentarlo o “debería hacer tal o cual cosa” “No lo terminé porque no me dio tiempo” o “Querría dejar de fumar pero…”. Cada palabra que decimos tiene un peso, una fuerza, una magia que abre o cierra posibilidades; que esconde, distorsiona o disfraza la responsabilidad, que habilita o inhibe determinados cursos de acción. En todos los ejemplos que hemos citado se refleja un lenguaje victimista o una proyección liviana a futuro; es decir, no suponen una responsabilidad en primera persona, ni un compromiso cerrado para la acción.

El lenguaje, las palabras, pueden cambiar el curso de nuestra vida -siempre que estén alineadas y en coherencia con todas las dimensiones y aspectos personales-.

Todo tiene que ver con todo, y por ello, la mirada integral en el coaching es premisa fundamental. Definir el objetivo a trabajar y traducirlo en acciones realizables es una de ellas.

El lenguaje es generativo, genera realidades y tiene un gran poder transformacional. Las preguntas y las respuestas -la comunicación, qué decimos y cómo lo decimos- es la clave fundamental para la indagación en cualquier proceso de coaching. Claro que no es el único aspecto. Como decíamos párrafos antes, el lenguaje, está estrechamente vinculado y en coherencia (o no) con los otros dos dominios: cuerpo y emoción. Es importante no olvidar, como señala Maturana, que “todo lo dicho siempre es dicho por alguien”. De esta forma, no solo es importante qué dicen las personas; también es fundamental la forma en que son dichas las cosas.

Por todas las cuestiones que hemos venido abordando brevemente, es tan importante que todo coach en formación descubra, conozca y experimente todo el poder de su lenguaje personal. Frente a ellos aparecerán personas que desconocen que el lenguaje puede ser una herramienta de empoderamiento -o todo lo contrario-.

Así lo conciben los profesionales Lider-haz-GO! y por ello han diseñado el Programa de Certificación en Coaching que contempla un aprendizaje experiencial -en primera persona y en primer lugar- de cada contenido abordado a lo largo de la formación.

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