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Liderazgo femenino.

Que tu emocionalidad sea tu motor y no tu ancla.

Muchas de nosotras hablamos de hacer grandes cosas, de marcar la diferencia, de animarnos a más en nuestra vida personal y profesional. Admiramos a las grandes mujeres que nos han allanado el camino en ambas cuestiones y entendemos que todos esos logros no han sido producto de la casualidad, sino de buenas decisiones, de incansable dedicación y de mucha inspiración.

Todas cuestiones que suenan muy bien, pero que tantas veces nos parecen imposibles en nuestra vida diaria. JK Rowling, la autora británica de Harry Potter, decía: “Más que nuestras habilidades, nuestras decisiones muestran quiénes somos realmente”. Pero claro, si entre tanta decisión que hay que tomar seguimos haciendo siempre lo mismo o, mejor dicho, seguimos sin decidirnos a hacer algo distinto, entonces no podemos esperar que nada cambie.

Tomar las riendas de nuestras vidas y responsabilizarnos es una decisión. Tal vez la primera y la más importante. A propósito de ello, Cuca Vinaixa, nuestra especialista en coaching para mujeres, nos ayuda a desandar ese camino; nos invita a cuestionar nuestras creencias, juicios y miedos para que, como tantas otras mujeres, seamos capaces de liderar nuestra vida. En este sentido, podemos revisar algunas cuestiones fundamentales. Veamos.

Entre la culpa y el resentimiento.
¿Por qué nos cuesta tanto decir que no?

Muchas veces sentimos que el día nos rendiría si tuviera más horas. A menudo, nos quejamos de que no tenemos respiro y de que no nos queda tiempo para dedicarnos a nosotras. Ahora bien, ¿por qué nos cuesta tanto priorizar las tareas? Hagamos una salvedad en forma de repregunta, ¿esas tareas que no priorizamos son nuestras o son producto de que no sabemos decir que “no”? Sincerémonos. Nos cargamos de compromisos porque no podemos convivir con la culpa que supone decirle que “no” a los demás y terminamos haciendo malabares para cumplir con todo y con todos. ¡Cuánto nos pesa ese viejo y vigente mandato que dice: “las niñas buenas dicen que sí”!

¿Nosotras contradictorias? Nunca.
Bueno, a veces. Es cierto, casi siempre.

En la pareja, por ejemplo, nos encanta demostrar que podemos con todo (y más) y nos encanta hacernos cargo. Claro que tanto “sí puedo” agota. Y a esto me refiero con la contradicción. A la pareja siempre le demostramos que podemos, aunque tal vez siempre esperamos que -de alguna manera- sea el otro el que nos ponga los límites viendo tanta entrega e incondicionalidad de nuestra parte. Pero como no lo hace (porque al final somos nosotras las que damos el mensaje de súper-poderosas), entonces alimentamos más y más el resentimiento. ¿No será que nosotras mismas confundimos a la pareja dando un mensaje inexacto? ¡Es que ni siquiera les hemos dado una pauta previa de que estábamos al borde del colapso!

Y en el trabajo ocurre lo mismo. ¿Cómo decir que no? Pensarán que no podemos, que no estamos preparadas, elegirán a otro/a, nos perderemos el ascenso, olvidarán lo buenas que somos y un interminable etcétera de juicios y miedos que abundan en las conversaciones internas. ¿De verdad creemos que se nos va la vida en un hecho puntual? ¿Cuánta falta de autoconocimiento y de autoestima resuena en estos diálogos internos?

Quitémosle pecado al “no” y aprendamos a negociar.

Es curioso, porque aunque decir “no” nos genera culpa (sobre todo porque infringe el mandato de niña buena), y decir siempre que “si” termina generándonos resentimiento, siempre nos decantamos por una de las dos opciones, como si no hubiera más.

Decididamente tenemos que entender que hay un punto intermedio entre los extremos y que supone aprender a negociar, a repartir juego. Tenemos que empezar a restarle dramatismo al “no” y a relativizar su carácter definitivo. Quiero decir, el “no” puede ser un si, siempre y cuando encontremos algunos matices. Por ejemplo, “no puedo ahora mismo, aunque si puedes posponerlo hasta mañana podré ayudarte sin problema” o “para hacer un buen trabajo, sin descuidar otros temas, necesitaré un par de días más”.

¿Se entiende la diferencia entre “si”, “no” y el matiz que abre la negociación? ¿Se entiende el espacio que nos da y que le da al otro para aceptar o replantear la propuesta?

La negociación es mucho mejor que ceder -siempre e incondicionalmente- o negar -siempre y precipitadamente- y es posible aplicarla en todos los ámbitos de la vida. Además, cuando aprendemos a gestionar nuestras emociones, podemos identificar cuáles de ellas nos abren posibilidades y cuáles nos anclan en la inacción. Por ejemplo, el hecho de negociar nos invita a “movernos” de esas emociones cerradas y tan difíciles de gestionar -como la culpa y el resentimiento-, y nos permite situarnos desde la asertividad y la empatía –desde las que todo resulta más viable.

Cuca Vinaixa nos invita a tomar conciencia de todos esos miedos, creencias y juicios que rigen nuestras conversaciones internas y nuestras emociones y que, como hemos visto, suponen un claro obstáculo a la hora de liderar nuestra vida; a la hora de tomar decisiones, de priorizar y de priorizarnos. Ella nos ayuda a trabajar en conceptos como el autoconocimiento, la autoestima, la autoconfianza que, finalmente son los pilares sobre los que se construye un liderazgo sólido, auténtico y sostenible.

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