QUIERO MÁS INFORMACIÓN

Las mil y una formas
de la manipulación.

Los manipuladores están por todas partes. En la vida política, en la religión, en el deporte, en la empresa, en la familia, en las relaciones de pareja, de amistad, en las comunidades de vecinos, etc. La manipulación, como hemos visto en un artículo anterior, obedece a muchos factores y casi todos hemos sido (o seremos) manipulados en algún momento de nuestra vida.

Ahora bien, ¿siempre somos víctimas de los manipuladores expertos o muchas veces entramos y nos quedamos en el juego porque nos conviene?

Veamos de qué hablamos, mientras recorremos algunas ficciones que evidencian perfectamente los juegos de manipulación sin reparo alguno y en diferentes escenarios.

El matrimonio Underwood -Frank y Claire-, protagonistas de una de las series más populares de la actualidad House of Cards, son dos grandes representantes de lo que supone la manipulación en el mundo de la política, pero también en el mundo de la pareja. Podríamos analizar los dos escenarios por separado, respetando entonces aquella máxima de “no mezclar la vida personal con la vida laboral”, pero es que ellos armaron una sociedad conyugal que trasciende a la vida política… ¿o al revés?

Son una pareja todo terreno, cuya idea del matrimonio dista de cualquier estereotipo de fácil comprensión. Los Underwood se tienen un enorme y profundo amor, aunque frío y tremendamente aparente, sacrificado y conveniente. ¿Qué los mantiene unidos? Ambos están bastante solos en el mundo, han pasado casi treinta años juntos, han renunciado a tener hijos e incluso a tener intimidad entre ellos; pero se necesitan, aunque la unión responda -sobre todo- a fines sociales y políticos. De esta forma, ambos mantienen un silencio estoico de todo lo que sucede puertas adentro, y aunque en distintos momentos tanto secreto amenaza con romperse por las partes más endebles de la historia, siempre logran mantener intacta la apariencia.

A mi juicio, ellos mismos se terminan creyendo esa historia. A ambos les conviene jugar ese juego de manipulación en la pareja. Lo dos se manipulan y se dejan manipular. Curiosamente o no, un slogan que plantea la serie para “ser más” que el matrimonio político adversario es: “Ellos son lo que todo el mundo quiere ser. Ustedes, los Underwood, son aquello en lo que todos quieren convertirse”. ¿Paradójico verdad?

Dejamos a la singular pareja y para referirnos a los juegos de manipulación en el trabajo, elegimos citar la inolvidable película El diablo se viste de Prada, cuya historia recrea lo que sucede en el corazón de Runway, una de las revistas más prestigiosas del mundo de la moda.

La gran manipuladora que despierta tantas pasiones como odios en esta historia es Miranda Priestly (magníficamente interpretada por Meryl Streep). Ella da vida a una mujer exitosa, déspota, ambiciosa, adicta a la perfección y al trabajo que ha conseguido ser la referente número uno de la moda. No obstante, es la misma persona que en su vida personal es vulnerable y convive con el fracaso y desprecio. Es interesante esta dualidad si recurrimos al aspecto compensatorio. Quiero decir, que desde ese liderazgo manipulador y autoritario, ella puede observar (y disfrutar) como los demás experimentan la frustración, tal y como ella la padece en su vida personal. Dicen que cuando uno comparte el dolor, este se suaviza. ¿Será eso?

Ahora bien, ¿recuerdan a Emily? Ella era su asistente principal que trataba de mantenerse a flote a cualquier precio, cumpliendo con sus demandas absurdas con una precisión casi milimétrica, como si la vida se le fuese en cualquier error que pudiera cometer. Una chica acostumbrada a dejarse manipular para conseguir el sueño de pertenecer a la élite de la moda.

Bastante distinta es la situación en la que aparece el personaje de Andrea (Andy) Sachs, joven y con un estilo despreocupado, que pronto comprende que para triunfar en ese negocio va a necesitar entrar en el juego de la manipulación explícito que le plantea su jefa. Es curioso, pero pareciera que el personaje de Andrea supiera -desde el minuto uno- de qué va ese juego y decidiera jugarlo un tiempo para demostrar y demostrarse que es capaz de estar a la altura de las exigencias.

¿La diferencia entre ellas? Andy tiene límites y cuando toma conciencia de qué está pasando y como todo aquello le afecta en su vida, decide “bajarse” del juego de manipulación, atenerse a las consecuencias que ello supone, recuperar su autoestima y buscar el equilibrio nuevamente. Emily, en cambio, pagaría una y mil veces por seguir en ese papel hasta conseguir lo que quiere, incluso siendo consciente de que está siendo utilizada, descartada y vuelta a utilizar. Sin demasiado análisis, lo que podemos apreciar en el caso de Emily es su falta de autoestima, autovaloración y autoconfianza. Ella siente -o le han hecho sentir- que no es capaz de afrontar la situación y que su valía profesional depende estrictamente de la incondicionalidad hacia su jefa.

Hemos recreado algunos ejemplos de manipulación explícitos y protagonistas de grandes ficciones. Lo cierto es que en nuestra cotidianidad a veces no son tan obvios, pero pueden ser igual de poderosos, igual de convenientes e igual de dañinos.

Lo que tenemos que tener claro es que, para salir de un juego de manipulación indeseado, necesitamos trabajar en conceptos como la asertividad. ¿Qué diferencia supone? La asertividad nos permite establecer nuestro punto de vista de manera sincera y directa, sin sonar agresivos pero sin volvernos sumisos tampoco. De esta manera, no dejamos que alguien sobrepase nuestros límites marcados, ya sea dentro de la pareja o en la vida laboral.

QUIERO MÁS INFORMACIÓN