QUIERO MÁS INFORMACIÓN

¿Te enfrentas a una
decisión importante?

¿Qué filtros aplicas a la hora de tomar una decisión?

Séneca decía: “No es porque las cosas sean difíciles que no nos atrevemos, es porque no nos atrevemos que son difíciles”. Parece un juego de palabras, pero si lo releemos con atención es bastante más que eso.

Ya sabemos por experiencia que el hecho de tener que tomar decisiones difíciles, vitales, cruciales, no es algo que se nos dé de maravillas. La mayoría de nosotros hemos generado un sinfín de excusas para justificar la falta de decisión. ¿Cuáles? La postergación -indefinida-, producto de no afrontar la situación (o de no saber cómo); la exageración -ilimitada- de las consecuencias si decidimos una cosa u otra; la duda -insufrible- que supone barajar cada vez más hipótesis (drásticas en general), o la infinita lista de potenciales -“debería”, “tendría”, “necesitaría”- con los que especulamos antes de tomar una decisión.

Al final, lo único cierto de todas esas excusas es que no decidimos porque nos anclamos en la especulación en vez de en las certezas. Cuando nos quedamos en ese terreno, es decir, cuando no “bajamos a tierra” todas las cuestiones involucradas en una decisión, lo que estamos decidiendo es no decidir. Claro que no hacemos todo esto por amor a dejar pasar las oportunidades. Lo hacemos porque la mayoría de las veces carecemos de herramientas para fundamentar esas decisiones y porque no sabemos cómo poner luz sobre todos los aspectos que involucran. Por todo esto es que resulta común eso de contrastar con el entorno: “¿Y tú qué harías? o ¿Y tú cómo lo harías?”, como si necesitáramos el aval de alguien más para hacer algo (o no).

Necesitamos acabar con los filtros de la especulación y tomar las decisiones según los filtros de la certeza.

Pero para ello, tenemos que ser capaces de sincerarnos con nosotros mismos. Así nos lo señala Marcos Escamilla, nuestro coach experto, que ha diseñado este entrenamiento ¡Toma una decisión! combinando una serie de técnicas de probada efectividad y de distinta índole, que nos permite de forma rápida, certera y concreta abordar todos los aspectos involucrados en la toma de decisiones. Y hago una salvedad importante aquí. Este no es una método que nos ayuda a encontrar la mejor forma de hacer algo; apunta a darnos las certezas de por qué si tenemos que hacerlo o por qué no tenemos que hacerlo en este momento y en estas circunstancias.

Es decir, la metodología, como hemos visto en un artículo anterior, nos invita a poner sobre un lienzo las cinco cosas más importantes en nuestra vida. Aquí no hay palabras vagas, perdidas, cosas que se suman, se restan o se inventan. Aquí hemos de ser concretos y escribir esas cuestiones; ni una menos, ni una más.

Ahora bien, lo que nos tiene que quedar claro es que este entrenamiento es una herramienta que funciona en el presente. No importa el pasado (ahí se expresará la intuición y hablaremos de ella más adelante), ni el futuro (que es pura incertidumbre). El tema es que hacer o no hacer es temporal, es algo de ese momento: Esto significa que si el resultado es no hacer porque eso tiene un impacto negativo sobre algunas de esas cosas importantes, tenemos la posibilidad de cambiarlo y, recién entonces, podríamos volver a revisar la decisión (en otro presente). En este sentido, Marcos es un convencido de que, cuando ponemos sobre un lienzo las cosas, todo cobra sentido y, fundamentalmente, nos permite acabar con las especulaciones y las manipulaciones.

Y hablando de manipulación, hablemos de la intuición.

Nos hemos referido a ella párrafos antes diciendo que era algo así como el “peso del pasado”, la experiencia a la hora de tomar una decisión. Como podemos ver, aquí no nos referiremos a la intuición como una mera corazonada o como un don divino, sino como la manera de escuchar todo nuestro pasado sin el filtro de la manipulación.

Pero para entender cómo funciona nuestra intuición, nuestro especialista nos pone de ejemplo el funcionamiento de las ventanas de los viejos Windows 95/98. Estos sistemas operativos, ante algo inesperado, nos recomendaban una acción predeterminada. O sea, cuando no sabíamos qué hacer ante la pregunta de la ventanita emergente que tanto miedo nos daba, la solución era darle al “enter”. ¿Qué significaba esa opción? Que -por la experiencia recopilada de Windows de tantos usuarios inexpertos-, esa era la opción definida por defecto que evitaba provocar problemas y/o daños en los archivos.

Y la intuición funciona un poco de esa forma. Por cada experiencia que hemos vivido tenemos asociadas reacciones, sentimientos y emociones. Ante circunstancias parecidas, la intuición es esa vocecita que nos dice “vayamos por aquí que normalmente ha funcionado”. No es ni buena ni mala, está basada en la experiencia y no se puede entrenar; lo que sí podemos hacer es aprender a entenderla o a escucharla un poco más.

En cierta forma, hemos hablado de la intuición porque al final de la metodología cobra especial protagonismo, pues es la que acaba indicándote si debes confiar (o no) en el resultado que has obtenido. ¿Crees que podría sorprenderte?

QUIERO MÁS INFORMACIÓN