QUIERO MÁS INFORMACIÓN

El Poder de la Elección.

Liderazgo consciente para afirmar la vida.

¿Por qué será que en las mismas condiciones o situaciones, algunas personas se sienten felices vitales y otras no? Lo que para algunos es inhumano, incómodo, injusto o absurdo es para otros, confortable, adecuado, bonito y placentero ¿Cuál es la diferencia?

Al explorar esta pregunta, he llegado a diversas posibles conclusiones creando una compleja matriz de posibilidades. Existe el factor de la compensación que recibes por estar en esa situación: el entorno que pueda haber alrededor, la calidad y solidez de las estructuras que la sostienen, etc; pero de todas éstas, hay una que me llamó especialmente la atención: La Elección. Parece ser que aquellas personas que son felices con su actual situación -sea cual que sea- son personas que han elegido; o bien han elegido aquella situación, o bien han elegido ser felices con independencia de esta.

La primera, conlleva la aparente dificultad de crear la vida que uno desea. La segunda, nos obliga a cambiar los patrones a través de los cuales definimos la felicidad.

Sin embargo, hay un punto de unión entre ambos caminos: en ambos, es posible que nos encontremos con resistencias que nos autoimponemos. Cada vez que decimos que algo no es posible, que no tenemos los recursos suficientes o incluso que no lo merecemos, estamos ante una de esas resistencias. Seguro que muchos de nosotros nos hemos cruzado con más de alguna resistencia y en más de una ocasión ¿pero de dónde provienen?

A lo largo de nuestra vida, especialmente en los seis primeros años de vida, hemos ido creando nuestro sistema de creencias a raíz de todo lo que hemos aprendido sobre la vida: las relaciones, el dinero, la vivienda, la dignidad, la humanidad y cualquier otro aspecto de la vida que se os pueda ocurrir. Este sistema de creencias funciona más o menos cómo las raíces de un árbol: con el tiempo, van creciendo y se hacen más fuertes siempre y cuando les prestemos atención y las sigamos utilizando. De ellas, nacen nuestros pensamientos, palabras y acciones.

Las raíces de un árbol, buscan siempre el agua y los nutrientes necesarios para que el árbol crezca y prospere a la vez que le proporcionan estabilidad. De alguna manera, se encargan de recoger todo el amor de la tierra y convertirlo en crecimiento y seguridad. En los humanos, funciona de la misma manera, algunas creencias nos mantienen seguros y otras, nos aportan crecimiento. Las primeras están enraizadas en aquello que más amamos: nuestra familia, nuestra comunidad, incluso, nosotros mismos y nuestra integridad. Mientras que las segundas, se enraízan en aquello que deseamos: nuestros valores, nuestro propósito de vida, nuestros sueños.

La gran diferencia es que -al contrario de los árboles- los humanos generamos creencias que muchas veces están tan enfocadas a mantenernos seguros, que nos impiden crecer.

Creencias que buscan el crecimiento de forma tan impetuosa que nos ponen en peligro. Y es desde éstas creencias donde nacen las resistencias.

Por ejemplo, imagina que alguna de tus creencias te susurre:

“La gente rica es feliz y la gente pobre es triste”; “Para ganar dinero tengo que esforzarme y trabajar duro”; “Para ser un hombre digno, debo hacer feliz a mi familia”, etc.

Entonces, al combinar estas tres creencias decides:

“Para poder ser un hombre digno y feliz, debo esforzarme y trabajar duro, para así traer dinero a casa y hacer feliz a mi familia”. Con lo cuál probablemente, me levanto a las 6:00am para ir a trabajar y vuelvo a casa hacia las 20:00pm, algunos días incluso a las 22:00pm. Normalmente, cuando llega el fin de semana, estoy demasiado cansado para disfrutar con mi familia, me resisto a según qué actividades, -por supuesto siempre en sitios dónde haya cobertura- por si me llaman por algo importante del trabajo.

Como consecuencia de ello, vives con una falta total de vitalidad.

Por mucho dinero que gane, parece que nunca logro ser completamente feliz y por ende, mi familia tampoco dado que me echan de menos. Cuando mi mujer me dice que le gustaría pasar más tiempo conmigo, me ofendo porque en el fondo, creo que está poniendo en peligro mi dignidad como hombre. Mis creencias han tomado el control de mi vida. No me están permitiendo elegir libremente, y es por eso que nunca me acabo de sentir feliz y vital.

Conectar con otras perspectivas nos permitirá recuperar nuestro poder de elección y entender el liderazgo como un concepto global: “soy líder de mi mismo y lidero mi vida” (ya no es un concepto asociado sólo al trabajo). 

Nuestras creencias, nos ayudan a crecer y a mantenernos a salvo pero ellas no saben ni deben dirigir nuestra vida, simplemente actúan como indicadores y no siempre están actualizadas. Es por este motivo que desde Leading For Vitality os invitamos a cuestionar nuestro sistema de creencias y valores, para poder desarrollar -entre otras cosas- un liderazgo que permita Ser, Inspirar, Cuestionar, Desarrollar y Servir.

Existen muchas y diversas maneras de modificar nuestras creencias pero definitivamente, podríamos agruparlas en dos grandes conjuntos:

1- Crear poco a poco un nuevo sistema de creencias que me permita vivir la vida que quiero y deseo. Un sistema consiste en substituir directamente la creencia antigua por una nueva, más actualizada, de creación propia y que esté alineada con quién en esencia, soy.

2- Cambiar el comportamiento por uno de mi elección, alineado con mis valores y propósito. Como resultado de esto, las antiguas creencias caerán en el desuso y acabarán por morir; en su lugar, aparecerán nuevas creencias que me permitan vivir estos nuevos comportamientos con naturalidad.

Para poder desarrollar un liderazgo consciente es imprescindible cuestionar nuestro sistema de creencias personales y organizacionales. De no hacerlo, por mucho que nos encontremos en posiciones de alto rango, no seremos nosotros quienes tengamos el poder y el control sino nuestras creencias, individuales y colectivas.

QUIERO MÁS INFORMACIÓN

Yura Àtuk Pereda
Facilitador de Leading for Vitality