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El arte del cuerpo
en el coaching.

“El conocimiento es tan solo un rumor hasta que está en el músculo.”

Isabel Chacón, a propósito del eje de desarrollo de este artículo, nos señala: “La conciencia corporal es de suma importancia para un coach, porque mientras un pensamiento, una emoción, la energía y la conexión con el espíritu de una persona son aspectos intangibles, el cuerpo es tangible; es lo que nos pone en el mundo, es concreto y eficaz”.

Dicho en otras palabras, el cuerpo nos habla de todas las dimensiones del Ser y es una maravillosa herramienta para transformar el observador del cliente.

No obstante, y como siempre lo decimos, para trabajar desde el cuerpo el coach necesita reconocer el suyo propio, aprendiendo a escucharlo, habitarlo y activarlo e identificándolo como un lugar de aprendizaje y transformación. Es creciendo en su propia conciencia, que podrá ayudar a otros a hacerlo.

Sabemos que somos seres únicos, complejos y cada uno tiene una programación diferente. Eso también significa que no existe un instructivo universal que nos enseñe a “leer” el cuerpo de todos, porque un movimiento, un gesto y/o una reacción en una persona no necesariamente significa lo mismo en las demás. No obstante, sí nos permite interpretar, reconocer patrones, detectar que algo que sucede en el momento que sucede y, como coaches, además aprendemos a facilitar al cliente el reconocimiento de esos patrones.

A propósito de ello, Etckhart Tolle, en un fragmento de su libro El poder del ahora, señala: “Si usted quiere conocer realmente su mente, el cuerpo le dará siempre un reflejo verdadero, así que observe la emoción o más bien siéntala en su cuerpo. Si hay un conflicto aparente entre ellos, el pensamiento será la mentira, la emoción será la verdad. No la verdad última sobre quién es usted, pero sí la verdad relativa de su estado mental en ese momento”. 

Ahora bien, antes de continuar, veamos cuáles son las distinciones corporales fundamentales:

  • Respiración.
  • Sensaciones corporales internas.
  • Tensiones musculares.
  • Posturas y gestos.
  • Movimiento corporal.

Cuando conocemos y experimentamos estas cinco distinciones corporales, como hemos dicho, no “aprendemos” a leer y/o a suponer lo que significa una determinada reacción, gesto o movimiento. Lo que sabremos hacer -como coaches profesionales- es detectarlas y entonces preguntar al cliente sobre eso que ocurre en ese momento, para que sea él mismo el pueda tomar conciencia de su significado. Cuando las personas aprenden a reconocer sus hábitos corporales, que son ni más ni menos que sus programas puestos de manifiesto a través de su corporalidad, entonces pueden redirigirlos, cambiarlos e incorporar hábitos corporales más saludables.

Por ejemplo, mientras alguien habla de la relación que lleva con su jefe y de la dificultad que siente para pedirle que no le grite y que se dirija a él con mas respeto, se le caen los hombros, respira aceleradamente y se le hace un nudo en la garganta. ¿Podemos creer que esto es una casualidad? Pues no. Claramente es una manifestación corporal que evidencia algo más (sentimiento de inferioridad, impotencia, baja autoestima, etc).

Ahora bien, ¿qué sucede si el profesional le facilita -en ese mismo momento- la detección de esos patrones? ¿Y si además le ayuda a modificarlos? ¿Supondría una diferencia?

Diría que supondría una diferencia notable. Veamos. En un artículo anterior, citábamos a Amy Cuddy y su investigación acerca de cómo las posturas abren y cierran posibilidades. Ella hablaba de las posturas que empoderan, de cómo ese cambio postural afecta a toda la biología del cuerpo, y de cómo desde el cuerpo podemos transformar lo que sentimos y lo que pensamos.

Efectivamente, muchas veces decimos lo que pensamos y sentimos, pero muchas otras veces -consciente o inconscientemente- diluimos el discurso e intentamos disimular la intensidad de nuestras emociones. No obstante, la palabra la podemos manipular, pero el cuerpo no. Por ello, como profesionales del coaching debemos estar preparados para enfrentarnos a clientes que tengan en su naturaleza algunas contradicciones. Debemos estar preparados para abordar, interpretar y gestionar situaciones que no son lo que parecen.

Activando la conciencia corporal en las sesiones de coaching podemos abrir posibilidades de transformación que antes no veíamos, aunque es fundamental que el coach experimente todo esto en primera persona.

De esta forma, y siguiendo todas y cada una de estas pautas, Isabel ha diseñado el programa el arte del cuerpo en el coaching, cuyo objetivo fundamental de dotar a los coaches profesionales de más y mejores herramientas, técnicas y habilidades que les permitan ayudar al cliente a conseguir cambios profundos y sostenibles en sus vidas. En este caso, considerando la corporalidad como fuente inagotable de información y recursos como la conexión entre todos los dominios del quién del cliente: cuerpo, emoción, lenguaje, energía y espíritu.

Y así como utilicé sus palabras para abrir el artículo, las utilizaré para cerrarlo. Simplemente porque no podría mejorar su mensaje final (y siempre positivo): “Cada uno de nosotros puede entrenar el cuerpo que quiere, mucho más allá de la cuestión estética. Cada uno puede aprender a entrenar su respiración, sus gestos, sus posturas, etc., para empoderarse en todas las situaciones de su vida”. Isabel Chacón.

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