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Entrenar al maestro.
El poder del cerebro.

¿Por qué si lo sé no lo hago? A lo largo de mi vida, esta pregunta me ha ido persiguiendo sin descanso. De hecho, si me remonto a mi infancia, consigo oírla en boca de mi padre preguntándome por qué incurría en desatinos y yo respondiendo: ‘sé que no debería haberlo hecho’ y él replicando: pues entonces, explícame: ‘¿por qué lo haces?’” Esta es una pequeña reflexión que comparte con nosotros Ángel López y que ha funcionado como un detonante en su vida para profundizar sobre:

¿Qué es lo que nos apalanca en la comodidad y nos impide animarnos a vivir lo que queremos vivir?

La pregunta es, resumidamente, sería algo así como: ¿por qué hacemos o no hacemos algo? Veamos. El cerebro es muy complejo, pero funciona bastante fácil y en una única doble vertiente: busca placer y evita el dolor. Consideremos la influencia de este sistema binario frente a los cerca de 60.000 pensamientos que tenemos cada día y que, en su gran mayoría, se traducen en toma de decisiones. Nos encontramos entonces que en cada una de esas decisiones -más o menos importantes-, nuestro cerebro buscará cuánto placer (inmediato) nos da y cuánto dolor (inmediato) nos quita.

Ahora bien, ¿cuál sería “el problema” y/o la limitación en esa cuestión? La primera es que el cerebro, cómo hemos señalado, decide en relación a lo inmediato, no tiene una visión a largo plazo; la segunda, es que al decidir de acuerdo a la experiencia, existen un sinnúmero de situaciones que no nos animamos a vivir porque tienen asociado un dolor y otras tantas porque no tienen asociado el suficiente placer.

Aquí es donde la imaginería del cerebro, el lenguaje y el simbolismo, cobran una especial importancia, pues nos permiten hacer grandes cosas. Entre ellas, nos permite enfocarnos en nuestro propósito de vida, asociándole un placer a aquello que nos gustaría experimentar en nuestras vidas y no nos atrevemos. Dicho de otra forma, si bien hemos descripto el funcionamiento del cerebro a la hora de tomar decisiones, también sabemos que es posible, gracias a la neuroplasticidad, modificar nuestras actuales conexiones neuronales. Para ello, existen muchas herramientas a nuestro alcance que nos permiten reprogramarlo y hacer que funcione potenciando todo nuestro poder personal.

Todo estos temas son abordados y profundizados en la certificación en coaching de plenitud para que cada alumno lo experimente en primera persona. Luego, como es el lema de esta formación, se prepara al futuro coach, al maestro para que sepa fehacientemente cómo facilitar la aplicación de cada una de estas herramientas en los demás. Citando las palabras de Ángel una vez más: “nos permite vivir la magia y también aprender el truco”. Repasemos brevemente algunas de estas técnicas:

Técnicas de visualización.

Se trata de crear y ver una imagen o una secuencia de hechos a través de la mente. Por medio de nuestra actividad cerebral, la personas podemos empezar a proyectar un estado físico o emocional, una situación, un deseo, un plan, una intención sobre algo que queremos en nuestra vida. Es decir, en cierta forma jugamos con una particularidad que tiene el cerebro que no distingue entre fuera y dentro. Por ejemplo, sólo imaginando que estamos atrapados entre miles de arácnidos, podemos experimentar miedo; sólo imaginando una situación con una persona, podemos excitarnos. La visualización nos permite sentir en este instante, aquello en lo que nuestro cerebro se enfoca.

Borradores mentales.

Sirven para borrar el significado que asociamos en su momento a una determinada circunstancia en nuestra vida y reemplazarlo por un significado más empoderador, que nos amplíe las posibilidades y que nos permita vivir más plenamente. ¿Un ejemplo? Veamos, aunque no necesariamente tiene que tratarse de una situación extrema como un trauma, utilizaremos esta figura para ser representativos. Imaginemos que somos protagonistas de un accidente con el coche y desde ese momento decidimos que conducir no es lo nuestro y que no lo haremos más. Cuando utilizamos los borradores mentales no quitamos la experiencia de vida -el accidente de coche en este caso-, sino que le asignamos un nuevo significado al coche. Todos podemos tener un accidente, pero lo cierto es que el coche nos da la libertad de movernos de un sitio a otro, de viajar, etc. Para todo este proceso se utilizan, entre otras técnicas, simbologías, metáforas y lenguaje hipnótico.

Por cierto, el lenguaje hipnótico nos va a permitir entrar en estados profundos de nuestro inconsciente, que es donde están alojados los problemas, los traumas, las creencias limitantes. Gracias a este uso adecuado del lenguaje podremos hablar en el idioma de nuestro cerebro inconsciente que es donde se origina el conflicto y la solución.

Ahora bien, como mencionábamos, no sólo tiene por qué tratarse de situaciones traumáticas y/o negativas. Paradójicamente o no, a veces sucede con situaciones que no hemos vivido nunca y aún así nos generan cierta “parálisis”. Por ejemplo, si nunca hemos emprendido un negocio, significa que nunca habremos tenido ninguna mala experiencia sobre esta situación en particular; aún así, ¿qué es lo que no determina que no lo hagamos ahora? Es lógico tener ciertos miedos y -por supuesto- habrá que afrontarlos y quitarlos; sin embargo, curiosamente, lo más probable es que esa situación en particular no tenga asociado demasiado placer. Lo bueno de todo esto es que está en nuestras manos cambiarlo.

Lo que nos tiene que quedar claro, tal vez por encima de todo, es que en la mayoría de los casos el hecho de “animarnos a” nunca refiere a una cuestión de falta de capacidad, sino de motivación. Sobre todo si tenemos en cuenta lo que decíamos párrafos antes, sobre que a la hora de tomar decisiones, nuestro cerebro está centrado en el placer inmediato y no en los beneficios a largo plazo.

La imaginería del cerebro nos permite conectarnos con ese motor poderoso e imparable que supone la motivación intrínseca.

Para cerrar el artículo, un poco para auto-ejercitarnos aunque sin las herramientas precisas para saber qué hacer con las respuestas, dejamos aquí tres interrogantes que funcionan como disparadores de reflexión. 

1- No me “animo a”, entonces: ¿qué dolor, qué miedo o qué obstáculo tengo asociado a eso que es bueno para mi?

2- Revertir esa visión cortoplacista del cerebro: ¿Cómo me sentiría con respecto a mi salud, con mi autoestima, con mi estética y con mis relaciones pasado 5, 10, 15 años haciendo lo que sé que debo hacer  -por ejemplo-, practicando deporte y comiendo sano? ¿Cómo cambiaría mi vida, qué beneficios obtendría en 5 años y en 10 y en 20 años incorporando esta práctica?

3- El placer motiva, pero la evitación del dolor motiva más: ¿qué precio emocional, financiero, físico, de autoestima pagaré si sigo sin hacer lo que tengo que hacer?

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