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Coaching laboral. ¿Estás viviendo la vida profesional que quieres?

¿Estás preparado para tu nuevo reto laboral?

Sí, el ascenso, el reto laboral es una gran noticia. No sólo refleja nuestro profesionalismo sino es el claro reconocimiento que cualquier profesional desea por su trabajo. De alguna manera, significa que somos una pieza fundamental para la compañía, que nuestro trabajo es estratégico y que confían en nosotros, además, para liderar un equipo de personas. Sin embargo, aunque la propuesta sea tan maravillosa y socialmente deseada, ¿por qué parecemos más preocupados que felices? ¿Por qué sentimos, de repente, que no estaremos a la altura de las exigencias? ¿A qué le tenemos miedo?

Tal vez, porque el reto no supone únicamente aspectos del exterior; quiero decir, no sólo se trata de lidiar con trabajadores, jefes, proveedores, clientes, etc.; también existe nuestra lucha interior con nuestros propios miedos y pensamientos. Se refería a este tema en particular el pedagogo de Harvard y experto en tenis Timothy Gallwey, a través de su libro The Inner Game of Tennis -El juego interior del tenis-.

Efectivamente, si bien el autor se refería al tenis en particular, ese juego interior en las personas existe frente a un reto particular -de cualquier índole-. De hecho, utiliza el término interior para aludir al estado interno del jugador; en sus palabras: “El oponente que habita en la cabeza del propio jugador es más formidable que el que hay al otro lado de la red”. En un reto laboral es lo mismo: puede ser el mejor escenario del mundo y el puesto que mejor se adecúa a nuestro perfil profesional, pero si creemos que no estaremos a la altura, no lo estaremos.

En cualquier reto laboral se ponen en juego nuestros miedos, creencias y pensamientos que emergen naturalmente cada vez que un desafío nos invita a movernos de nuestra zona de confort.

Y no es que no confiemos en nosotros. La realidad es que muchas veces sí creemos que seremos capaces de hacerlo, pero “hacerlo” no es suficiente. Necesitamos hacerlo bien, muy bien, excelente; si es posible, mejor que todos los que antes ocuparon esa posición. Entiendo que este pensamiento es una manera de generarnos una enorme presión profesional, pero la oportunidad laboral también lo merece. Ahora bien, algunas de las preguntas que surgen de inmediato son: ¿por dónde empezamos? ¿Qué nos falta? ¿Qué tenemos? ¿En qué aspectos de nosotros mismos necesitamos trabajar y en qué deberíamos centrarnos para mejorar?

Resolver todas estas cuestiones es fundamental para aceptar el desafío profesional desplegando todo nuestro potencial para ello. Cuando tomamos conciencia de lo que tenemos y de lo que nos falta, ya podemos ponernos manos a la obra en desarrollar, mejorar y perfeccionar todas esas cuestiones. Veamos, por cierto, algunos de esos aspectos que podrían suponer un reto laboral y evaluemos algunas reflexiones que emergen de cada uno:

  • Nuevas responsabilidades. Comunicación directa con la dirección. ¿Cómo es tu comunicación? ¿Eres asertivo? ¿Sabes escuchar o escuchas sólo para responder? ¿Sabes argumentar? ¿Es coherente tu discurso con tu lenguaje no verbal?
  • Liderar personas. Nuevamente el aspecto de la comunicación. Además necesitarás asertividad, empatía y flexibilidad; necesitarás saber cómo fomentar la cooperación, la colaboración y el trabajo en equipo.
  • Desarrollo de una visión estratégica. Ser parte de la planificación del negocio y saber cómo compartirla con el equipo de trabajo. Hacerlos partícipes, persuadir e influenciar.
  • Mejora de la gestión del tiempo. Con la nueva responsabilidad tendrás muchas más tareas. ¿Sabes cómo priorizarlas? ¿Cómo de importante es esta tarea para ti y cuántas ganas tienes de hacerla?
  • Desarrollo de habilidades. Por ejemplo, la habilidad de planificar y de gestionar las emociones.

Por supuesto, hemos enumerado a grandes rasgos algunos aspectos involucrados en un desafío laboral; no obstante, aunque cada caso particular podrá tener más o menos aspectos que considerar, todos ellos suponen recorrer un camino de desarrollo profesional. Claudia Codina y Toni Cámara, fundadores y directores de Grogma, saben muy bien de qué se trata. Ambos son coaches laborales y en su experiencia han acompañado a muchas personas para que puedan empoderarse frente a sus desafíos profesionales e, incluso, a superar las expectativas que ellos tenían de si mismos.

¿Cómo lo hacen? De alguna manera, ya lo hemos mencionado. Ellos mismos han diseñado un programa de coaching laboral individual de alto rendimiento, que ayuda a las personas a tomar conciencia de esos aspectos externos -para mejorarlos y desarrollarlos- y de los aspectos internos -para reducirlos, eliminarlos y/o para capitalizarlos en favor de su objetivo-. Para ello, utilizan una serie de dinámicas de probada efectividad.

¿Cuáles son esas dinámicas? Por mencionar algunas: el modelo Canvas, dinámicas videográficas, de roleplay y dinámicas de análisis como el egograma. Este último, por ejemplo, nos permite obtener una imagen de nuestra personalidad en el momento presente. Nos revela cómo estamos ahora y nos facilita la toma de conciencia sobre los comportamientos y actitudes que podemos cambiar/mejorar y/o perfeccionar.

El objetivo primordial del coaching laboral (además de todo lo mencionado) es crear un espacio de reflexión y de tranquilidad en el que las personas puedan conectar con sus recursos personales, descubrir sus fortalezas y sus debilidades y tomar sus propias decisiones con claridad y seguridad. De hecho, una de las premisas fundamentales de nuestros especialistas nos invita a:

“No posponer nuestras ideas, no dejar de lado nuestros sueños, y no permitir que nuestros miedos frenen nuestro éxito”. 

Prepárate para que cualquier reto laboral se encuentre con la mejor versión de ti.

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