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Aprende a desarrollar y potenciar tu intuición.

“Probamos por medio de la lógica, pero descubrimos por medio de la intuición”.  Henri Poincaré

La exigencia de perfección de la mayoría de nosotros es tan grande, que nada nos parece lo suficientemente bueno, completo o acabado. Eso unido al miedo al fracaso y a la no aceptación, hace que nos preocupemos en exceso de todos los detalles, de que cada elemento, de que absolutamente todo esté perfecto. ¿Cómo terminamos? Probablemente en un bucle y sin hacer nada, pues el desmenuzar un todo en sus partes nos lleva matemáticamente al infinito (y más allá). Y en la vida nos lleva a lo que se llama parálisis por análisis. 

Aspirar a algo tan perfecto nos ancla en la inacción y nos hace renunciar (una vez más) a nuestro proyecto. Por supuesto que nos daremos un montón de argumentos (otra vez), pero en el fondo no dejan de ser un mecanismo de auto-justificación para sentirnos frustrados.

Sin embargo, ¿cuántas de esas veces algo nos decía interiormente que no abandonemos, que sigamos un poco más, que no tiremos la toalla? Y cuántas veces más nos hemos preguntado qué hubiera pasado si hubiéramos hecho caso a esa vocecita interna…Esos momentos de sincronicidad y flujo sirven como recordatorios de que estamos conectado con nuestra intuición, aunque no confiemos del todo en ella o hagamos caso omiso.

No obstante, en muchas decisiones deberíamos dejar que sea ella la que nos guíe. Todos la hemos sentido en algún momento, aunque cada uno la vive de manera distinta. De hecho, algunos la sienten en el corazón y otros en las entrañas. En cualquier caso, es esa pulsión que nos informa si vamos bien por donde vamos, sea cual sea nuestro objetivo. Nos conduce a través de la tempestad, nos ayuda a entendernos mejor y nos ofrece las certezas que pocos datos nos pueden dar. Sin embargo, para muchos se trata de un misterio poco fiable.

¿Qué es la intuición? ¿De dónde surge? ¿Cómo podemos conectar con ella?

Según la RAE, la intuición es “la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”. “Es una percepción clara e inmediata de una idea o situación, sin necesidad de razonamiento lógico”. Algo así como un destello de certeza que no requiere de pensamiento racional ni análisis detallado, y aunque no es infalible, nos facilita la toma de decisiones en muchos momentos importantes de nuestra vida. A diferencia del análisis racional, que lleva tiempo, atención y energía, la intuición nos aporta soluciones espontáneas desde un marco mucho más amplio.

La intuición es eso que nos susurra “hagámoslo”, aun cuando todos los datos de análisis y factibilidades nos desanimen.

Es decir, al igual que el instinto es el lenguaje que tiene nuestro cuerpo para reaccionar automáticamente ante el peligro, y el intelecto es el lenguaje de nuestra mente para encontrar soluciones a los problemas, la intuición es el lenguaje de nuestro espíritu para guiarnos en la vida y tomar siempre las mejores decisiones. Sin embargo, curiosamente (o no) de los tres lenguajes de nuestro cuerpo, la intuición es el que menos hemos desarrollado y aprovechado, a pesar de que muchas veces intenta manifestarse con todas sus fuerzas.

Como hemos mencionado, aunque no es garantía de que las cosas nos salgan tal y como queremos, nos promete que nuestras decisiones serán coherentes con la persona que somos y que respetará nuestros valores fundamentales. En cierta forma, la intuición está íntimamente relacionada con nuestra consciencia; así es que, cuanto más en contacto estemos con nosotros mismos, más podremos sentirla y escucharla y más podremos confiar en ella y dejarnos llevar por eso que nos hace únicos. Al final, como dijo Ralph Emerson:

“Ser uno mismo en un mundo que constantemente trata de que no lo seas, es el mayor de los logros”.

Aquí dejamos 4 pasos fundamentales que según Nadia, nuestra especialista y formadora de Consciencia Personal, nos ayudarán a potenciar nuestra capacidad intuitiva; pero, sobre todo, para que esa capacidad esté conectada a nuestro Ser más auténtico.

  1. Contactar con nuestro cuerpo. Aprender a escucharlo y prestar atención a las reacciones que manifiesta ante distintas situaciones. Tomar conciencia de esos momentos en los que sentimos una sensación extraña, difícil de explicar, ese nudo en el estómago o en la garganta, ese escalofrío o ese sudor en las manos. Esa es la intuición “hablando”.
  2. Reconocer nuestras emociones. ¿Alguna vez has sentido ansiedad o inquieto/a, sin un motivo aparente? al igual que el punto anterior más desarrollando la presencia, aprender a escuchar lo que sentimos cuando la intuición se exprese de manera más emocional.
  3. Desarrollar la presencia. Para darnos cuenta. Para aprender a sentir y escuchar más claramente nuestra voz interior, acallando nuestros pensamientos. Es importante entrenar esos estados de presencia, para centrarnos en el aquí y ahora. Meditar también nos ayuda a relajar nuestra mente y a no confundirnos con nuestros pensamientos, ni en aquello que a veces nos decimos para boicotearnos.
  4. Consciencia personal. Autoconfianza y autoconocimiento. Estos dos aspectos son fundamentales a la hora de identificar las impresiones o señales que recibimos. Lo hemos dicho en párrafos anteriores, pero lo recordamos nuevamente: la intuición está íntimamente relacionada con nuestra consciencia; así es que, cuanto más en contacto estemos con nosotros mismos, más podremos sentirla y escucharla y más podremos confiar en ella. La intuición no se puede ni se debe racionalizar.

La intuición es un don que todos tenemos, sólo que algunos lo escuchan mas que otros. ¿Lo positivo? De la misma forma que al entrenar el cuerpo notaremos la diferencia gradualmente, podemos entrenar nuestra intuición trabajando, sobre todo, en el desarrollo de nuestra consciencia personal.

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