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¿Quieres ser feliz
en tu trabajo?

Es fácil y está en tus manos. 

Rick Hanson, el reconocido neuropsicólogo y autor del best seller Los seres humanos son evolutivamente un sesgo de negatividad, describe el cerebro humano como: “velcro para las experiencias negativas y teflón para experiencias positivas”.

¿Difícil de creer? Veamos un ejemplo que podría resultarnos familiar. Imagina un día cualquiera, llegas a la oficina y mientras te sirves un café tu jefe te da la enhorabuena por la presentación de ayer. Satisfecho con el reconocimiento, vuelves a tu escritorio y, torpemente, haces una maniobra desafortunada al sentarte y tu infusión se desparrama sobre el documento que contiene el orden de los ítems que debes abordar en la reunión que tienes en media hora. Te lo tomas con cierta calma, porque tienes el documento en el ordenador y puedes imprimirlo nuevamente.

No obstante, cuando ordenas la impresión, reparas en que no hay folios suficientes; cargas la impresora y vuelves a intentarlo; ahora envuelto en una tensa calma. Pero esta vez, el exceso de folios ha hecho que la impresora se atasque (y tu cabeza también). No llegas a tiempo a repasar nada y sientes que esa “estúpida máquina” te está arruinando el día; ya poco recuerdas las positivas palabras de tu jefe de hace unos minutos. Terminas yendo a la reunión incómodo, molesto, enfadado porque una máquina te ha arruinado la presentación (y el día entero). Incluso es posible que todo lo bueno que te pase durante el día se vea opacado por esa experiencia negativa.

No es que haya dudado de las palabras de Hanson, pero quería que todos pudiéramos vernos identificados en cómo nos centramos más en lo negativo (aunque sea una tontería), que en lo positivo. Claro que todo tiene una explicación científica:

Los estímulos negativos o pensamientos negativos producen una mayor actividad neuronal que los positivos y el cerebro los percibe con mayor facilidad y rapidez.

Ahora bien, nuestros cerebros son moldeados por nuestros pensamientos y experiencias. Esto podría no sonar tan grave si no supiéramos lo mencionado previamente. Quiero decir, si vivimos constantemente centrándonos en los contratiempos y en los conflictos, pasando por alto las situaciones positivas, el bienestar laboral, personal y social se volverá cuesta arriba y, probablemente, nuestro cerebro colapsará. ¿Por qué? Porque al pensar, influimos en nuestra química cerebral, y los pensamientos no son neutros, porque están construidos con imágenes y sensaciones que actúan como estímulos para nuestros estados internos. Es así como sólo pensando, podemos alegrarnos o arruinarnos el día.

Lo curioso del pensamiento rumiativo negativo es que lo que hacemos para resolver el problema se acaba convirtiendo en el auténtico problema. Por ejemplo, si cada vez que se traba la impresora, se posterga una reunión, tenemos un “no” de un cliente o se nos atrasa un proyecto, nos descargamos con los colegas, agotamos sus energías y lo más normal quieran huir bien lejos de nosotros. Lo que un día fue una solución (el desahogo con ellos), ahora lo hemos convertido en un problema; nadie nos presta atención. Ni hablar de llevarnos esos pensamientos a casa y/o a una cena con amigos.

Lo que está claro es que una vez que empezamos a darle vuelta a este tipo de pensamientos es muy difícil interrumpir el ciclo.

Sin embargo, es posible cambiar nuestros patrones de pensamiento e incluso el “cableado” neuronal de nuestro cerebro.

Ahora bien, como casi todo, requiere un esfuerzo. No va a ocurrir por casualidad. La clave está en poner una distancia cada vez mayor entre nuestro pensamiento y nosotros -como pensadores-.

Si vivimos identificados con lo que pensamos y sentimos, no hay nada que hacer. No obstante, en la medida que seamos capaces de observar como fluyen nuestros pensamientos (vienen y se van), nos damos cuenta de su fugacidad. Al observarlos, tenemos más capacidad para intervenir en ellos y decidir dónde queremos poner la atención. Tenemos que aprender a entrenar la atención y ser capaces de dirigirla hacia donde queremos, y no a la inversa.

La meditación ha demostrado ser inmensamente valiosa en el cambio de los patrones de pensamiento negativo y la actividad cerebral. 

Efectivamente, observar los pensamientos y sentimientos como eventos temporales, ayuda a mediar los efectos de la rumiación. Además, meditar regularmente no sólo puede ayudar a cambiar los patrones de pensamiento negativo, también ayuda al cerebro a enfocarse en lo positivo porque nos permite tomar conciencia, estar presentes y atentos a la experiencia, sin precipitarnos en poner etiquetas. Es decir, aprendemos a concentrarnos en los hechos, a aceptarlos y a no empeñarnos en juzgar o a hacer interpretaciones.

La meditación nos enseña, sobre todo, a no identificarnos con los pensamientos negativos y a dejarlos ir.

En el caso puntual del trabajo, sitio en el que tenemos que lidiar con un sinfín de avatares diarios, la meditación es una gran aliada. En cierta forma, nos facilita aceptar esa realidad laboral tal y como es y nos enseña a transformarnos (nosotros) dentro de ella. Basada en esta premisa, entre otras, Ana Berdún Fernández, ha diseñado este proceso de acompañamiento personal en meditación guiada transpersonal: aprende a meditar que entre otras cosas, nos permite:

  • Concebir el trabajo como un espacio de crecimiento personal.
  • Responder conscientemente a los enfrentamientos en lugar de reaccionar.
  • Aumentar la capacidad de recuperarnos ante los avatares diarios.
  • Deshacernos rápidamente de los pensamientos negativos.
  • Incrementar el rendimiento, producto de aprender a centrarnos en lo importante.

¿Y si además de dejar ir lo negativo aprendemos centrarnos en lo positivo?

Hablaremos de esto en un próximo artículo…

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