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¿Cómo tomamos decisiones?
Neurociencia para coaches.

La vida que llevamos, el trabajo que tenemos, nuestros entornos, las diferentes relaciones que establecemos, etc., son el resultado de las decisiones que hemos tomado a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, poco recordamos sobre cómo hemos tomado cada una de esas decisiones y. lo que es peor, sabemos muy poco acerca de cómo el cerebro interviene en el proceso decisorio.

Este desconocimiento, común en la mayoría de las personas, es admisible; sin embargo, no lo es para los profesionales que trabajan en y por el desarrollo de las personas.

Ciertamente, y como hemos mencionado en un artículo anterior, nos enfrentamos a miles de decisiones todos los días, y aproximadamente el 90% de ellas son inconscientes y están condicionadas por nuestros modelos mentales y creencias. Ahora bien…

¿Cómo actúan esos modelos mentales y creencias en la toma de decisiones?

Cada decisión que tomamos se basa, fundamentalmente, en dos pilares: en las sensaciones físicas que percibimos a través de los cinco sentidos; en las sensaciones que se generan a través de los pensamientos y la imaginación. Por ejemplo, si imagino que un viaje me dará placer, se estarán generando sensaciones químicas asociadas al placer. No obstante, en cualquier caso, el cerebro “etiqueta” siempre de tres formas posibles:

  • Agradable: nos da placer, sentimos apego por ese objeto, persona y/o situación.
  • Desagradable: nos genera sentimientos de aversión, de ira o de odio.
  • Neutro: nos genera indiferencia.

Esta forma de etiquetar, nos hace adjudicarle a un objeto, a una persona o situación una de esas tres condiciones que muchos entienden como una percepción estática e inamovible. ¿El riesgo? si nos habituamos a etiquetar sin cuestionarnos nunca, estaremos reforzando prejuicios y opiniones subjetivas, convirtiendo en verdad o mentira absoluta “algo”, por el sólo hecho de vivir en piloto automático. Dijo Buda: “En algún momento, en algún lugar, crees que algo es verdad y te agarras a ello de manera tal que aunque la propia verdad venga a llamar a tu puerta, no le abrirás”.

Ya hemos visto cómo etiqueta el cerebro. Ahora bien…

¿Cómo son y cómo se activan las estructuras neuronales en el comportamiento y en la toma de decisiones?

Por un lado está el sistema de recompensa, que está compuesto por un conjunto de estructuras cerebrales que cuando se activan hacen que un grupo de neuronas se conecten y produzcan y liberen dopamina y oxitocina (responsables de nuestras sensaciones placenteras). Esto provoca que las personas se encuentren motivadas y positivas hacia la consecución de sus objetivos. Sin embargo, una hiperactivación de este sistema puede inducir a un exceso de optimismo, de confianza o de riesgo; una hipoactivación puede generar estados de apatía, cansancio y/o falta de energía, y una hiperestimulación (exceso de dopamina) puede activar conductas adictivas.

Por otro lado, el sistema de aversión a la pérdida o al riesgo, se refiere a una tendencia que tenemos los seres humanos que preferimos “no perder”, antes que ganar. Anteponemos la comodidad, evitando pérdidas o evitando correr algún tipo de riesgos, pese a tener la opción de obtener beneficios. En otras palabras, cada vez que tomamos una decisión, priorizamos huir del dolor y acercarnos al placer.

Veamos un ejemplo. Un cliente decide comenzar un proceso de coaching ya que necesita tomar una decisión clave: cambiar de país porque ha recibido una oferta laboral tentadora y esperada. Sin embargo, cuando tú como coach comienzas a seguir su relato, te das cuenta de que hay algo que no va bien. Empieza contando lo fantástico de haber conseguido aquello y todos los beneficios que le supondrá, pero no podemos evitar pensar en todos los riesgos si decidimos aceptar: si le va mal, si su familia no se adapta, si él mismo no está a la altura del puesto, si no es el momento oportuno y un sinfín de etcéteras.

En este sentido, Tony Robbins, el famoso coach reconocido mundialmente, dice: “Es en los momentos de decisión en los que se forma nuestro destino”. Tomando estas sabias palabras, quedan pocas dudas acerca de lo importante que resulta para un profesional crecimiento personal el conocimiento sobre el funcionamiento del cerebro de las personas. Dejar que un cliente tome una decisión personal, profesional y/o vital, haciendo una valoración únicamente desde el sistema de recompensa o de aversión sería, cuanto menos, un despropósito.

Por ello, y retomando el ejemplo citado…

¿Qué sabrás valorar como coach con conocimiento en neurociencia?

Evidentemente, el cliente está tomando (o tomará) una decisión priorizando huir del riesgo y polarizando la recompensa. ¿Qué sabrás hacer como coach formado en neurociencia? Reconducirlo. Generar cambios en su cerebro para activar su sistema de recompensa. ¿De qué manera lo harás? Aprenderás a producir cambios en el cerebro de las personas, aunque estos detalles son parte de la formación que proponen Isabel Sousa y David Gómez en el curso Neurociencia para coaches.

El objetivo de esta formación es facilitar a los coaches conocimientos sobre los mecanismos y las pautas del funcionamiento del cerebro, a través de un lenguaje cercano y práctico, que les permita asimilar rápidamente complejas ideas científicas. Además, facilitarles el conocimiento y la incorporación de diferentes herramientas, para que puedan conseguir cambios efectivos y sostenibles en todos y cada uno de los procesos de desarrollo personal y profesional.

Tú decides cuando empezar a distinguirte profesionalmente.

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