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El poder de la Ley de la Atracción.

“El hombre es como una torre de transmisión humana que emite frecuencias con el pensamiento”, escribe Rhonda Byrne en su libro El secreto. También dice: “Si desea cambiar cualquier cosa en su vida, debe cambiar la frecuencia cambiando los pensamientos”.

Somos energía. Todo en el universo lo es.

Nuestros pensamientos, creencias y emociones son energía y atraen lo semejante a la frecuencia en la que vibran. Si nuestros pensamientos están habitados por el miedo, o por el “yo no soy capaz” o “esto no es para mi”, nuestros caminos nos llevarán a confirmar todo aquello: que no somos capaces o que no somos merecedores. Por el contrario, si la mayoría de nuestros pensamientos son positivos atraeremos eventos, situaciones y relaciones que vibren en esa misma frecuencia. Cuando pensamos en las cosas que deseamos y nos focalizamos en ellas con toda la intención, la Ley de la Atracción, antes o después, actuará en ese sentido.

Y hablamos de intención para subrayar que no se trata simplemente de sentarnos a visualizar un millón de euros, una casa en el lago o un coche último modelo sin más. Si así fuera, la mayoría de las personas serían ricas, porque, curiosamente, se concentrarían sobre todo en atraer bienes materiales; entendiendo que esto les garantizaría la felicidad. No es tan simple y ya sabemos de sobra que no es así. El dinero puede facilitarnos el acceso a una vida más confortable, pero no puede comprar una familia, ni el bienestar, ni la salud.

En este sentido, las tradiciones espirituales afirman que aquello que damos, es lo que recibimos de vuelta. De este modo, todo lo que sucede en nuestra vida, lo que “atraemos”, es un reflejo de nuestro mundo interior; es un reflejo de nuestros pensamientos. Esto significa que todos tenemos un gran poder en nuestro interior, el conocido Poder de la Atracción.

Este poder nos permite dejar atrás el victimismo y asumir la responsabilidad de lo que sucede en nuestras vidas.

¿Por qué? Entre otras cosas, porque esta ley universal y mental nos enseña a vivir el presente, pues hoy y ahora es desde donde podemos diseñar el futuro que queremos. Si nos quedamos detenidos en el lugar de la angustia es que seguimos apegados al pasado y al rencor; así, tanto nuestras visualizaciones como nuestros pensamientos y emociones nos acercarán situaciones iguales. Todo aquello que elegimos, consciente e inconscientemente, nos trajo hasta donde estamos y nos convirtió en lo que somos. De igual forma, siempre tenemos el poder de cambiar y de aprender a sintonizar con la prosperidad, con la felicidad y con la riqueza.

Ahora bien, ¿en qué ponemos la atención en la vida? ¿Cuánto tiempo dedicamos a ello? ¿Cómo son nuestras imágenes mentales, nuestros pensamientos: positivos y saludables o negativos y tóxicos? ¿Confiamos en nosotros mismos? ¿Somos conscientes de nuestro poder personal? ¿Sabemos cómo prepararnos para lo que está por venir?

Por algo que no es una casualidad, nuestra especialista en este tema es Montse Baró. Ella tiene una mirada equilibrada sobre esta ley que abarca, además de lo espiritual, lo cotidiano; eso que nos preocupa a todos. De alguna manera, ella nos ayuda a integrar amorosamente el poder de la atracción personal para que podamos aplicarlo en nuestras vidas con sencillos trucos y sin necesidad de levantar los pies de la realidad (algo casi imposible la mayoría de las veces). Es decir, nos muestra su lado más práctico, su lado más humano y el que más se adecúa a lo que queremos conseguir.

Veamos un ejemplo. Un hombre estaba en plena expansión de su negocio y necesitaba conseguir más clientes para lanzar al mercado su nuevo producto. Él había aprendido a sintonizar con la abundancia y la prosperidad sin desatender sus obligaciones y responsabilidades como empresario, aunque algo estaba empezando a hacerle ruido porque los clientes no aparecían o no se mostraban interesados en su nueva creación. Nuestra especialista entonces le preguntó: ¿te has preparado para recibir nuevos clientes? ¿has hecho espacio para ello?

Algo tan básico como inesperado para él. No es tan difícil si lo analizamos de una manera simple. Quiero decir, si compramos un nuevo sofá, tendremos que hacer espacio en nuestra casa para acomodarlo; lo mismo con cualquier otro mueble y lo mismo con cualquier otra cosa, aunque esa “cosa”, como en el caso de nuestro ejemplo, no tenga un cuerpo y un espacio tan definido.

¿Qué es lo que no había hecho este emprendedor? Simplemente, no había preparado su negocio para recibir nuevos clientes; no había sumado empleados, no había invertido en su estrategia de marlketing, no había preparado su infraestructura para atender a más gente y para asegurarle a las personas un buen servicio post-venta. Al final, es tan simple como entender que para que algo nuevo llegue a nuestras vidas, debemos hacerle lugar; así lo afirma la Ley del Vacío, que está íntimamente ligada con la Ley de Atracción.

Ciertamente, no podemos atraer nada si lo que transmitimos es que en nuestra vida -o en nuestro negocio- no hay espacio para ello.

Si queremos que la abundancia y prosperidad llegue a nuestra vida, antes tenemos que hacer espacio para recibirla.

Así como en nuestro ejemplo Montse ayudó a que aquél emprendedor tomara conciencia de que no se había preparado para lo nuevo y le enseñó cómo hacerlo, nos ayuda a todos nosotros a explorar nuestra relación con el dinero, con la abundancia y nuestro vínculo con la riqueza espiritual. Nos permitirá tomar conciencia de nuestros pensamientos, creencias y emociones para que aprendamos a alinear y complementar todos los aspectos que nos conducen a Ser y Tener.

Por último, dejo aquí unas palabras de Earl Nightingale: “Te conviertes en lo que piensas la mayor parte del tiempo”.

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