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¿Qué decisiones estás tomando para sentirte plena?

Coaching para Mujeres.

A lo largo de la historia, las mujeres hemos sido musas inspiradoras de grandes historias. Amor incondicional, pasión desmedida, mentes brillantes, etc. En cualquier caso, siempre intensas, nunca a medias tintas. Casi, como en la realidad. Y digo casi, porque la vida incluye todas las tramas y conciliarlas a lo largo de la trayectoria vital es uno de los mayores retos.

En este sentido, Cuca Vinaixa, nuestra especialista en coaching para mujeres que siempre nos muestra su afán por acompañarnos a tomar las mejores decisiones, pone especial acento en las distintas etapas de la trayectoria vital. Efectivamente, no es lo mismo una mujer a los 25, que a los 35 o a los 45; mucho menos es lo mismo si hablamos de una mujer de 55 en adelante. Esta segmentación es importante, porque aunque las inquietudes en todas las etapas siguen siendo muchas y las certezas siguen siendo pocas, se originan en momentos y en aspectos distintos de la vida.

Por ejemplo, quienes hemos superado los 40, podemos ver claramente que habitamos un mundo muy diferente al que vivieron nuestras madres y abuelas. De hecho, la mayoría de ellas, una vez casadas o llegadas a la maternidad, dejaban sus trabajos para dedicarse a su hogar y a criar a sus hijos. Era una cosa u otra. En la actualidad, aunque quedan muchos espacios en los que falta cierta evolución -sobre todo en el terreno profesional- , mucho de todo aquello ha cambiado. Hoy más que “una cosa u otra” es una cosa y otra y otra más. Será por ello, tal vez, que la mayoría de las veces se nos hace cuesta arriba conseguir ese tan ansiado equilibrio.

Repasemos algunas reflexiones que, sobre todo, ocurren durante esa mitad de la trayectoria vital. 

Realmente, ¿todo tiene que ver con todo?

Ciertamente, hay mujeres que centran su atención y ponen su compromiso en su desarrollo y éxito profesional, dejando en un cómodo segundo plano las expectativas con su pareja. O al revés; priorizan, anteponen un aspecto de su vida sobre los demás. Pareciera que nos olvidáramos eso de que todo tiene que ver con todo y que cualquiera sea el entorno en el que experimentemos insatisfacción, este afectará, inexorablemente, al resto de ellos; y también a nuestra autoestima. ¿Y si construimos bienestar en toda nuestra vida en general?

¿La familia es lo primero “a pesar de”?

Tal vez, gracias al mandato familiar y cultural y a ciertos componentes psicológicos y biológicos, son muy pocas las mujeres que viven su vida queriendo cero compromiso y cero responsabilidad. Lo habitual es que nos enseñen a ser niñas buenas y nos hablen de lo bonito que es formar una familia; lo que se suma a nuestro instinto de ser madres y de criar y proteger a nuestros hijos. Aunque basadas en esas creencias y en esas cuestiones biológicas, muchas veces, ponemos todo el peso de la responsabilidad sobre nuestras espaldas.

Es cierto que la familia sigue siendo el mejor sitio para criar un hijo, pero no cuando las cosas son constantemente adversas. Aguantar, mantenernos en la queja y en la insatisfacción nunca es la mejor opción. Por el contrario, debemos entender que no tenemos que aguantar todo a “pesar de”; tenemos que aprender a llevar adelante a la familia conjuntamente con la pareja en términos de igualdad, reparto de responsabilidades y respeto. ¿Y si nos animamos a “soltar” o a encontrar la corresponsabilidad?

¿Nos retiramos o dejamos que la historia fluya?

Sheryl Sandberg, durante una de sus conferencias TED en la que expone algunas de las razones por las que el mundo tiene tan pocas dirigentes mujeres, sugiere: “No se vayan antes de irse”. Increíble como con tan pocas palabras puede darse un mensaje enorme y tan elocuente.

En cierta forma, es real que a veces nos da miedo movernos por perder cierta seguridad, pero otras tantas veces, somos nosotras mismas las que tomamos decisiones que ponen punto y final a lo que eran, simplemente, puntos suspensivos. ¿Un ejemplo? Es habitual que una mujer en pareja comience a planificar la llegada de un hijo. No obstante, consecuencia de ese proyecto, empieza a censurar otros planes como si la maternidad supusiese una pausa en su vida en la que, todo lo demás, también debe esperar. Claro que también existen las mujeres que lo que posponen quedar embarazadas para no “interrumpir” su crecimiento profesional. En cualquier caso, tenemos exceso de futuro, de control y de planificación. ¿Y si fluimos? ¿Y si nos dejamos sorprender?

¿Anticipamos finales o renunciamos a ellos?

De alguna manera está relacionado con el punto anterior, aunque en este caso el ejemplo está vinculado al mundo de los negocios. Culturalmente, nos hemos acostumbrado a ver la mayoría de puestos jerárquicos ocupados por hombres. Evidentemente, no podemos influir sobre la decisión de una empresa, ni sobre su preferencia; supongo que eso es una cuestión cultural y de evolución. Sin embargo, esa realidad nos condiciona y terminamos renunciando a la oportunidad antes de tenerla. Abandonamos porque no cumplimos con todos los requisitos del perfil, porque vemos que la mayoría de los empleados son hombres y porque si acaso, mejor lo seguimos intentando. ¿De verdad no nos creemos nuestro potencial?

Cuca, un poco como conclusión a lo que hemos venido repasando brevemente, nos señala que cada etapa puede verse con una mirada distinta y puede planificarse siempre desde una perspectiva diferente. Ella nos acompaña en cada etapa de la vida para ayudarnos a encontrar alternativas que nos lleven a tomar decisiones con claridad, para acercarnos más a lo que queremos conseguir y a cómo lo queremos conseguir. Para aprender a comunicarnos mejor, a ser asertivas, a decir “no” sin sentirnos culpables, y sobre todo, para lograr estados de bienestar, concepto asociado a la felicidad.

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