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Alimentación consciente
y espiritualidad.

Max Planck, físico y matemático alemán considerado como el fundador de la teoría cuántica y reconocido con el Premio Nobel de Física, afirmaba: “La materia no existe. Toda materia se origina y existe sólo en virtud de una fuerza que hace vibrar las partículas de un átomo y las mantiene unidas”.

Efectivamente, el universo es un gigantesco campo de energía formado por la vibración de todo lo que en él existe; incluidos nosotros. Somos energía y todos nuestros pensamientos, emociones, cuerpo y espíritu son energía vibrando en una red o comunidad de células que llamamos nuestro cuerpo. Partiendo de este conocimiento, resulta más simple comprender aquello de “somos lo que pensamos” o “creamos lo que creemos” o, lo que nos ocupa en este artículo: “somos lo que comemos”.

Quiero decir, si pensamos que no podremos, seguramente no podremos; si creemos que no merecemos algo, ocurrirá de esa forma, inexorablemente, pues estaremos vibrando con esa energía en el universo.

¿Cómo es aquello de que vibramos según lo que comemos? ¿Qué nos ha hecho vincular dos términos tan antagónicos como alimentación y espiritualidad?

Veamos. Lo que comemos afecta nuestro cuerpo físico; hasta ahí entiendo que todos podemos verlo más o menos claro (una comida/bebida que nos hincha, que nos deja con ganas de una siesta reparadora o que, por el contrario, nos permite saciar el hambre sin sentirnos pesados). No obstante, lo que comemos, también influye nuestra mente y en nuestras emociones y, en consecuencia, también en nuestra espiritualidad. Hablaremos de esto un poco más adelante.

Como hemos visto en artículos anteriores, los alimentos también tienen energía propia y por ende, e igual que nosotros, también vibran. Si cambiamos nuestra alimentación, también cambiaremos nuestra vibración. Ocurre del mismo modo que con nuestros pensamientos; dependiendo de cómo sean incidirán de una manera u otra en nuestro campo vibracional. Todo lo que consumimos y pensamos determina nuestra vibración. Una alimentación consciente y energética influirá directa y positivamente en nuestra salud física, mental y emocional.

Y aquí es donde podemos empezar a vincular la alimentación con la espiritualidad. En principio, como habíamos mencionado, parecen conceptos que costaría relacionar. Sin embargo, si entendemos la espiritualidad como la conexión con nuestro ser interior y con la observación de nuestros pensamientos, esa vinculación con la alimentación se vuelve bastante lógica. Es decir, será muy difícil observar mis pensamientos si mantengo una alimentación extrema (sea en energía yang o yin).

Ahora bien, antes de continuar, estaría bien mencionar, sin entrar en detalle, cómo es la clasificación de esas energías alimenticias extremas y qué estados anímicos favorecen -en distinta medida-, en cada uno de nosotros:

  • Alimentos extremos de energía yang. Nos hacen vibrar a un nivel denso y lento; suelen generarnos tensión, bloqueos, irritabilidad e irascibilidad; favorecen además, la acumulación de toxinas en el organismo. Son las grasas saturadas; las carnes y embutidos, los lácteos y los huevos. También entrarían dentro de este grupo la sal, los snacks, las patatas fritas y los alimentos horneados de harina (aunque sea integral).
  • Alimentos extremos de energía yin. Nos crean acidez en la sangre, nos inflaman en exceso. Nos relajan por demás y favorecen la desconcentración. Vibran rápidamente desmineralizando el organismo y enfriándolo con posterioridad. Por ejemplo el alcohol, los vinagres, los azúcares refinados, el té, el café, el chocolate, los helados y la bollería. También la leche, el yogurth y la mantequilla. Por último, las verduras solanáceas, como la patata, el tomate, la berenjena o el pimiento.
Deepak Chopra decía: “Nadie puede ser feliz o tener salud mientras se encuentra en desequilibrio, sencillamente porque no es lo natural”.

Como hemos venido diciendo, lo que comemos es una parte fundamental para contribuir en ese equilibrio. En tal sentido, nos queda por mencionar el grupo de alimentos que favorecen nuestra espiritualidad porque nos mantienen más relajados, más equilibrados, más receptivos y con más sensibilidad para observar -desde un estado de calma- nuestros pensamientos.

  • Alimentos de energía moderada. Nos ayudan a abrir la mente. Amplían nuestro campo de vibración con la naturaleza y con el universo. Los cereales integrales, las proteínas vegetales, las verduras, las algas, las semillas, los frutos secos, las frutas de estación, los endulzantes, los condimentos naturales y el pescado.

Esto no significa que sólo debamos comer lo enumerado en esta última clasificación. La alimentación consciente y equilibrada no censura o prohíbe alimentos; al contrario lo que nos enseña es a conocer la energía de lo que comemos y a relacionarlo energéticamente con lo que necesitamos. Y como la energía de cada uno de nosotros es diferente, las necesidades alimentarias también lo son.

De esta forma, el curso de alimentación energética diseñado e impartido por nuestra especialista en coaching nutricional Mónica Suarez, nos enseña a conocer nuestra energía y a cómo la alimentación puede contribuir enormemente a nuestro bienestar físico, mental, emocional y espiritual. Por supuesto, siempre con la consigna de la practicidad para que estos conocimientos puedan incorporarse fácilmente en la cotidianeidad.

Georges Ohsawa, el padre de la macrobiótica, decía: “A menos que nos responsabilicemos por nuestra alimentación cotidiana, a la larga seremos incapaces de dirigir o influenciar los demás aspectos de nuestro Ser”.

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