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El trabajo como un espacio
de crecimiento personal.

Según la VI Encuesta de Adecco sobre “La Felicidad en el Trabajo” en la que se ha entrevistado un total de 2400 profesionales, un 59,5% de los trabajadores españoles estaría dispuesto a percibir menos salario a cambio de una mayor felicidad laboral, a pesar de que todos ellos valoran recibir un pago justo por su trabajo.

De esta forma, a partir de esta investigación y de muchas otras, la satisfacción en el trabajo está estrechamente ligada a la felicidad. Un buen ingreso es un factor que incide, pero, contrariamente a lo que muchos piensan, no es el único aspecto ni el más importante. Quienes se sienten más satisfechos tienden a ser aquellos que valoran más los aspectos intrínsecos del trabajo: esto es, hacer algo que a uno le gusta, que esté en línea con sus capacidades y que pueda hacerlo bien. Además, que permita establecer buenas relaciones con los otros. Un trabajo en el que pueda disfrutar, en el que pueda fluir y encontrar un sentido, un propósito.

Esta encuesta, finalmente, es una forma simple de traducir la importante valoración de la felicidad que tenemos los trabajadores. Como bien sabemos, el trabajo es un lugar de realización y reafirmación de la autoestima, y por eso ocupa un lugar central en nuestra vida. Pasamos muchas horas del día trabajando y el tiempo es un bien muy precioso y finito como para dejarlo ir sin más.

Si la felicidad es tan importante dentro del ámbito laboral, ¿por qué dejar todo en manos del otro y/o esperar que la empresa “haga por nosotros”?

Claro que eso estaría más que bien, pero a pesar de las muchas acciones que puedan implantarse, es posible que ninguna de ellas influya sobre el mal carácter de nuestro jefe o en la mala relación con nuestro compañero de trabajo.

Mucho menos influirán sobre el atasco que nos impide llegar a tiempo a una reunión y/o sobre la cantidad de trabajo acumulado. No obstante, aún trabajando en nosotros mismos, tampoco podemos cambiar esa sucesión de acontecimientos para que se adecúen a nuestras expectativas. Lo que es, es. Por todo ello, es hora de entender que en lo único que podemos intervenir es en nosotros mismos para aprender a gestionar los cambios desde la aceptación y sin perder la calma.

Dijo alguna vez, el famoso escritor británico Aldous Huxley: “La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”

Reemplacemos la resistencia y la lucha por la aceptación.

Son muchos son los mecanismos que activamos internamente para resistir o luchar contra todo aquello que no queremos. Esa lucha incansable y constante nos “obliga” a mantener el foco y la atención en nuestra impotencia en vez de en nuestras posibilidades. Esa lucha, con el tiempo, nos enferma física, psicológica y emocionalmente. Al final, terminamos presos de nuestras reacciones y de nuestros pensamientos, sin cuestionarnos qué podemos hacer; sin darnos cuenta de que está en nuestras manos gestionar, resumiendo a Huxley: lo que nos sucede con lo que sucede.

A propósito de ello, la práctica de la meditación se ha expandido en el mundo empresarial sin que esto sea a una mera casualidad. Básicamente, lo que hace es ayudarnos a estar presentes en el aquí y ahora; nos permite desarrollar la capacidad de aceptar y fluir. Cuando estamos presentes, podemos tomar conciencia de que no necesitamos reaccionar y/o luchar frente a todo lo que sucede, y podemos permitimos que ese proceso natural de movimiento y cambio constante se desarrolle a nuestro alrededor.

Por supuesto que esto no significa permanecer en un estado de letargo frente a todo. En el contexto laboral ocurren un sinfín de imprevistos que necesitan de nuestra acción y respuesta. Pero hay muchos otros eventos que no. Es de ellos de los que debemos aprender a tomar conciencia para poder aceptarlos (no podemos hacer nada con lo que le pasa al otro); a soltarlos (no me quiero quedar estancado en un pensamiento negativo), y a no permitir que influyan en nuestro bienestar.

La meditación nos ayuda en esa toma de conciencia. Nos permite ser conscientes de nuestros pensamientos y, recién entonces, nos enseña a no identificarnos con ellos y a dejarlos ir. Aceptar nuestra realidad laboral tal y como es, nos permite transformarla verdaderamente y transformarnos dentro de ella. Basada en esta premisa, entre otras, Ana Berdún Fernández, ha diseñado este taller de felicidad laboral. Entre otras cosas, nos ofrece la posibilidad de:

  • Vivir nuestras emociones sin que se apoderen de nosotros.
  • Concebir el trabajo como un espacio de crecimiento personal.
  • Responder conscientemente a los enfrentamientos en lugar de reaccionar.
  • Aumentar la capacidad de recuperarnos ante los problemas laborales.
  • Incrementar nuestra energía, en lugar de desgastarnos en darle vueltas a las cosas.
  • Mejorar nuestra relación con el mundo conectándonos con nuestra sabiduría interior.
  • Descubrir nuestra capacidad de vivir las tensiones, sin perder el equilibrio.
  • Retomar el contacto con nuestra paz interior en cualquier momento.

 

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