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Las Leyes Espirituales
de la Riqueza.

Hablar de espiritualidad y dinero en el mismo artículo podría parecer, a simple vista, un tanto controversial. Sin embargo, no lo es para mí, gracias a la mirada práctica con la que concibe estos dos conceptos nuestra especialista en la materia, Montse Baró.

Mirada que nos permite mantenernos con los pies en la tierra -concentrados en nuestro negocio, emprendimiento o proyecto- mientras comprendemos que existen Leyes Universales que rigen el mundo, que son simples de aprender, de ejercitar y de incorporar a nuestra vida para que “jueguen” a nuestro favor. Todo ello, sin la necesidad de convertirnos en monjes budistas.

Veamos por ejemplo, ¿cuáles suelen ser las primeras cosas en las que pensamos cuando emprendemos un proyecto? Aunque podría mencionar muchas, se me ocurren -con sorprendente claridad- dos: gastar lo menos posible y ganar mucho dinero para poder crecer y expandir el negocio. Y no es que todo esto esté mal. De hecho, sería raro encontrarnos con un emprendedor que piense en despilfarrar el dinero o en fracasar; o imaginar a alguien que deje su negocio y su dinero echado a la suerte o que se siente a esperar una especie de conspiración universal a su favor.

Naturalicemos lo que nos pasa, porque además, ese es el objetivo de este artículo. Es normal desear un negocio exitoso y también es normal querer ganar dinero con ello. No obstante, aquí es donde Montse pone su acento y atención, si a esos pensamientos terrenales y realistas sobre nuestro proyecto los alineamos con las leyes espirituales de la riqueza, vibraríamos con mucha más fuerza y en un plano mucho más universal, para atraer a nuestra vida todo lo que deseamos.

Veamos brevemente de qué se tratan algunas de ellas, para poner un poco de luz a lo que estamos abordando.

1. Ley del dar y recibir. “Cualquier cosa que deseemos en la vida tiene que estar circulando de forma permanente”.

Vale decir que aquello de “gastar lo menos posible” es contradictorio con “ganar mucho dinero”. La visión práctica de esto es que si no hay inversión, no hay ganancia. Claro que tenemos que centrar la atención en qué invertir, cómo, cuándo y para qué; todo esto es lo terrenal y lo que requiere de nuestro análisis en ese plano. Pero debemos contemplar que la cantidad de dinero que “damos” es proporcional a la cantidad de dinero que “recibimos”.

Veamos un ejemplo para que sea más simple de entender. No puedo pretender que mi negocio crezca si decido no tomar empleados y a cambio de ello pretendo que la gente espere muchísimo tiempo para ser atendida. ¿Qué pasará? Es factible que muchos de ellos se cansen, que corran la voz de su mala experiencia y, probablemente, que no vuelvan nunca más. Al final, lo que no circula se atasca, se traba y no fluye.

Ahora, pensemos el mismo ejemplo, pero al revés. Decido contratar empleados (que no es un gasto, sino una inversión); eso me permite atender más y mejor, la percepción positiva aumenta y, probablemente, la gente me siga eligiendo y me recomiende a otros. Lo que circula fluye. Cuanto más damos, más recibimos. Sin embargo, cuando damos, tenemos que hacerlo sin sentimientos de pérdida o de obligación (por ejemplo, lo que decíamos párrafos antes sobre gasto-inversión), pues cuando eso ocurre, no hay energía “que vibre bien” detrás de nuestra acción.

2. Ley de la intención. “Cualquier cosa a la cual prestemos atención, crecerá con fuerza en nuestra vida. Todo aquello a lo que dejemos de atender desaparecerá”.

Aunque dicho así, suena bastante obvio, muchos ponen especial atención al futuro y se olvidan que lo que tienen cada día entre sus manos es el aquí y ahora. Si atendemos a ese presente y trabajamos en él con la intención puesta en un futuro próspero, seguramente llegará ese futuro próspero.

La intención es el verdadero poder detrás del deseo y es muy poderosa porque es deseo sin apego al resultado. La intención transformadora es la intención focalizada, es decir la intención que no se aparta de su propósito. Cuando aprendemos a mantener la atención en el resultado final que esperamos alcanzar, con una intención firme de alcanzarlo, ningún acontecimiento contrario que ocurra en el presente pueda desviar nuestra energía mental. El futuro es algo que siempre podemos crear por medio de la intención desapegada; y este desapego, responde a otra de las leyes espirituales que desarrollamos brevemente a continuación.

3. La ley del desapego. “Para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella”.

Esto no significa que renunciemos a la intención de cumplir nuestro deseo. Sólo renunciamos al interés por el resultado. La ley del desapego no obstaculiza la ley de la intención y el deseo. Siempre tenemos la intención de avanzar en una determinada dirección y siempre tenemos una meta. Sin embargo, hay distintas maneras de llegar desde un punto a otro. Si hay desapego, será posible improvisar en el presente alguna estrategia, sin miedo, sin inseguridades, incluso con la capacidad de cambiar de opción en medio de la incertidumbre.

El desapego se basa en la confianza incuestionable en el nuestro poder personal. No somos lo que tenemos ni lo que hacemos. La fuente de la abundancia, de la riqueza o de cualquier cosa en el mundo físico está en nuestro ser. Fuera de él están las posesiones; los símbolos.

Cada ley tiene un sentido amplio y una forma práctica de interiorizarla y ejercitarla. Este workshop sobre las leyes espirituales de la riqueza está diseñado para que cada uno de nosotros pueda experimentar en primera persona el alcance universal de estas leyes; para que aprendamos a ejercitarlas en nuestra vida diaria y para que podamos alinearlas a nuestro plan de vida personal y/o profesional.

En palabras de Montse: “El conocimiento de estas leyes hará de cada uno un ser consciente y libre. Lo creamos o no, estas leyes se cumplen; lo creamos o no, su aplicación marca una diferencia entre el éxito y el fracaso, entre la abundancia y la precariedad”.

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