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Alimentación consciente y viva para conseguir un peso saludable.

Estrés, ansiedad, angustia y sedentarismo, se suman a una oferta desmedida de productos envasados, de alimentos ricos en grasas, sales y azúcares que nos incitan a comer mal, a ganar kilos y a sentirnos peor. No obstante, para resolver esa mala nutrición y esos kilos de más, solemos acudir a soluciones mágicas. Claro que esto no lo digo yo; es Google el que nos deja expuestos, pues la combinación: “perder peso rápidamente” arroja unos 598 mil resultados, frente a los escasos 280 mil que resultan de la búsqueda de “perder peso saludablemente”.

Ahora bien, no resulta curioso este dato si tenemos en cuenta que, culturalmente y hasta no hace mucho tiempo, el peso siempre estuvo asociado a una cuestión meramente estética. Pero eso, poco a poco, está cambiando. Hoy por hoy, son cada vez más las personas que aún atendiendo esa necesidad de verse bien por fuera, ponen especial énfasis en modificar su estilo de vida, incorporando en sus rutinas una alimentación saludable y actividad física regular para verse bien, pero sobre todo, para sentirse bien.

En tal sentido, en un artículo anterior, explicábamos el concepto de alimentación consciente y viva. Este tipo de alimentación que contempla el efecto energético de los alimentos, para que cada uno pueda alcanzar su bienestar mental, físico y emocional.

Veamos. La comida es una fuente de placer inmediato, y por eso a veces comer se vuelve una estrategia para calmar muchas de las emociones que experimentamos cada día. Comemos por aburrimiento, por ansiedad, por angustia, por miedo, por estrés, porque estamos más sensibles, etc. Sin embargo, la mayoría de las veces comemos sin importar qué, cómo o cuánto, pues lo importante es calmar el hambre físico y/o emocional de ese momento. Y si esto lo hacemos normalmente, imaginemos lo que sucede cuando estamos a dieta.

Ciertamente, y sobre todo cuando estamos sumidos a los mandatos de esas dietas mágicas a las que nos referíamos al comienzo, esos aspectos suelen acentuarse mucho más, pues al no respetar la energía específica de cada persona (y mucho menos la de los alimentos), causan efectos indeseados como cansancio extremo, irascibilidad, debilidad, pesadez y malestar general. Estados que a su vez promueven atracones, compensaciones (un día como mucho, al otro día sólo tomo líquido) y/o falsos “permitidos”. Son estas cuestiones, entre otras, las que nos ayudan a entender que no existe el concepto de dieta universal.

Efectivamente, bajar de peso y/o cuidarnos no se trata de restringir, de prohibir, de consumir un mismo alimento sin límite o de ingerir “mezclas mágicas” para saciar el hambre, sino de escoger con sabiduría lo que necesitamos comer en cada momento.

Escuchar los mensajes de nuestro cuerpo y entender su dinámica energética, nos ayudará perder peso, desarrollar hábitos saludables y sostenibles, y comer con sabiduría.

Ese es el abordaje principal de la alimentación consciente y viva, que sostiene que al igual que nosotros, cada alimento tiene su energía, su carácter y personalidad que nos ayudan a mantener una nutrición equilibrada. Por ejemplo, hay alimentos de energía yang -acumulativa y pesada-, como los embutidos, carnes rojas, huevos, pan, etc. También están los alimentos de energía yin -rápida y más dispersa-: frutas tropicales o estimulantes como el azúcar refinado, el té, el café o el vinagre, el chocolate y los lácteos blandos.

No obstante, entre medio de ambos, están los alimentos moderados como los cereales, pescados, legumbres, verduras, frutas o frutos secos, que nos ayudan a generarendorfinas; la hormona del bienestar. También existen los llamados “superfoods”, las algas por ejemplo, que son alimentos 100% naturales. Son llamados de esta forma por ser fuentes superiores de antioxidantes y nutrientes esenciales que necesitamos para un adecuado funcionamiento fisiológico y porque además de nutrir el cuerpo, ayudan a desintoxicar el organismo, aumentan la energía y ayudan a saciar el hambre.

Por lo tanto, además de la visión bioquímica: aminoácidos, encimas, grasas, vitaminas, azúcares, etc. que conocemos a través de la nutrición tradicional, la alimentación energética nos ofrece una visión mucho más amplia. Es decir, nos permite conocer qué supone para cada uno de nosotros comer cierto alimento, según su energía particular; según el lugar, la dirección, la altura y la velocidad en la que crece; según la estación de recolección, y según de qué forma se cocine.

Por ejemplo, muchas personas cuando están a dieta o cuando toman la iniciativa de “cuidarse”, lo primero que hacen es comer ensaladas y frutas. Sin embargo, muchos de ellos, lejos de necesitar la ingesta de esos alimentos fríos y húmedos que acumulan líquidos, necesitan ingerir alimentos calientes y cocinados que permitan drenar el organismo para perder ese peso indeseado. 

Todos estos temas abordados brevemente en este artículo, son profundizados en el curso de alimentación energética diseñado e impartido por nuestra especialista en coaching nutricional Mónica Suarez, de una manera práctica que nos permitirá convertir en un hábito aquello que nos hace bien. Su objetivo final es enseñarnos a descifrar de forma natural las necesidades de nuestra energía personal, única e intransferible, para comer de forma más consciente y equilibrada, y conseguir un peso saludable de forma natural y sin sacrificios.

No empieces una dieta que termine algún día; comienza un estilo de vida que dure para siempre.

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