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Meditación para
gestionar la ansiedad.

Simplicidad, serenidad, sabiduría y salud.

Cuando nos sentimos momentáneamente ansiosos se activan sensaciones en nuestro cuerpo y una serie de pensamientos intensos, de alarma, que buscan obtener control en relación a una determinada situación. Este estado muchas veces es necesario, porque si no activáramos ese sistema responsable de reaccionar ante amenazas no tendríamos la energía necesaria para afrontar los desafíos diarios.

Sin embargo, el problema aparece cuando nos sentimos en un estado permanente de alerta y tensión; cuando estamos hiper-reactivos y entonces nos llenamos de ansiedad, preocupación y angustia innecesaria (y poco realista) que viene acompañada de síntomas físicos y mentales y permanece sostenidamente por períodos prolongados. En ese estado de ansiedad, la mente está desatenta, inquieta, inestable, y se convierte en un semillero ideal para multiplicar las rumiaciones, los pensamientos negativos, y la preocupación.

Lo cierto es que en mayor o menor medida, todos sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de ansiedad y más que nada lo sabemos por contraposición. Quiero decir, es más común imaginarnos transcurriendo nuestro día yendo, viniendo, haciendo sin parar y pensando en lo que pasó o en lo siguiente; que imaginarnos relajados y disfrutando de verdaderos y auténticos momentos paz interior. Esto es porque estamos acostumbrados a las prisas, y las prisas son futuro; son las ganas y la ansiedad de estar en el momento siguiente, mientras estamos aquí y ahora.

¿Cómo sería posible dejar las prisas cuando tenemos una y mil cosas para hacer durante el día?

Veamos. La mente está acostumbrada a ignorar el momento presente y centrar la atención en lo que está por venir. Sucede de forma inconsciente, y al ceder a ese “piloto automático”, nos quedamos sin posibilidades de romper el patrón. Sin embargo, tomar consciencia de este mecanismo es el primer paso para comenzar a vivir el aquí y ahora y, por ende, reducir la ansiedad.

Gracias a la neurociencia, hoy sabemos que la experiencia modela el cerebro. Esto significa que si mantenemos un entrenamiento sostenido durante cierto tiempo con nuestra mente, iremos generando ciertos encendidos neuronales que diseñarán una melodía diferente y más saludable en el cerebro. En tal sentido, la meditación, con la práctica habitual, permite desarrollar una mente atenta, situada en el presente y con una actitud de aceptación; significa que no está deseando que todas las cosas sean de tal o cual forma, sino que reconoce los límites de su control y aprende a transitar cada instante.

Una mente que se entrena de esa manera va liberándose de preocupaciones, temores y ansiedad y crea la base de un círculo virtuoso que incluye la aceptación, la paciencia y la ecuanimidad.

En la práctica meditativa, aprendemos a tomar conciencia amablemente de cada distracción con un regreso consciente al presente; si la atención se escapa hacia un pensamiento, nos damos cuenta de eso, y la volvemos a traer. Así, gradualmente, vamos creando un cerebro despierto y conectado con la realidad. Pero veamos un poco más por qué las prácticas meditativas constituyen una importante fuente de bienestar y ayudan a reducir la ansiedad.

  • La meditación nos acerca a la simplicidad de nuestro ser y nos permite tomar distancia de todo lo superficial, de todo lo agregado. Además, aunque aprender a meditar puede demandar algún tiempo, con la práctica asidua se vuelve cada vez más simple incorporarla a la vida diaria y sólo necesitamos de nosotros mismos y de algunos minutos.
  • Meditar nos permite enfocar la ansiedad desde la serenidad. Nos permite aceptar y dejar de luchar. Cuando la aceptamos, sin oponernos a ella, centramos la energía en aplicar los métodos de relajación aprendidos. Este conocimiento nos permite desarrollar la capacidad de observar lo que está pasando en nuestra mente con una actitud de apertura y sin juicio.
  • Meditar nos acerca a los conceptos de salud y sabiduría. Si habitualmente nos sentíamos impotentes frente a la ansiedad o nos asustaban las sensaciones que provocaba en nuestra mente y cuerpo; al practicar la meditación, ya no nos asustamos frente a ella y no la evitamos, porque tenemos la sabiduría de qué, cuándo y cómo hacer para gestionarla adecuadamente. Tras esta gestión, nuestro cuerpo y nuestra mente recuperan su fisiología normal; su estado de salud.

Lo cierto es que no podemos evitar las situaciones que nos provocan ansiedad y que se suceden en nuestras vidas cada día, así que en vez de luchar contra ellas, aprendamos a aceptarlas, a convivir con ellas y a gestionarlas adecuadamente. Algo así como lo que decía Tomás de Kempis “La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz dentro de ella”.

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