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Inhala serenidad:
exhala ansiedad.

Hatha Yoga.

Bajo condiciones normales, el estrés mejora el rendimiento y la adaptación al medio, ya que nos moviliza ante situaciones amenazantes para que podamos afrontarlas adecuadamente. Sin embargo, cuando sobrepasa determinados límites, el estrés deja de ser adaptativo y se traduce en ansiedad, interfiriendo en nuestras actividades sociales, laborales e intelectuales.

Los cambios en los estilos de vida impuestos por el devenir social hacen que cualquiera de nosotros seamos personas expuestas a un sinfín de responsabilidades, obligaciones, estrés, ruidos, prisas, etcétera. Preocuparse demasiado por las cosas, no poder dejar de pensar en un problema, dificultades de concentración o pensamientos negativos son algunos de los síntomas cognitivos que podemos identificar ligados a la ansiedad. No obstante, no son los únicos. También acarrean consecuencias físicas: dolores de cabeza, respiración agitada, tensión muscular, palpitaciones o sudoración excesiva que interfieren en nuestro bienestar.

De distintas maneras intentamos convivir con ella de forma sana, pero casi al mismo tiempo nos atrapa, se apodera de nuestra mente y de nuestro cuerpo dejándonos -aparentemente- con poco o nada que hacer a nuestro alcance. No obstante, y como bien decíamos en un artículo anterior, cada vez son menos los especialistas de salud que recomiendan fármacos y menos los pacientes que contemplan esta opción. Por el contrario, son cada vez más quienes recomiendan actividades como el Hatha Yoga para combatir la ansiedad por sus contrastadísimos efectos en el bienestar y la calidad de vida de las personas.

A propósito de ello, Robert Gerzon en su libro Cómo encontrar la serenidad en la era de la ansiedad, dice: “Como consecuencia de nuestro pasado condicionante, muchos de nosotros experimentamos la reacción de la adrenalina (…) docenas de veces al día, aumentando nuestros niveles de estrés y alimentando los conflictos interpersonales”. Y continúa:

“Imagina lo que sería acoger todas las circunstancias desde la serenidad, en vez desde la lucha-huida”.

Exactamente esto último es lo que el hatha yoga consigue tras una práctica habitual.

Efectivamente, tanto la práctica del yoga, como otras prácticas meditativas se han estudiado como métodos para controlar el estrés, la ansiedad y por ello, actualmente estás prácticas han alcanzado gran popularidad.

El Hatha yoga en concreto, supone el trabajo consciente sobre el cuerpo, la mente y la energía y ayuda a calmar la ansiedad por muchas razones:

  • Nos ayuda a conseguir estados de serenidad para afrontar situaciones difíciles.
  • Nos invita a elevar la consciencia para escuchar mensajes internos y externos.
  • Nos lleva a un conocimiento profundo de nuestro cuerpo.
  • Nos permite conseguir estados de presencia que, gradualmente y de forma natural, nos llevan a alcanzar cualidades espirituales como la ecuanimidad, la compasión y la empatía.
La mayoría de los estados de tensión que están contenidos en nuestro cuerpo, están íntimamente relacionados con tensiones de naturaleza mental y emocional.

Por ello, es posible aprender a través de las posturas (asanas) a estirar y relajar los músculos que están tensionados o comprimidos para experimentar un estado de alivio, descanso, fluidez y relajación casi inmediato.

Aunque casi lo mejor de todo esto, como nos señala nuestra instructora de Hatha Yoga Mercè Perarnau, es que el aprendizaje que ocurre durante las clases no empieza y termina allí, sino que las personas se lo llevan a casa. Es casi inevitable que se vuelva un hábito de los buenos, nos indica, porque los efectos tan notablemente saludables en el cuerpo y en la mente que las personas lo incorporan fácil y rápidamente a su día a día, y lo adaptan incluso para anticiparse a días y/o situaciones especialmente estresantes.

En este sentido, las palabras del maestro que popularizó el Yoga en occidente, B.K.S. Iyengar, decían:

“Hay un concepto básico en el yoga, y es que le permite a uno ser dueño de las circunstancias, en vez de su esclavo.”

¿Y quién no querría ser dueño en vez de esclavo de su ansiedad? ¿Quién no daría cinco minutos para relajarse antes de una reunión de trabajo o antes de un examen o luego de un día agotador?

Esas son algunas de las bondades que nos facilita la práctica habitual del yoga. En otras palabras, se trata de aprender a gestionar nuestros estados mentales y emocionales a través de la respiración, las posturas físicas y la relajación consciente y profunda, desde el momento presente y sin dejarnos atrapar por nuestros “ruidos mentales”; poco a poco, nos permite experimentar una sensación de bienestar que resulta casi irrenunciable.

No olvidemos que el hatha yoga es una práctica profunda e intensa, pero en el que en ningún momento se fuerza al cuerpo para llegar a una posición determinada. El cuerpo, sólo, como un sabio en la cuestión, va dando de sí, se va estirando, descomprimiendo y relajando las tensiones.

En el yoga no existe la perfección de las figuras. Existen las figuras perfectas para cada uno de nosotros.

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