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Disfruta del privilegio de ser padre y/o madre.

Es cierto que no hay manuales, ni instructivos universales para ser los mejores padres y/o madres; simplemente, porque cada niño, cada padre y cada madre son únicos y, por ende, también lo es la relación que surja entre ellos. Está claro que la mayoría de los padres deseamos lo mejor para nuestros pequeños, pero a veces es tanta la responsabilidad y la voluntad de querer hacerlo bien, que nos olvidamos de gozar del gran regalo que significa vivir esta experiencia.

Ahora bien, si nos preguntáramos algo tan simple como qué deseamos de verdad para nuestros hijos, estoy segura que la mayoría de los padres coincidiríamos en cuestiones claves como la felicidad, la autonomía, las relaciones sanas y una vida llena de sentido. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de nosotros sentimos que dedicamos poco tiempo de calidad con nuestros hijos para crear experiencias que fomenten esos valores. Un poco porque vamos atendiendo y resolviendo sobre la marcha el día a día y otro poco porque no sabemos bien qué hacer y cómo hacerlo.

Tal vez, un buen primer paso es entender que los hijos no son nuestras posesiones ni una versión “mini” de nosotros; por lo tanto, sería un error depositar en ellos nuestras expectativas. En cambio, debemos verlos como personas únicas y diferentes, que durante los años más importantes de sus vidas están bajo nuestro cuidado. Todo ello, como padres, nos coloca en una posición de privilegio y en tal sentido, me parecen oportunas y sabias las palabras de Johann Wolfgang von Goethe:

“A veces estamos dispuestos a hacer de todo por nuestros hijos menos dejarles ser ellos mismos. Lo mejor que puedes hacer por tus hijos, no es enseñarles tus riquezas, sino hacerles ver las suyas propias”.

De esta forma, debemos darles el espacio y las herramientas para que ellos mismos diseñen su propio camino. ¿Cómo? Enseñándoles a creer en sí mismos, a conectar con su potencial, a ser responsables, a ponerse metas y objetivos y a superar adversidades. Incluso versado, todo esto no podría sonar mejor. Ahora bien, ¿sabemos cómo hacerlo?

Veamos. Hay una ventaja con la que contamos y que podríamos aprovechar para que sea un gran principio. Como bien sabemos, todos los niños nacen con curiosidad, con ganas de explorar, de descubrir el mundo, sin miedo a equivocarse, con el deseo de aprender y con confianza en sí mismos. Podríamos decir entonces que parte de nuestra responsabilidad como padres es mantener viva esa confianza para que a medida que el niño crezca, se fortalezca.

Claro que todo esto convive con la preocupación más común y más normal de los padres: proteger (incluso sobreproteger) a los niños de todo sufrimiento y situación adversa. Sin embargo, en lugar de evitarles esas vivencias, podemos aprender a cómo ayudarlos a capitalizarlas para que ellos mismos produzcan su propio aprendizaje. La manera en que nuestros hijos dan sentido a sus vidas no sólo tiene que ver con lo que les ocurre, sino con cómo aprenden a gestionarlo y todo ello dependerá, en gran medida, de cómo se sientan con respecto a sí mismos, de cuánto y cómo se conecten con sus emociones y de la imagen que tengan sobre ellos mismos.

Y aquí me permito repetirme, ¿sabemos cómo hacerlo? Probablemente, gran parte de las cosas que tenemos que enseñar, tenemos que aprenderlo en primer lugar para poder transmitírselo a nuestros hijos de una manera ejemplar, coherente y adecuada.

Si queremos que ellos aprendan a reconocer y a gestionar su emocionalidad, tenemos que aprender a hacerlo nosotros -con nosotros mismos- en primer lugar.

A propósito de ello, Bruce H. Lipton, doctor en biología y unos de los investigadores más destacados del nuevo paradigma científico, señala: “Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida”.

Y lo cierto es que este conocimiento conlleva una gran responsabilidad. En cierta forma, esta información es una ventaja para cualquier padre, pues nada de esto se sabía con certeza, sino hasta hace poco más de una década. Hoy, podemos conocer el cerebro del niño en las diferentes etapas y entender cuáles son los mecanismos más adecuados para aplicar en cada caso.

“Lo mejor que le puedes regalar a un hijo es tu ejemplo”.

Así lo afirma Roser Vinyet, coach profesional certificada (CPC) por ASESCO y fundadora de Summa Coaching, quien impulsada por la pasión por aprender del Ser humano en todas sus dimensiones, ha diseñado este proceso de coaching personal para padres. El objetivo de este proceso de acompañamiento es que todos ellos puedan adquirir herramientas para la gestión de su día a día y encontrarse con la mejor versión de si mismos en su rol de padre o madre.

Entre otras cosas, durante este proceso conseguirán:

  • Calmar la mente de pensamientos y vivir en y desde el presente.
  • Aprender a vivir desde la observación y no desde el juicio.
  • Descubrir el significado de las propias emociones y aprender a gestionarlas, para ayudar a los hijos en este mismo proceso.
  • Gestionar momentos críticos en la crianza, desde la consciencia y la elección.
  • Educar a los hijos desde el amor, el humor y el disfrute, y no desde el miedo.
  • Poner límites sin sentir culpa.
  • Comprender cómo funciona el cerebro de los niños según su edad.

¡También en formato taller!

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