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Empoderamiento personal, resolución de conflictos y gestión emocional.

Las emociones han sido una fuente de fascinación desde tiempos muy primitivos. Sin embargo, no hay acuerdo tradicional en cuanto a su naturaleza y su función. Los psicólogos y los filósofos han creado una variedad de teorías en cuanto a su funcionamiento e influencia en nuestras vidas, que lamentablemente no siempre han resultado de utilidad para poder comprenderlas y gestionarlas más eficazmente.

¿Has sentido alguna vez que la rabia, o el miedo, o la ansiedad súbitamente “te asaltaban” e impulsaban a actuar de formas no muy apropiadas? ¿Te has sentido bloqueada/o sin poder remediarlo? ¿O avergonzada/o, o impotente de forma paralizante? ¿Y qué has podido o has sabido hacer al respecto?

El DBM® nos proporciona la manera de realizar una investigación práctica con el fin de mejorar nuestra comprensión, apreciación y el control de nuestras emociones, y ha desarrollado un amplio abanico de distinciones, modelos y patrones de cambio muy útiles para trabajar con ellas.

A menudo buscamos las emociones placenteras o agradables e intentamos evitar o deshacernos de las incómodas y dolorosas. Aunque ésta puede ser una estrategia útil y aparentemente lógica, es importante entender que las emociones incómodas y dolorosas desempeñan un papel crucial en la identificación de daño (dolor) y amenazas reales y en potencia (miedo y ansiedad). Es posible que acabemos haciendo una “mala” gestión de nuestras emociones eliminando el dolor, miedo o ansiedad en vez de utilizarlos. Por supuesto, si son respuestas emocionales erróneas sería útil deshacerse de ellas, pero sólo después de haber descubierto cómo esto está ocurriendo y de haber mejorado la efectividad de cómo estamos produciendo las emociones.

Sucede lo mismo en el caso de las emociones agradables o placenteras. La mala gestión con estas emociones ocurre al ir en pos de ellas aunque no sean ni relevantes ni útiles (por ejemplo el placer que percibe el bravucón o “bully” al hacer sufrir a otros, pasando por el “subidón” por el uso de drogas y el crimen, etc).

Los conflictos son una fuente principal de ”mal” sentir. Bandler y Grinder, creadores de la PNL, dan por sentado que la incongruencia es mala y que es fuente de conflicto. Una vez aceptada esta suposición, es una implicación directa y sencilla que la incongruencia debería ser cambiada en congruencia. Por ejemplo, si yo quiero salir a cenar esta noche y también quiero quedarme en casa a descansar, esto se consideraría como incongruencia y conflicto en el modelo antiguo de la PNL. Si yo parto de la suposición de que los seres humanos son procesadores que procesan por un sólo canal a la vez y sólo pueden pensar o sentir una cosa a la vez, entonces esto es correcto.

Pero no es así. Puedo tener muchos “deseos” simultáneamente. Nos acostumbramos a que normalmente sólo elegimos uno de ellos y esto puede dar la ilusión de una sola cosa. Si tenemos dificultad eligiendo, esto se considera a menudo como un conflicto que requiere resolución. La mera presencia de la incertidumbre e indecisión se puede asociar erróneamente con incongruencia y conflicto.

Consideremos el ejemplo de una persona que vive un conflicto del tipo de “hacer la declaración de la renta o ver la televisión”. Podría eliminarse la mala sensación para que pudiese ir a ver la televisión sin problema (centrándose en el aquí y ahora, por ejemplo). Sin embargo el asunto conflictivo sigue estando allí, lo sintamos o no. Por eso volverá a la superficie en cuanto volvamos a aterrizar. Hay un peligro evidente en inducir una sensación de bienestar, en vez de afrontar asuntos reales en la vida, con las preocupaciones ecológicas evidentes que esto conlleva.

La gran mayoría de teorías, terapias, métodos o técnicas se centran en deshacerse/eliminar el “mal sentir”, lo que -desde nuestro punto de vista- no es una forma “inteligente” de gestionarlo. Las así llamadas “malas” emociones son como señales de alarma, ¿a quién se le ocurriría eliminar la alarma de incendios en cuanto sonase? Las alarmas están diseñadas para ser molestas, irritantes y la forma “inteligente” de usarlas es tomarlas en cuenta, investigar las razones por las cuales se han disparado y solucionarlas.

La gestión efectiva de las emociones y los conflictos.

Para sacar el máximo provecho de nuestras emociones positivas y hacer un uso relevante de las emociones negativas necesitamos gestionarlas de forma efectiva. La gestión efectiva empieza con un alto nivel de sensibilidad hacia ellas. A partir de ahí, implica responder a la vida con emociones relevantes, tanto cómodas como incómodas. No enseñamos técnicas rápidas y superficiales para deshacerse de emociones no deseadas. Sí enseñamos a desarrollar una comprensión más profunda, una sensibilidad aumentada y más habilidad en crear, utilizar y cambiar apropiadamente las emociones y resolver los conflictos.

Modelar las emociones y los conflictos.

El DBM® representa un cambio fundamental en el pensamiento científico. Este cambio ha sido: primero, reconocer la importancia de la complejidad, y segundo desarrollar la capacidad de modelar la complejidad. 

La metodología DBM® brinda un conjunto práctico y verificable de distinciones, modelos y procesos para identificar cómo experimentamos las emociones y los conflictos, cómo se desarrollan y cambian y cómo los gestionamos.

Modelo FADS:
Miedo [Fear] – “Angst” – Desarrollo – Seguridad.

Este es uno de los modelos que enseñamos, y resulta muy útil para que podamos usar nuestro sentir para pensar plenamente los asuntos emocionales. A menudo dejamos de pensar y nos rendimos si un asunto se siente mal. En vez de eso, podemos aprender a usar estas sensaciones para resolver conflictos y gestionar útilmente miedos, ansiedades, bloqueos, frustraciones, sensación de rabia, etc.

Enseñamos qué son las emociones y cómo funcionan los conflictos; cómo usarlos para pensar y sentir más eficazmente la relación entre emociones, valores, creencias e identidad, cómo distinguir los conflictos de los dilemas y cómo resolverlos, etc.

Además de las personas que siempre han mostrado interés en la PNL (psicólogos, médicos, terapeutas, pedagogos, empresarios y comunicadores profesionales), nos satisface comprobar que asisten a nuestros cursos cada vez más personas que quieren comunicarse, planificar, organizarse, cuidar su salud, dirigir e influir de formas mejores y más creativas, y que encuentran en esta “nueva PNL” una herramienta realmente práctica para producir cambios útiles, eficaces y duraderos.

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